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Los nominados al Premio Nansen para los Refugiados que cambian vidas

Los cinco nominados al Premio Nansen para los Refugiados 2017 han ayudado a miles de personas forzadas a huir de sus casas por causa de la violencia y la persecución.

GINEBRA, Suiza, 6 de septiembre de 2017 (ACNUR) - Desde promover la educación entre refugiados en el oeste de Uganda a recibir a solicitantes de asilo LGTBI que huyen de la persecución en Centroamérica, el trabajo de estos cinco candidatos al Premio Nansen para los Refugiados de ACNUR ilustra el compromiso y la dedicación de quienes apoyan a las personas desplazadas por la guerra y los conflictos.

Entre todos ellos, han ayudado a miles de personas desarraigadas de sus hogares y forzadas a huir en busca de seguridad para ellas mismas y sus familias.

Este prestigioso galardón humanitario se creó en 1954, en memoria del primer Alto Comisionado para los Refugiados, Fridjtof Nansen.

El ganador de la edición de 2017 se anunciará el 18 de septiembre. El actual Alto Comisionado, Filippo Grandi, será el encargado de presentar el premio, dotado con 150.000 dólares, en una ceremonia que tendrá lugar el 2 de octubre en Ginebra.

Entre los nominados figura la ONG COBURWAS (Congo, Burundi, Rwanda and Sudan) International Youth Organisation to Transform Africa (CIYOTA), fundada por jóvenes refugiados de diferentes nacionalidades en el asentamiento de Kyangwali, en Uganda.

Su misión es transformar las vidas de otros jóvenes refugiados, especialmente las chicas, a través de la educación.

“Dando a los menores refugiados una educación de calidad, les abrimos el mundo”

El grupo ayudaba en un principio a menores no acompañados y sus integrantes daban las clases ellos mismos. Su actividad evolucionó con rapidez, dando soporte en educación primaria y secundaria, gestionando becas para instituciones de todo el mundo y creando programas de actividades de generación de ingresos.

Enteramente dirigida por jóvenes refugiados, CIYOTA es ahora una ONG bien establecida, cuya excelencia le ha proporcionado una reputación global.

Joseph Munyambanza, de 25 años, es uno de sus fundadores y el director ejecutivo. Joseph se convirtió en refugiado a la edad de seis años, tras huir de la guerra en la República Democrática del Congo. Frustrado por las pocas oportunidades que ofrecía su campamento, se alió con otros tres refugiados de Burundi, Ruanda y Sudán para crear CIYOTA.

CIYOTA fue fundada por cuatro refugiados en el asentamiento de refugiados de Kyangwali.

“Dando a los menores refugiados una educación de calidad, les abrimos a un mundo donde son libres y al que pueden aportar algo especial –sus habilidades, talentos, la confianza en su propia capacidad para contribuir efectivamente a crear un mundo mejor”, explicó Joseph.

En México, junto a la frontera con Guatemala, Fray Tomás González Castillo dirige el albergue La 72, para gente que huye de violencia, extorsión, reclutamiento forzado y violaciones de los derechos humanos en Honduras, El Salvador y Guatemala.

Se provee también de lugar seguro a personas LGTBI que han sufrido discriminación y homofobia en sus países de origen.

Fray Tomás, miembro de la congregación religiosa cristiana de los Franciscanos, es un adalid de la defensa de los derechos de los solicitantes de asilo en México, incluyendo a los miembros de la comunidad LGBTI.

Con el apoyo de ACNUR, el albergue ha construido residencias y ha desarrollado un programa para dar asistencia y protección a los refugiados LGBTI.

“La 72 no va sobre dar de comer a unas cuantas personas, sino de involucrarse en su futuro”

“La 72 no va sobre dar de comer a unas cuantas personas, sino de involucrarse en su futuro”, apuntó Fray Tomás. “Intento formar parte de sus vidas y darles un impulso”.

Por su parte, el médico sirio Ihsan Ezedeen, de 73 años, ha sido nominado por su labor de ayuda a los desplazados internos sirios.

El Dr. Ezedeen comenzó a practicar medicina en 1968, especializándose en pediatría. Abrió en 1975 en la ciudad de Jaramana -a las afueras de Damasco- un dispensario donde la atención era gratuita o financiada por donaciones, lo que le valió el ser conocido ampliamente como “el Médico de los Pobres”.

