La refugiada colombiana que creó una microempresa con 3 kg de harina

Aurora es una de las beneficiaras de una campaña de documentación y registro destinada a la población refugiada y en necesidad de protección realizada en Venezuela por la Comisión Nacional para los Refugiados y el ACNUR.

Aurora apuesta a la paz en su Colombia natal, a pesar de sus dolorosos recuerdos. Casa de una de las familias de refugiados en la comunidad donde se realizó la misión de documentación de la Comisión Nacional para los Refugiados con apoyo de ACNUR en Venezuela.

Aurora apuesta a la paz en su Colombia natal, a pesar de sus dolorosos recuerdos. Casa de una de las familias de refugiados en la comunidad donde se realizó la misión de documentación de la Comisión Nacional para los Refugiados con apoyo de ACNUR en Venezuela.  © ACNUR/M.Labbiento

CARACAS, Venezuela, 26 de julio de 2016 (ACNUR) – Aurora* expresa su felicidad tras haber recibido el documento provisional como refugiada en Venezuela, durante una misión especial de la Comisión Nacional para los Refugiados (CNR) junto al ACNUR y otros socios, en el interior de la selva venezolana. Ella es una emprendedora colombiana, quien con su negocio de harina de maíz contribuye a proveer alimentos a las comunidades venezolanas de acogida.

Recuerda con tristeza cuando en la década de los 80 su familia perdió todo, incluida una gran finca y su negocio de comida, a causa de la violencia entre los grupos armados en Colombia. "Por miedo tuvimos que irnos a vivir a la montaña. Los grupos llegaban a matar a la gente bajo nuestra mirada", relata y describe cómo una vez hubo un bombardeo cercano y "se veía la candela que caía del cielo, una cosa pavorosa".

Hace 38 años, ella, su esposo, su madre, hermanos y sobrinos tuvieron que empeñarlo todo para desplazarse y encontrar un lugar más seguro donde vivir. Desde entonces, no ha vuelto a ver a su hermana Ligia, desaparecida, pero a la que aún espera reencontrar.

Aurora fue desplazada en reiteradas ocasiones. Para sobrevivir tuvo que arar la tierra, lavar y trabajar en el servicio doméstico. Sin embargo, la violencia continuaba amenazando su vida y tras estar en la línea de fuego de los grupos armados huyó a Venezuela, dejando atrás a sus hijos, un niño de seis años y una bebé de sólo nueve meses. "Salí de allí sin saber qué hacer. Sacando un pasaje me encontré con una refugiada quien me habló del documento de refugio y me conectó con el Voluntariado para los Refugiados. Aunque lo había perdido todo nunca había comprendido que yo era una refugiada." Tras declarar su situación ante la CNR, su esposo y ella fueron reconocidos como refugiados en Venezuela. Con su nuevo documento, Aurora cree que sus hijos podrán llegar a Venezuela para ejercer sus profesiones en telecomunicaciones y farmacia.

En Venezuela, el espíritu emprendedor de Aurora la impulsó a abrir un negocio de venta de harina de maíz. "Me compré 3 kg de maíz, los molí, saqué 6 kg y los vendí", explica. Su comercio ha crecido y se ha convertido en el sustento de su hogar. El documento provisional de refugiada la hace sentirse amparada y agradecida. Además, le permitirá llevar su negocio a un nuevo nivel. Este documento es el primer paso legal para que los solicitantes de refugio ingresen formalmente al sistema de asilo de Venezuela y así se acojan a la protección del país. En adelante podrá abrir cuentas bancarias, transitar libremente por el territorio nacional y no ser devuelta a su país de origen, entre otros derechos. Así, hoy se puede concentrar en su nueva meta, diseñar un logo para uniformes y empaques, y reforzar así el mercadeo de su microempresa.

Aurora mira con esperanza la paz en Colombia: "Ocurrieron hechos terribles que han enlutado tantas familias, tanto dolor . . . La gente caminaba en charcos de sangre en la gabarra," dice, pero resalta: "Creo que si todos apostamos la paz en Colombia será posible".

"Ojalá que mis mensajes toquen los corazones de mucha gente, que puedan edificar en otros, reivindicar su vida, comprender. Prohibido callar", concluye Aurora.

*Nombre original cambiado por motivos de protección.

Por Madeleine Labbiento Noda