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La reciente ola de violencia en Sudán del Sur separa a cientos de familias

Los ataques han obligado a los niños a abandonar sus libros escolares y a las mujeres embarazadas a huir para salvar sus vidas.

NGOMOROMO, Uganda, 13 de abril de 2017 (ACNUR) – Sandra fija su mirada en una familia que se sienta bajo un albergue improvisado. Las lágrimas bajan por su rostro empolvado, dejando una marca en sus mejillas.

Miles de personas yacen en el suelo a su alrededor, agotadas. Los hombres están ocupados haciendo un albergue para la noche. Las madres y las mujeres jóvenes se apresuran con el almuerzo. Sandra está sola en un mar de incertidumbre y emociones intensas. “No tengo noticias sobre mis padres o hermanos”, dice ella. “Prefiero no pensar en ellos. Me entristece. Temo no volverlos a ver”.

Sandra, de 14 años, huyó de Uganda el 3 de abril, después de que el ejército de Sudán del Sur lanzara un mortal ataque en la ciudad Pajok, obligando a decenas de miles de personas a huir de sus hogares y ocultarse en los arbustos. Más de 7.000 cruzaron a Uganda en el curso de la semana.

Entre ellos hay 600 niños separados de sus padres. Ellos realizaron el peligroso viaje solos. Algunas eran mujeres jóvenes que se encontraban lejos de su hogar recogiendo agua o recogiendo leña; otros niños están vendiendo frutas y verduras en el mercado local, o estudiantes como Sandra.

“Cuando comenzaron los tiroteos, yo estaba en la escuela”.

“Cuando comenzaron los tiroteos, yo estaba en la escuela. Estábamos aprendiendo vocabulario en inglés. Tenía mucho miedo. Mi compañero y yo estábamos al frente. Él fue el último en salir de la clase, para asegurarse de que nadie se quedara atrás”.

Sandra y sus compañeros llegaron a Ngomoromo dos días después de caminar a través de los arbustos sin agua ni comida. Ella aún lleva puesto el uniforme que traía en la escuela el día del ataque. “Cuando llegamos a este lugar, encontramos a muchas personas durmiendo sobre el suelo. Algunos estaban sentados a los lados del camino. Pero todos eran extraños para mí”.

Desde el inicio de la emergencia, ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, ha establecido un “servicio de protección” en la frontera para identificar y asistir a las personas más vulnerables: sobrevivientes de violencia sexual, personas con discapacidades, personas mayores, madres solteras, y niños separados y no acompañados como Sandra. Trabajando de cerca con representantes de los refugiados, el equipo del ACNUR en el terreno en Ngomoromo pudo reunir a algunos de estos niños con sus padres, y proporcionar acogida temporal para el resto de ellos.

Sandra se reunió brevemente con su tía.

“Quería que mi tía se quedara conmigo, pero ella volvió a Sudán del Sur el día siguiente para buscar a mis padres”, dijo Sandra. “De nuevo estoy sola”.

“No sé dónde está mi esposo. ¿Quién va a cuidar a mis hijos?”

Christine Achan, de 26 años, se sienta sobre una alfombra de paja bajo la sombra de una antigua estación de espera de concreto, meciendo en sus brazos a su bebé recién nacido. Pero su rostro apenas refleja la alegría de haber traído una nueva vida al mundo. “Le doy gracias a Dios de que el bebé esté sano, pero no me siento bien. No sé dónde está mi esposo. ¿Quién va a cuidar a mis hijos? No me siento bien”, dice ella con un sentimiento de culpa. 

Los refugiados sudaneses caminan hacia el cruce fronterizo ugandés en Ngomoromo llevando sus pertenencias. Están huyendo de la ciudad de Pajok después de que fue atacada por grupos armados. © ACNUR / Rocco Nuri

Christine estaba en su última semana de embarazo cuando la violencia estalló en Pajok, donde solía ser maestra.

“Me estaba alistando para salir a la escuela cuando escuché los disparos. Todo sucedió de pronto. Corrí hacia los arbustos con mis dos hijos y mi abuela. Caminamos por tres días sin agua ni comida. Pensé que daría a luz en el camino. Me dolía el estómago. Tenía miedo de perder a mi bebé”, dijo ella.

Christine dio a luz a Anwech Varsity dos días después de llegar a Uganda. “En medio del caos, encontré a mi hermana Beatrice. Por lo menos tengo con quien compartir mis preocupaciones. Mis hijos continúan preguntando por su padre. Les dije que estaba vivo y que pronto se nos uniría. Pero dentro de mí tengo un mal presentimiento”.

Desde el inicio del conflicto en Sudán del Sur en 2013, muchas familias han quedado separadas. La violencia, el hambre y los ataques indiscriminados en contra de los civiles continúan generando éxodos masivos, llevando la cifra de personas desplazadas internas a 1,9 millones, mientras que los refugiados ya llegan a los 1,7 millones.

“Las mujeres y los niños llevan la peor parte de esta guerra sin sentido”.

Actualmente Uganda acoge a más de 834.000 refugiados de Sudán del Sur, con más de 194.000 recién llegados solo en 2017. 86% son mujeres y niños, incluyendo a cerca de 21.000 menores que han llegado sin sus padres o tutores legales.

“Las mujeres y los niños llevan la peor parte de esta guerra sin sentido”, dijo Bornwell Katande, representante del ACNUR en Uganda. “Si bien es imperativo buscar una solución política al conflicto, en países de asilo como Uganda es vital proporcionar apoyo especial a mujeres y niños que han sufrido violencia, trauma y abuso. Pero la situación del financiamiento es grave”.

El ACNUR y sus socios necesitan más de $558 millones de dólares para dar respuesta a las necesidades de los refugiados de Sudán del Sur en Uganda, incluyendo alimento, agua, albergue y medios de vida sostenibles.

"En el cuarto mes del 2017 hemos recibido menos del 10 por ciento de la financiación. La comunidad internacional debe compartir las responsabilidades con la crisis de refugiados de más rápido crecimiento en el mundo. Lo que está en juego aquí es el futuro de toda una generación de niños, que han perdido uno o ambos padres, que no pueden ir a la escuela o hacer las cosas comunes que todos los niños merecen”.

Por Rocco Nuri