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La escasez de alimentos en los campos de Sudán del Sur aumenta la frustración de los refugiados

El transporte de la ayuda humanitaria a Yusuf Batil y a otros campos en Alto Nilo se ha visto interrumpido por la inseguridad y los combates.

CAMPO DE REFUGIADOS DE YUSUF BATIL, Sudán del Sur, 7 de mayo de 2014 (ACNUR/UNHCR) – Después de hacer cola para recoger alimentos en el campo de refugiados de Yusuf Batil, Sura Sirad, de 25 años, está visiblemente descontenta con la escasa ración: dos tazas de lentejas, un vaso de aceite y unos dos kilos y medio de sorgo para su familia. Ni siquiera hay sal.

“Esta comida le durará a mi familia dos días como mucho”, dice enfadada esta madre de cuatro hijos. “La última vez que recibimos una ración adecuada fue en febrero. ¡Desde entonces nos han estado dando raciones para 10 días aquí y para cinco días allí, y entre medias hemos pasado largas semanas sin recibir nada!”.

El transporte de la ayuda humanitaria a Yusuf Batil y a otros campos de refugiados en el estado de Alto Nilo, en el condado de Maban, se ha visto interrumpido por la inseguridad y los combates a lo largo de las rutas de suministro. Sin poder entregar los suministros de alimentos vitales, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y sus socios, entre ellos ACNUR, se han visto obligados a distribuir en marzo y abril raciones más reducidas de alimentos a las decenas de miles de refugiados sudaneses que hay en Maban.

“Tenemos que seguir recogiendo hojas de lolop para cocinar porque no hay nada más”, dice Sura, haciéndose eco de la creciente frustración y descontento de muchas otras mujeres aquí que se quejan a los trabajadores humanitarios por la escasez de alimentos. El árbol lolop es abundante en la zona y sus hojas son comestibles pero su sabor es amargo. Algunos niños pequeños sufren dolores de estómago después de comerlas.

Este es un asunto que ACNUR, el PMA y sus socios se están tomando muy en serio. “Los actores humanitarios compartimos la frustración de los refugiados” subraya Adan Ilmi, trabajador de ACNUR, añadiendo que la renovación de los combates desde mediados de diciembre entre las fuerzas del gobierno de Sudán del Sur y los rebeldes ha complicado enormemente el transporte de la ayuda.

En un comunicado conjunto lanzado el pasado viernes, ACNUR y el PMA pidieron a las partes enfrentadas que garantizaran el acceso seguro de las agencias de ayuda humanitaria a las personas desplazadas vulnerables, entre ellas a los 125.000 refugiados sudaneses en el condado de Maban. Los socios de Naciones Unidas aseguraron que todavía hay tiempo de enviar cantidades importantes de ayuda por carretera -en lugar de mediante costosos puentes aéreos-, antes de que las lluvias dejen intransitables los caminos.

Sura es franca sobre la situación de los refugiados que viven en Yusuf Batil y que llegaron aquí desde Sudán antes de que la violencia estallara en diciembre en Sudán del Sur: “Estamos indefensos” dice. “No tenemos tierra que cultivar, no podemos cortar los árboles para vender madera porque es ilegal y no tenemos formación o educación para conseguir un trabajo”.

Ella admite que ha pensado en volver a Nilo Azul, en Sudán. “Al menos en Dereng tengo un terreno donde puedo cultivar y alimentar a mi familia” explica. Algunas personas ya han regresado, destaca Ilmi, jefe de la suboficina de ACNUR en Bunj. “Estamos recibiendo información de que hasta 2.000 refugiados han regresado desde los campos de Maban al estado de Nilo Azul, devastado por la guerra”. Ilmi dice que esta es una tendencia preocupante, y que en el estado de Nilo Azul hay inseguridad alimentaria por el continuo conflicto.

En los campos de Maban, los refugiados están complementando la ayuda alimentaria que reciben con raíces salvajes y hojas. Otros están vendiendo o cambiando en aldeas próximas productos como el jabón a cambio de comida.

“El jabón es de vital importancia durante la temporada de lluvias, cuando son necesarios los estándares más altos de higiene para prevenir el brote y la propagación de enfermedades” explica Ilmi.

“Lamentablemente, los refugiados están vendiendo su jabón y saqueando las instalaciones de saneamiento, vendiendo las lonas de plástico, los postes y otros materiales que se iban a destinar para construir letrinas”.

La Agencia de la ONU para los Refugiados y sus socios temen que si continúa la escasez  de alimentos empeoren las condiciones de salud y nutrición de los refugiados. Los niños y los ancianos, así como las mujeres embarazadas y lactantes, son especialmente vulnerables.

“Todavía podemos evitar que la situación empeore más si las partes en conflicto facilitan el acceso humanitario y nos permiten llevar alimentos y otros materiales imprescindibles hasta Maban”, dice Ilmi.

“Como aspecto positivo, hemos recibido garantías de que se van a enviar por aire más excedentes alimentarios en los próximos días” añade.

Sura confía en que así sea. “Queremos creer que la ONU arreglará este problema pronto. No podemos seguir viviendo así”, advierte la joven.

Por Pumla Rulashe en el campo de refugiados de Yusuf Batil, Sudán del Sur.