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Inversión de la ONU en educación logra que estudiantes refugiados somalíes saquen buenas notas

Los ojos de Hodan, de diecisiete años, brillan ilusionados al recibir su nuevo diccionario inglés-somalí, un regalo de ACNUR por haber aprobado un examen nacional de secundaria.

CAMPAMENTO DE REFUGIADOS DE SHEDDER, Etiopía, 1 de Noviembre (ACNUR) -  Los ojos de Hodan, de diecisiete años, brillan ilusionados al recibir su nuevo diccionario inglés-somalí, un regalo de ACNUR por haber aprobado un examen nacional de secundaria.

Ella es una de las 35 niñas refugiadas en los campamentos de Shedder y Awbare, cerca de Jijiga en el noreste etíope, que recientemente aprobaron el examen de secundaria y pasaron al grado 11. Un impresionante 85% de sus compañeros de clase aprobaron pese a las dificultades añadidas que habitualmente han de soportar las niñas en la tradicional sociedad somalí – y en el campamento de refugiados que ha sido su hogar en los últimos tres años.

“Tengo que ayudar a mi madre”, dice Hodan. “Paso la mayor parte de mi tiempo cocinando, cuidando de mis hermanos y limpiando la casa. No tengo tiempo de hacer mis tareas durante el día”. Cuando tiene tiempo para estudiar “ya es de noche y no hay electricidad en el campamento”.

Hodan añade: “a veces, me levanto a las dos de la mañana y enciendo una vela para leer los libros de texto y hacer mis ejercicios”.

Pese a excepciones como ella, menos del 20% de las adolescentes asistían a la escuela en los tres campamentos de refugiados de Jijiga, que son hogar para más de 41.000 somalíes. Esto fue antes de que ACNUR lanzara un programa especial al inicio de este año  con el objetivo de aumentar la asistencia de las niñas a clase. Desde el inicio de este programa, la asistencia ha aumentado un 32%.

Pese a que la educación es gratuita, las familias aun deben enfrentarse al coste de los uniformes, libros y material escolar. Si tienen que elegir, prefieren dar educación a los hijos que a las hijas.

Con el apoyo de la Fundación de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para los refugiados proporcionó más libros a las bibliotecas escolares del campamento y contrató a mujeres como profesoras, para que ejercieran de mentoras y modelos para las niñas. Las niñas cuentan con su propio espacio en las escuelas, donde pueden pasar su recreo y hacer sus tareas.

La mejora en los aseos también ayudó a mejorar los índices de asistencia y su rendimiento escolar. En el campamento de Shedder, las 28 niñas que cursaban el grado 10 aprobaron el examen nacional, y 75 de los 76 niños.

Convencer a los padres y a la comunidad de los beneficios y la importancia de formar a las niñas ha sido otro componente del éxito del programa. “Queremos fomentar que más niñas continúen sus estudios”, afirma  Agnes Mukantwali, directora de la suboficina de ACNUR en Jijiga.

Hodan, que huyó de la inseguridad en la capital somalí Mogadiscio, vive con su madre y cinco hermanos pequeños. Dice que las niñas habitualmente se ven obligadas a dejar la escuela para casarse muy jóvenes – a menudo porque los padres son tan pobres que necesitan desesperadamente el dinero de la dote de sus hijas.

“No estoy casada aun y espero poder completar la educación secundaria antes de hacerlo”, dice Hodan.

Mukantwali está de acuerdo en que la educación de las niñas es esencial. “Si reciben educación, las niñas de los campos pueden cambiar la vida de toda la comunidad – no sólo en los campamentos, sino también cuando retornen algún día a Somalia”, afirma. “Estas niñas son el futuro de Somalia”.

El proyecto educativo está proporcionando linternas solares a todos los niños y niñas del campamento que cursan el grado 4 o superior. Para Hodan supone una oportunidad de estudiar, hacer las tareas y leer – aunque se haya ido el sol.

“Mi sueño es conseguir una beca para asistir a la universidad y estudiar informática”, afirma.  “¿Puedes imaginar a una especialista en tecnologías de la información somalí? Quiero demostrar que eso es posible. Yo puedo hacerlo”.

Por Natalia Prokopchuk en el campamento de refugiados de Shedder, Etiopía

Gracias a la voluntaria de UNV Online Miriam Barrio por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.