La malnutrición se convierte en una seria amenaza por la escasez de alimentos en los campos de refugiados de Maban

Some 1,200 children in South Sudan's Doro refugee camp are diagnosed as malnourished. The current food crisis does not augur well for these children. [for translation]

Etel Fagbohoun, oficial de nutrición del ACNUR, examina el estado de Ransom. La escasez de alimentos está afectando la salud del pequeño y también la de otros niños.  © ACNUR/P.Rulashe

CAMPAMENTO DE REFUGIADOS DE DORO, Sudán del Sur, 12 de mayo de 2014 (ACNUR) – Mientras la escasez de alimentos comienza a afectar a los campamentos de refugiados en Sudán del Sur, son los niños los que sufren en mayor medida, tal es el caso de Ransom Wapi. El paso torpe de este niño de cuatro años de edad, su vientre protuberante y su esponjoso cabello de tinte amarronado, son signos reveladores de su deteriorado estado.

Él es uno de los 1.200 niños que han sido diagnosticados con desnutrición en Doro, uno de los cuatro campamentos que albergan a 125.000 refugiados en Maban, un condado del Estado del Alto Nilo. "La crisis alimentaria actual no augura nada bueno para estos niños", dice Etel Fagbohoun, un oficial de nutrición del ACNUR en Doro, "No podemos controlar la desnutrición con un sistema que sólo permite repartir una pequeña cantidad de alimento a la vez", añade.

El flujo de alimentos, así como de otras ayudas vitales, se ha visto gravemente afectado por la inseguridad y la lucha entre el Gobierno de Sudán del Sur y las fuerzas rebeldes que tiene lugar a lo largo de las principales rutas de acceso a esta aislada zona. Esta situación, a su vez, ha llevado a la merma de las provisiones y ha impedido la normal distribución de los alimentos.

El ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos han solicitado a los bandos rivales que les posibiliten, antes de que lleguen las lluvias, un acceso seguro a los campamentos para que puedan llevar una ayuda vital para los refugiados que han huido del conflicto en Sudán del Sur hacia el vecino Sudán, desde la independencia en 2011. Los problemas para acceder a los campamentos han llevado a reducir las raciones de alimentos durante los meses de marzo y abril.

Fagbohoun, quien visita a los niños en sus hogares para examinar su estado de salud, afirma que la escasez de alimentos está afectando la salud de muchos jóvenes en Doro. Las tasas de desnutrición en el campamento se han incrementado desde el 12 por ciento, en febrero, a más del 18 por ciento, en marzo, mientras que en los otros tres campamentos de refugiados se han mantenido, hasta el momento, por debajo del umbral de emergencia del 15 por ciento.

A medida que el experto en nutrición hace sus rondas de media mañana, distingue al pequeño Ransom caminando torpemente hacia él y su colega del ACNUR, mientras otros niños alegremente juegan cerca. Ransom fue dado de alta, recientemente, de un programa de salud que brinda a los niños desnutridos productos nutritivos especiales y supervisa su progreso.

"Ransom ha sido inscripto en los programas de alimentación terapéutica en varias ocasiones. Ahora parece haber sufrido otra recaída", explica Fagbohoun. "Es probable que no esté recibiendo la atención adecuada en su hogar, lo cual no es inusual".

Ransom se encuentra al cuidado de su abuela ya que su madre, Yassinah, ha ido al mercado a vender la leña recolectada de los arbustos. Fagbohoun envía un conductor para recoger a Yassinah que, finalmente, arriba luciendo exhausta. Ella está embarazada de su sexto hijo. Su hijo menor, de un año de edad, gatea hacia su regazo. "He llevado a Ransom a todos los centros de salud, pero todavía se ve así", dice ella con desesperación. "No sé qué más hacer."

Yassinah le cuenta a Fagbohoun que ahora su familia come solamente una vez al día – sorgo y lentejas – alrededor de las tres de la tarde. Agrega que, durante la mayor parte de los meses de marzo y abril, los alimentó con caldo hecho con las amargas hojas del árbol lolop. La mayoría de las familias de refugiados han recurrido a la búsqueda de raíces y hojas comestibles para complementar sus magras raciones.

Agobiadas con innumerables tareas domésticas, que incluyen cocinar, buscar agua, leña y alimento extra, a las madres como Yassinah les resulta difícil atender adecuadamente las necesidades de los niños enfermos. Ella tiene cinco hijos, todos menores de 10 años.

Mientras tanto, sin el alimento y los nutrientes que su pequeño cuerpo necesita, la condición de Ransom no está mejorando. Fagbohoun ha logrado su readmisión en el programa de alimentación terapéutica. Él recibirá suministros nutricionales especiales y tendrá un chequeo médico dos veces por semana para corroborar su progreso. A la par, su familia percibirá productos nutritivos para mitigar el posible riesgo de que consuman las provisiones de Ransom.

"La escasez de alimentos está empeorando la frágil salud de niños como Ransom", dice Fagbohoun. "Ellos luchan por recuperarse, y seguirán estando desnutridos y enfermos si no podemos garantizar la entrega de la ayuda alimentaria sin obstrucción ni retraso".

Mientras tanto, las primeras lluvias han llegado y la posibilidad de traer ayuda por carretera está casi cerrada. Costosos transportes aéreos podrían ser la única respuesta hasta el regreso de la estación seca.

Por Pumla Rulashe en el Campamento de Doro, Sudán del Sur

Gracias a la Voluntaria en Línea Adriana Laura Alemandi por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.