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Jóvenes desplazados colombianos buscan unir su dividida comunidad

Mientras el acuerdo de paz para la terminación del conflicto armado de más larga duración en America Latina avanza, la juventud colombiana está dando ejemplo para poner fin a las hostilidades entre los vecinos.

LA GLORIA, Colombia, 25 de noviembre de 2016 (ACNUR) – En la región amazónica de Colombia, un grupo de jóvenes y niños desplazados se ha convertido en un ejemplo a seguir para los adultos, pues han puesto en marcha un plan para superar las divisiones en su comunidad.

Mientras el acuerdo de paz para la terminación del conflicto armado más largo en America Latina llega a su fin, jóvenes, niños y niñas del barrio La Gloria en Florencia, Caquetá, se apropian de la necesidad de reconciliar las rivalidades existentes en su propia comunidad de personas desplazadas, a través de  actividades culturales para los más jóvenes.

El barrio La Gloria estaba en proceso de construcción como parte de un programa de vivienda social del  Gobierno cuando la primera comunidad llegó en 2011 desplazada por causa de inundaciones y desastres naturales. El desarrollo fue mal supervisado y las casas eran de mala calidad. Algunas de ellas, incluso, fueron construidas solo parcialmente.

En 2013, familias que tuvieron que huir por el conflicto armado entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fueron trasladadas a nuevas viviendas como parte del proceso de reubicación.

La tensión y el resentimiento empezaron a crecer entre los diferentes grupos según su origen dentro del barrio, a causa de la calidad y el tipo de alojamiento que se les ofreció.

“Yo no era feliz cuando llegué. Todo estaba muy dividido, había mucha rivalidad entre las personas que vivían en el barrio”.

“Yo no era feliz cuando llegué a La Gloria”, dice Samuel de 14 años, quien junto con su familia tuvo que huir por el conflicto. “No conocía a nadie y cada quien estaba en sus cosas. Había mucha rivalidad entre las personas que vivían en el barrio”.

Las barreras invisibles crecieron entre los dos grupos; cada uno se quedaba en su propio vecindario y no se mezclaba. Los niños de los diferentes grupos no podían jugar juntos.

Después de que los colombianos rechazaron un acuerdo de paz en el plebiscito del 2 de octubre, el Gobierno y las FARC llegaron a un acuerdo revisado que fue firmado el jueves 24 de noviembre. Su objetivo es poner fin a 52 años de conflicto que ha causado la muerte de  más de 220.000 personas. El acuerdo fue saludado por el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

Como resultado del conflicto, hay más de 7,2 millones de desplazados internos en Colombia. El ACNUR está centrando sus esfuerzos en ayudar a los desplazados, incluyendo su integración local, que es vital para garantizar que se respeten sus derechos y que accedan a medios de vida dignos.

Cansado de vivir en un ambiente insostenible en La Gloria, Samuel y otros jóvenes, niños y niñas que habían asistido a talleres de arte juvenil ofrecidos por el ACNUR decidieron tomar la iniciativa para tratar de mejorar el espíritu comunitario.

Comenzaron organizando actividades para niños y jóvenes. "Al principio, a algunos niños no se les permitía venir, pero insistimos con sus padres y lentamente les dejaron unirse", dijo Samuel.

Con el apoyo del ACNUR, Samuel y sus compañeros construyeron un centro de jóvenes, donde todos podían reunirse, aprender, compartir ideas y desarrollar actividades sin tener que preocuparse por el lugar de donde venían.

Los jóvenes residentes de La Gloria también decidieron unirse al "Festival de la Vida y los Derechos", creado por el ACNUR, en el que toda la comunidad comparte actividades y experiencias.

La idea se hizo realidad y su éxito dio frutos cuando la comunidad pudo reunirse para encontrar soluciones a problemas como el aumento de la delincuencia y el tráfico de drogas.

A menudo, los asentamientos informales y los barrios vulnerables como La Gloria, donde viven más de 350 familias desplazadas, tienen que valerse por sí mismos, asumiendo la responsabilidad de su propia seguridad y buscando maneras de ganarse la vida.

Para asegurar la cohesión social, se les alienta a desarrollar sus propias ideas, trabajar en equipo, ejecutar proyectos -con el apoyo del ACNUR- y aprender a organizarse y funcionar como una comunidad unida. Reciben orientación sobre cómo negociar con las autoridades locales y estatales.

"Lo mejor del festival es que nos representa a nosotros - los jóvenes que fueron capaces de superar las rivalidades de los adultos".

Este año, el proyecto alemán de biodiversidad de Sinfonía Trópico también se unió al festival, que dura tres días, ofreciendo talleres de música, arte y teatro con un fuerte componente ambiental.

Sinfonía Trópico se describe como "una iniciativa que sensibiliza sobre la pérdida de biodiversidad y los riesgos de la deforestación y el cambio climático en Colombia a través de eventos que combinan arte y ciencia".

El festival se cerró con una exposición fotográfica y un show de talentos, donde los niños y jóvenes mostraron a sus padres y la comunidad lo que habían aprendido y su deseo de construir un futuro mejor.

Samuel se unió a las clases de música y estaba feliz de subir al escenario: "Usar mi voz y encontrar a todos los maestros que llegaron a la comunidad, me mostró que hay gente que se preocupa por nosotros, está interesada en nosotros y está dispuesta a ayudar a nuestra comunidad", dijo.

Natalia, ahora buena amiga de Samuel a pesar de vivir en el lado opuesto de la ciudad, dijo: "Lo mejor del festival es que nos representa a nosotros, los jóvenes que pudieron superar las rivalidades de los adultos, reducir las hostilidades entre ambos lados del barrio y desarrollar un sentido de pertenencia a la comunidad. Es por eso que estamos motivados para seguir trabajando todos los días y construir una vida mejor". 

Por Viviana Murillo y Regina De La Portilla.