Khaled Hosseini conmemora la llegada del millonésimo refugiado sursudanés en Uganda

En su visita a Uganda, el autor y el Embajador de Buena Voluntad del ACNUR rinde tributo a la política "compasiva" del país con los refugiados, un millón de refugiados sursudaneses cruzan la frontera.

El Embajador de Buena Voluntad Khaled Hosseini se reunió con refugiados sursudaneses en Uganda.
© ACNUR/Jordi Matas

A principios de este año cuando llegué a Uganda, para visitar a los refugiados que huían de la brutalidad de la guerra civil de Sudán del Sur, esperaba encontrar algo familiar: carpas tendidas, los limites cercados, congestionado con decenas de miles de refugiados, aislados de las comunidades locales, con policías que controlan el tráfico de ingreso y egreso. En la mayoría de los campamentos que he visitado, los refugiados no tienen libertad de movimiento, ni mucho menos una parcela de tierra, o perspectivas de autosuficiencia. La vida se pasa en el limbo, asfixiada por el aburrimiento de la vida del campamento.


Sin embargo, no hay campamentos en Uganda. En cambio, los refugiados se asientan en aldeas, viviendo en terrenos que les fueron asignados por el gobierno local días después de cruzar la frontera. Se mueven sin restricciones. Son libres de cultivar la tierra, acceder a la salud y a las escuelas, encontrar empleo, y emprender negocios.

El pasado septiembre, los 193 estados miembros de la ONU firmaron el compromiso de incluir a los refugiados en los sistemas locales y compartir la responsabilidad con los mismos. Uganda se mantiene fiel al espíritu de la Declaración de Nueva York. Uganda es pionero.

La sorprendentemente compasiva y progresiva política de refugiados del país me ha impactado teniendo más en cuenta que casi 7 millones de ugandeses viven en la pobreza absoluta y otros 14,7 millones corren el riesgo de volver a caer en la pobreza. Y sin embargo, Uganda no sólo ha mantenido sus fronteras abiertas, sino que ha recibido a los refugiados con los brazos y los corazones abiertos.

"Uganda no solo ha mantenido sus fronteras abiertas, sino que ha acogido a los refugiados con los brazos y los corazones abiertos".

Sin duda, hay un elemento de reciprocidad inherente a esta política. Los ugandeses no han olvidado sus propios días como refugiados. Me senté bajo un árbol con Yahaya, un agricultor ugandés de 51 años quien donó una parcela de tierra a la familia de un refugiado sursudanés llamado Mike. Yahaya recuerda cuando su propia familia huyó a Sudán en la década de 1980, y cómo cálidamente el padre de Mike los recibió y los ayudó. Ahora, más de treinta años después, Yahaya está devolviendo el favor.

"Entiendo su situación. Él es como un hermano para mí", dice Yahaya de Mike.

El enfoque de Uganda es también una visión inteligente de cómo apoyar a los refugiados de manera sostenible. No se ve a los refugiados a través de una óptica puramente humanitaria. Se los trata como agentes capacitados de crecimiento y desarrollo que pueden beneficiar tanto al refugiado como a las comunidades locales.

Yahaya me contó, por ejemplo, que antes de la afluencia de refugiados, sus tres hijos más pequeños no estaban recibiendo educación porque la escuela más cercana estaba a muchas millas de distancia. Ahora asisten a una escuela primaria construida en el asentamiento de refugiados Bidibidi, hogar de unos 272.000 refugiados.

"Pienso en el millonésimo refugiado que llega a la frontera."

En un clima global de creciente negatividad con respecto a los refugiados, tenemos mucho que aprender de la experiencia ugandesa y con qué sentirnos inspirados, como individuos, como comunidades y como países. Pero el modelo inspirador de Uganda está siendo severamente desafiado.

Esta semana, la Agencia de la ONU para los Refugiados ha informado noticias preocupantes. El número de refugiados sursudaneses que han cruzado la frontera con Uganda desde que estalló la guerra ha alcanzado un hito deprimente: un millón. El bienestar de este millón de personas – la mayoría de las cuales son mujeres y niños – depende de fondos que, lamentablemente, no han podido mantener el ritmo de la creciente escala de crisis.

En junio se celebró en Entebbe la Cumbre de la Solidaridad. Uganda mostró su política de refugiados hacia el futuro, en un esfuerzo por inspirar a otras naciones a adoptar un enfoque similar y pedirles a las naciones más ricas que aporten fondos como parte de ese compromiso de compartir la carga asumida en Nueva York el pasado septiembre. Los compromisos hechos están muy lejos de lo que se necesita para cubrir las respuestas a las emergencias en Uganda. La habilidad de Uganda para realizar un modelo que permita a los refugiados y a su propia gente prosperar, está en riesgo.

Pienso en el millonésimo refugiado que llega a la frontera: agotado, desconcertado, en estado de shock. Estadísticamente lo más probable es que sea un niño. Un niño que ha perdido todo. No creo que ninguno de nosotros quiera darle la espalda a ese niño. Espero que el mundo tome nota.

Por Khaled Hosseini

Gracias al Voluntario en Línea Alejo Aispuro por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.