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La conectividad móvil representa una esperanza para los refugiados

Mundialmente, los refugiados tienen 50 por ciento menos probabilidades que la población en general de tener teléfono con acceso a internet, y 29 por ciento de los hogares de refugiados no tienen teléfono del todo. Esto debe cambiar.

GINEBRA, Suiza, 23 de enero de 2017 (ACNUR) - Era un grupo de refugiados sirios que recién salía del bote, habían huido de sus hogares, viajaron a través de Turquía y pusieron sus vidas en manos de los grupos traficantes de personas. Pero cuando nos conocimos en la Isla de Lesbos hace un año, una joven mujer que tocaba por primera vez suelo griego, me dijo que el grupo se había asustado solo una vez durante el peligroso viaje: cuando sus teléfonos móviles se quedaron sin señal. En ese momento, dijo ella, ellos se dieron cuenta de que habían perdido el único vínculo con el mundo exterior. Sin tener forma de contactar a sus familiares, amigos o a cualquier persona que los pudiera ayudar, se vieron envueltos por el miedo y una sensación de aislamiento que nunca antes habían experimentado.

Para la mayoría de nosotros en el mundo industrializado, y para cualquier persona en el Foro Económico Mundial, la conectividad es algo vital. De hecho, ahora que la información está disponible libremente, solemos preocuparnos más por el exceso de información que por su escasez. Con los teléfonos móviles, tabletas y computadoras, con el 3G, el 4G y las redes de banda ancha de velocidad superior que se extienden por todo el mundo, y con velocidades aún superiores que vendrán, así como con una creciente variedad de plataformas de redes sociales por elegir, siempre estamos en contacto los unos con los otros. 

Poco después de llegar a la costa de Lesbos, refugiados sirios usan sus teléfonos móviles para revisar su ubicación y notificarles a sus familiares que están a salvo. © ACNUR/ Ivor Prickett

Para los refugiados, la vida es muy diferente. Mundialmente, los refugiados tienen 50 por ciento menos probabilidades que la población en general de tener teléfono con acceso a internet, y 29 por ciento de los hogares de refugiados no tienen teléfono del todo. Mientras que el 90 por ciento de los refugiados ubicados en entornos urbanos viven en lugares con cobertura móvil 2G o 3G, una quinta parte de quienes viven en áreas rurales no tienen ningún tipo de conectividad.

Mundialmente, los refugiados tienen 50 por ciento menos probabilidades que la población en general de tener teléfono con acceso a internet.

La conectividad no es un lujo. Es una esperanza para los refugiados. En el nivel emocional más fundamental, ellos están desesperados por mantenerse conectados con sus familiares, algunos de los cuales continúan en riesgo por la violencia o la persecución. El acceso a información actualizada los podría prevenir de nuevas amenazas, tales como brotes de enfermedades o la propagación de un conflicto; o avisarles dónde podrían encontrar alimento, agua, ropa, albergue o asistencia médica. A largo plazo, podría significar acceso a educación en línea, y con esto podría mejorar sus prospectos laborales y encontrar empleo con mayor facilidad. 

El refugiado sirio, Ihsan, trabaja en su computador en Zahlé, Líbano. © ACNUR/ Andrew McConnell

Al revisar las redes sociales y escuchar la retórica de algunos políticos, las perspectivas para los refugiados pueden parecer sombrías. Para muchos refugiados, la bienvenida que reciben en algunos países a los que huyen, se ha enfriado. Pero hay otro lado para esta historia, una narrativa de comunidades que dan la bienvenida, voluntariado, compasión y solidaridad. La tecnología, y el futuro de la tecnología, pueden ayudar a los refugiados en lugares donde los políticos hostiles y los gobiernos reticentes no lo hacen. En un mundo de conectividad total y datos ilimitados, seremos capaces de conectar a los refugiados con los recursos que ellos necesiten, tales como educación, capacitación, o servicios médicos y legales.   

La tecnología y el futuro de la tecnología pueden ayudar a los refugiados en lugares donde los políticos hostiles y los gobiernos reticentes no lo hacen.

Los refugiados a su vez, podrán comunicarse con agencias como ACNUR, usando una mayor cantidad de canales que en el pasado, haciéndonos saber sus principales necesidades, lo que está bien y lo que está mal. Si somos inteligentes al diseñar los sistemas digitales de ayuda, tendremos la oportunidad de ampliar nuestras sociedades con cientos, e inclusive miles de organizaciones deseosas de ayudar a los refugiados en todo el mundo.

Así que enfrentamos dos desafíos: cómo mejorar la conectividad para los refugiados actualmente, y cómo posicionarnos para hacer un mejor uso en el futuro. 

Niños refugiados de RCA juegan con teléfonos celulares que ellos mismos dibujaron en Gbiti, Camerún. © ACNUR/ Frederic Noy

Para facilitar ambas metas, les pedimos a los gobiernos que mejoren el acceso a la conectividad y la infraestructura que brinde, para darles su apoyo a través del expertise tecnológico, el alcance global y el poder adquisitivo.

Los refugiados necesitan acceso a teléfonos y computadoras asequibles.

Para lograr progresos, los refugiados necesitan acceso a teléfonos y computadoras asequibles, así como contratos de telefonía e internet más económicos, y capacitación en competencias digitales. Y necesitamos urgentemente innovaciones para mejorar el acceso a internet inalámbrico y la capacidad en las ubicaciones de los refugiados utilizando enlaces de microondas, antenas parabólicas, espectro de televisión no utilizado, aviones teledirigidos y globos. Al hacer todo esto, estaremos ayudando no sólo a los refugiados, sino también a las comunidades que los albergan, y puesto que la inmensa mayoría de los refugiados están protegidos en los países en desarrollo, traeremos nueva tecnología a quienes más la necesiten.

En 2014, mis colegas se reunieron con un joven sirio llamado Hany, quien junto con su familia huyó de la ciudad de Homs y encontró albergue en un campamento en el Valle de Becá en Líbano. Un poeta, rapero, fotógrafo y fuerza total de la naturaleza. Era tanto el talento de Hany, que a mis colegas les tomó tiempo darse cuenta de que tenía una condición seria de visión, que significaba que él podría ver solamente a algunos centímetros delante de su cara, él es de hecho, legalmente ciego. Para Hany, su teléfono móvil era absolutamente esencial. Le permitió aprender inglés, tomar sus primeras fotografías y pedir ayuda. Ese mismo teléfono sonó un día con la noticia de que la ciudad de Regina, Canadá, iba a ser su nuevo hogar. “Mi teléfono es mi pequeño mundo”, como él mismo dijo.

Para los refugiados, mantenerse conectado no solo es una cuestión de supervivencia. Esta conexión brinda una ruta para la auto suficiencia e independencia, impulsando su propio bienestar y el de las comunidades que los hospedan. El año anterior, el Foro Económico Mundial lanzó un programa llamado “Internet para todos”. Tenemos que asegurar que “Todos” incluya a los refugiados.

 

Por Filippo Grandi, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados