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La mecánica también es cosa de niñas

Ana tiene 17 años y sueña con ser ingeniera automotriz. Está segura que de esa forma podrá apoyar a sus padres y a sus dos hermanas con quienes tuvo que huir de Argelia, ubicado en el oeste del Departamento de Antioquia.

BOGOTÁ, Colombia, 25 de noviembre de 2016 (ACNUR) – Ana tiene 17 años y sueña con ser ingeniera automotriz. Está segura que de esa forma podrá apoyar a sus padres y a sus dos hermanas con quienes tuvo que huir de Argelia, ubicado en el oeste del Departamento de Antioquia, Colombia. Desde 1997 más de 20 mil personas tuvieron que huir del municipio y abandonar sus tierras a causa del conflicto armado. “Había mucha violencia”, recuerda Ana y añade: “tuvimos que desplazarnos muchas veces”.

Cuando Ana tenía 7 años, ella y su familia encontraron refugio en Granizal, en un asentamiento informal a las afueras de Medellín, en el Municipio de Bello, donde más de 59.000 personas llegaron en busca de un lugar seguro para vivir y dejar atrás los horrores de la guerra, la más larga de toda América Latina.

Granizal es una zona de interés estratégico para los grupos armados ilegales que a menudo se disputan el control territorial de rutas y cultivos ilícitos. Esto hace que exista un alto riesgo de reclutamiento o vinculación de niños, niñas, adolescentes y jóvenes al conflicto armado, y en ocasiones la única forma de evitarlo es desplazarse de nuevo.

En un entorno tan complejo, donde además hay una escaza oferta educativa o programas de apoyo al empleo, los  menores encuentran pocas alternativas de desarrollo. Hace algunos meses, Ana comenzó a asistir a un taller de mecánica para motos, organizado por el ACNUR, la Agencia de la ONU para los refugiados, para crear ambientes favorables que previenen el desplazamiento y brindan acceso a nuevas herramientas de formación para niños y niñas.

“Es mejor estar aquí aprendiendo que por allí en la calle sin hacer nada. Esta es una oportunidad importante para mi futuro, aprender muchísimo de motos y alcanzar mis metas”, señala Ana. Su compañera de escuela Yoli y ella no tenían mucho en común hasta que se encontraron en el taller de mecánica al que sólo asisten tres niñas. Ahora, ambas comparten una lucha por demostrar que las mujeres pueden ser tan buenas como los hombres arreglando motores.

“Muchas veces nos dicen marimachas, o nos critican por estar haciendo cosas de hombres, pero eso no es cierto”, dice Yoli: “yo hago lo que a mí me gusta y cuando escucho que eso no lo deberían hacer las mujeres me siento motivada para demostrarles que lo podemos hacer incluso mejor que los hombres.”

El programa también ha servido para fortalecer la autonomía y el autocuidado de estas niñas. “Definitivamente arreglar las motos nos hace más fuertes”, explica Yoli, quien afirma que es importante conocer su valor como mujer en un lugar como Granizal. “Aquí primero nos tenemos que cuidar de una violación pues los hombres muchas veces se enfadan y se ponen violentos si uno no responde a sus insinuaciones.” Para esta adolescente de 16 años, lo más importante es hacerse respetar y demostrar que son mujeres independientes y capaces.

El taller de motos se creó tras un análisis de mercado y un diagnóstico participativo que se aplicó a la comunidad, explica Luz María, coordinadora de Fé y Alegría, la organización socia de ACNUR en este proyecto. De esta forma, fueron los jóvenes quienes eligieron arreglar motocicletas como oportunidad de vida en Granizal y quizá incluso en otros lugares. Hoy ya son 164 niños, niñas y jóvenes que forman parte del proyecto de entornos protectores.

Ana planea abrir su taller de mecánica en Granizal, Mientras tanto, para Yoli, la mecánica es el primer paso para poder salir de Granizal. “Mi mamá vive enferma por el polvo, y ya no quiero que mi papá sea el único que aporte para mi casa. Yo me estoy preparando porque lo quiero es independizar a mi familia.”

Aunque no saben si seguirán juntas por mucho tiempo, ambas jóvenes están convencidas que continuarán estudiando y trabajando para construir un mejor futuro para ellas y sus familia.

El ACNUR llegó a la Vereda de Granizal en 2007 para brindar protección a la población desplazada en estado de alta vulnerabilidad, en parte debido a la escasa presencia estatal. Granizal fue uno de los 17 municipios priorizados a nivel nacional para la implementación del programa “Construyendo Soluciones Sostenibles” TSI. Durante tres años, ACNUR, en conjunto con el PNUD, la Alcaldía municipal de Bello y la comunidad han trabajado en la identificación de necesidades, caracterización de la comunidad y/o vacíos de protección, y el diseño e implementación de iniciativas concretas que benefician a toda la comunidad. Desde 2007 se ha logrado impactar de forma positiva a cerca de 10,000 personas en particular por medio de procesos de fortalecimiento comunitario e integración local.

*Los nombres han sido cambiados por cuestiones de seguridad       

Por Regina de la Portilla, Bogotá, Colombia.