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La escasez de alimentos obliga a cientos de refugiados a volver a Sudán

Empujados por el hambre, cientos de refugiados sudaneses en el condado de Maban, en Sudán del Sur, han regresado al estado sudanés de Nilo Azul, asolado por la guerra.

CAMPO DE REFUGIADOS DE DORO, Sudán del Sur, 20 de mayo de 2014 (ACNUR/ UNHCR) – Empujados por el hambre, cientos de refugiados sudaneses en el condado de Maban, en Sudán del Sur, han regresado al estado sudanés de Nilo Azul, asolado por la guerra, en un intento desesperado por encontrar alimentos.

 “La actual crisis alimentaria es producto de la inseguridad que ha estado obstaculizando las operaciones humanitarias en muchas zonas del país”, ha dicho Cosmas Chanda, Representante de ACNUR en Sudán del Sur. Chanda añadió que hasta 2.000 personas habían vuelto a cruzar la frontera desde los campos afectados por la escasez de alimentos en Maban debido a la dificultad de ACNUR y sus socios para trasladar la ayuda humanitaria en la actual situación de inseguridad.

El Representante de ACNUR ha mostrado su preocupación por el hecho de que el derecho al asilo pudiera dejar de tener un significado si los refugiados carecen de comida. “Esperamos que el acuerdo de paz firmado el 9 de mayo por el Presidente [Salva Kiir] y el líder de la oposición [Riek Machar] posibilite el envío rápido de cantidades sustanciales de alimentos por carretera a los refugiados y otras poblaciones vulnerables en Maban” añadió.

En una entrevista realizada esta semana por la BBC, el Presidente Kiir advertía que Sudán del Sur se enfrenta a “una de las peores hambrunas de la historia” a menos que se ponga fin al conflicto,que ha desplazado a cientos de miles de personas. Los 125.000 refugiados que había en el condado de Maban huyeron a Sudán del Sur escapando de los combates en Sudán.

Los refugiados de Maban, como Momen Bashir, están recurriendo a medidas desesperadas para encontrar alimentos, como por ejemplo hacer incursiones en Sudán, donde las fuerzas armadas sudanesas siguen combatiendo con los rebeldes del movimiento SPLM. Bashir viajó recientemente desde el campo de refugiados de Doro hasta Yabus, en el sur del estado de Nilo Azul, con la esperanza de encontrar un trabajo con el que ganar dinero suficiente para alimentar a su familia.

“Tres días después de llegar a Yabus explotó una bomba”, recuerda Bashir, añadiendo que huyó de nuevo inmediatamente hacia Sudán del Sur. “Arriesgué mi vida y aún así sólo gané 20 libras sudanesas, lo suficiente para comprar un kilo de harina y un paquete de sal”.

Con las agencias humanitarias sin poder distribuir cantidades adecuadas de alimentos, el joven Bashir, de 30 años, dice que, como cabeza de familia, sintió que tenía que hacer algo para ayudar a su familia, compuesta por su mujer, sus siete hijos, su anciana madre y tres tías.

“Como cabeza de familia tengo que alimentar a los míos” subrayó. “La gente está sufriendo. Si caminas por el campo ves que se están quedando más delgados y débiles” dice Bashir sobre una madre joven cuyo bebé hambriento y débil murió mientras ella estaba fuera trabajando como portadora de agua para un restaurante del campo.

Los propios hijos de Bashir han dejado de ir a la escuela desde hace unas semanas. “Les acompañaría andando a la escuela, pero en menos de una hora volverían a casa porque ya que no pueden concentrarse en los estudios con el estómago vacío” dice, añadiendo con nostalgia: “No tengo corazón para mandarlos de vuelta. Son demasiado pequeños”.

Este joven dice que le avergüenza que su madre de 60 años deba pasar los días tejiendo esteras con hojas secas para venderlas en el mercado. Él esperaba que su viaje a Yabus les ofreciera una solución, pero ahora está de nuevo en el punto de partida.

“Reconocemos la difícil situación de los refugiados” dice Adan Ilmi, jefe de la oficina de ACNUR en el condado de Maban. “Dependen prácticamente de la asistencia alimentaria para sobrevivir. Estamos haciendo todo lo que podemos para llevar alimentos a Maban, incluso hemos ampliado la pista de aterrizaje para que pueda aterrizar el avión C-130”.

ACNUR también está estableciendo vínculos con los líderes de los refugiados para disuadirles de que crucen la frontera. “Hay un riesgo constante de sufrir ataques directos o indirectos en el estado de Nilo Azul” explica Ilmi, “y la amenaza de reclutamiento por parte de las fuerzas en combate, también de niños y jóvenes, está siempre presente”.

Por Pumla Rulashe en el campo de refugiados de Doro, Sudán del Sur.