Después del inicio del conflicto interno en 2011, abrió las puertas de su clínica a los cientos de familias desplazadas que llegaban de Idlib, Homs y Alepo necesitadas de cuidados médicos y con escasos recursos.

El Dr. Ezedeen trabaja 16 horas al día y, después, va a las casas de aquellos que están demasiado enfermos o heridos para poder acudir a la clínica. El tratamiento se ofrece gratuitamente, o por el simbólico precio de 25 céntimos para aquellos que pueden pagarlo. En siete años, se estima que ha ofrecido cuidados médicos a 100.000 personas desplazadas internamente en Siria.

“Elijo hacerme cargo de personas vulnerables y pobres porque viví en esta comunidad y fui testigo de las condiciones en las que viven”, explicó a ACNUR.

El misionero francés Bernard Wirth, conocido como el Hermano Bernard, vive en Tailandia desde 1971. En un inicio, llegó para ayudar a mejorar las condiciones de vida en los suburbios que rodean Bangkok.

“Es completamente inhumano y a nadie le importa”

El proyecto fue interrumpido y el Hermano Bernard, de 70 años, se convirtió en profesor universitario y más tarde catedrático, enseñando francés en la Universidad Silpakorn. Obtuvo un Master en Educación y un doctorado en Historia Tailandesa.

La Oficina Católica de Ayuda de Emergencia y de Ayuda a los Refugiados le invitó a visitar el Centro de Detención de Inmigrantes en Bangkok en 1996, donde trabó contacto por primera vez con refugiados de diversos países como Myanmar, Bangladesh y Camerún.

Los solicitantes de asilo y los refugiados son considerados normalmente en Tailandia como inmigrantes no autorizados; condenados por violación del derecho y enviados a centros de detención. El hacinamiento severo es endémico y las condiciones en las instalaciones de detención son deplorables.

Consternado ante las condiciones en el centro de Bangkok, el Hermano Bernardo decidió dedicar su tiempo libre a los refugiados y solicitantes de asilo detenidos. Su principal objetivo era escuchar sus preocupaciones, encontrar solución a sus problemas y, en la medida de lo posible, facilitar su liberación.

Cuatrocientos refugiados y solicitantes de asilo han sido liberados y varios miles han recibido un apoyo vital por parte del Hermano Bernard.

Es importante pasar tiempo con los refugiados en centros de detención y escucharles, ya que la mayoría de ellos no sabe por qué están detenidos, explicó.

“Lo más importante que he aprendido de ellos es que viven en una situación terrible, en la que no deberían estar realmente”, apuntó. “Es completamente inhumano y a nadie le importa”.

"Vemos alegría cada vez que vamos y pasamos algo de tiempo con nuestros amigos"

El proyecto sueco Hej Främling! (“¡Hola, extranjero!”) fue iniciado en 2013 por dos amigas, Emma Arnesson y Anne Lundberg, en Östersund, con el objetivo de conectar a las comunidades suecas con refugiados y solicitantes de asilo recién llegados, a través de actividades deportivas y culturales.

La organización cree en la promoción de iniciativas comunitarias ya existentes que pueden convertirse en catalizador para desarrollar y cultivar ideas que favorezcan la integración, provenientes tanto de los propios refugiados como de la comunidad de acogida. Su acción pasa por la creación de fuertes vínculos entre ambos a fin de promover la integración.

Arnesson y Lundberg comenzaron su labor de voluntariado con solicitantes de asilo en una base militar desocupada en Grytan, en medio de un bosque. Hej Främling! se ha convertido en una red compuesta por diferentes clubs, cada uno de los cuales se ha expandido por ciudades de toda Suecia, ofreciendo diversas actividades.

En una charla TED en Östersund en 2015, la cofundadora Emma Arnesson, dijo que la idea tomó forma cuando ella y sus amigos se dieron cuenta de que nadie se hacía responsable de los refugiados, excepto para darles cobijo y alimento.

“Tienen un techo sobre su cabeza, una cama para dormir y comida para sus estómagos, pero eso es todo”.

Según ella, los ciudadanos que tomaron parte en las actividades organizadas para refugiados lo encontraron extraordinariamente gratificante.

“Vemos alegría cada vez que vamos y pasamos algo de tiempo con nuestros amigos, quedamos abrumados por las risas y el amor”.