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La inseguridad agrava la precaria situación de los desplazados en Bangui

Para Rebecca, la agresión permanece viva en su mente. “Estaba aterrorizada cuando vi venir a los ocho hombres, alrededor de las 10 de la noche”, le contó al ACNUR.

BANGUI, República Centroafricana, 3 de junio  de 2014 (ACNUR) - Rebecca* está nerviosa; aprieta los puños y sus ojos se mueven de forma rápida y súbita, alerta ante alguien o algo. Se sienta fuera en una silla al aire libre y, con voz temblorosa, habla sobre su reciente violación en M’Poko, una zona que alberga decenas de miles de personas desplazadas por meses de violencia en Bangui.

El suyo es un perturbador testimonio sobre el alarmante incremento de la inseguridad en la mayor área para personas desplazadas internamente (PDI) en la República Centroafricana. En respuesta los desplazados han establecido un mecanismo para alertar sobre la violencia en la zona, y ACNUR está trabajando con sus socios y el gobierno para proteger a la gente en M’Poko y aumentar la seguridad, pero es todavía un asunto que preocupa mucho.

Para Rebecca, la agresión permanece viva en su mente. “Estaba aterrorizada cuando vi venir a los ocho hombres, alrededor de las 10 de la noche”, contó al ACNUR la mujer de 22 años. “Mis gritos no les disuadieron de asaltar mi choza, agarrarme y hacerme daño. Parecía que habían pasado horas antes que los vecinos llegaran y los ahuyentaran”. Fue llevada a una clínica en M’Poko, donde estuvo varios días antes de volver a su alojamiento en la zona.

Para empeorar las cosas, el horror de la agresión llegó cuando estaba todavía de duelo por el asesinato de su esposo, un oficial del ejército. Fue traicionado por un amigo y asesinado por miembros del grupo armado Seleka al inicio, el pasado diciembre, de una oleada de renovada violencia intercomunitaria.

“Esto nunca habría sucedido si mi esposo no hubiera muerto a manos del Seleka”, dijo Rebecca sobre su violación. Después de su muerte encontró su casa saqueada  – “No habían dejado nada: ni camas, ni ropas, ni accesorios de cocina”. Decidió irse de M’Poko con sus tres hijos.

Como otras muchas mujeres y niñas, creyó que estaría segura en la zona de M’Poko, situada cerca del aeropuerto de Bangui y ahora hogar de más de 52.000 desplazados internos, en su mayoría cristianos. Estas personas no están listas para volver a sus vecindarios, que continúan siendo inestables.

Pero la situación de seguridad en el propio M’Poko ha estado empeorando y ello está entorpeciendo los esfuerzos para proporcionar protección y entregar ayuda. Los socios del ACNUR han registrado en la zona un creciente número de casos de robo, violación, asesinato y secuestro, con petición de rescate o torturas, realizados por grupos armados.

Los desplazados internos han tomado medidas para tratar de abordar el problema, incluyendo el establecimiento de un mecanismo de alerta. Y utilizan una línea telefónica de emergencia para informar sobre incidentes de seguridad y para conseguir información sobre servicios médicos, legales y de otro tipo disponibles. Además, los grupos de la comunidad están recibiendo formación sobre control de la protección y los socios del ACNUR están colaborando con personal de seguridad para mejorar la seguridad en M’Poko.

El peligro de ataques físicos, como el sufrido por Rebecca, no es la única amenaza de seguridad para los desplazados. En la mayoría de los 43 campos de desplazados en Bangui, que albergan a más de 130.000 personas, el comienzo de la temporada de las lluvias acarrea riesgos para la salud debido al mal estado de la red de drenaje, lo que puede contribuir a la difusión de enfermedades. El suelo empobrecido exacerba los problemas de drenaje, dejando charcas estancadas donde se reproducen los mosquitos.

ACNUR está trabajando para abordar este problema facilitando el retorno a casa de los desplazados internos. Los socios posibilitan reuniones entre representantes de la población desplazada y las autoridades del distrito en Bangui.

Para Rebecca, sin embargo, el retorno no es una opción, ya que todavía teme por su vida si vuelve a su casa en el distrito de Miskine. En casos como el suyo, el ACNUR trabaja con socios para ayudar a los desplazados a cubrir sus necesidades básicas en zonas para desplazados internos. También trabaja con las autoridades municipales y nacionales para establecer zonas en Bangui donde las personas puedan al menos vivir en condiciones dignas y seguras durante la actual temporada de lluvias.

Mientras tanto, en Bangui y en las vecinas ciudades de Bimbo y Begoua, se está realizando una evaluación para determinar como de dañadas están las casas. La misión de evaluación será seguida de la distribución de equipos de refugio para reparación de casas.

Rebecca, mientras tanto, espera quizás ingenuamente que sus asaltantes sean llevados ante la justicia un día. “Mi sueño es el de un futuro mejor en el que mis hijos puedan reanudar sus estudios en paz y seguridad,” dice, haciéndose eco de las esperanzas de muchos.

*Nombre cambiando por razones de protección.

Por Aikaterini Kitidi en Bangui, República Centroafricana.

Gracias al Voluntario En Línea José Carlos López por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.