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Madre siria se reúne con sus hijos que daba por ahogados

Arriesgando su vida, Manal tomó una decisión que ninguna madre debería tener que tomar: Manal buscó seguridad en Dinamarca, dejando a sus hijos atrás.

COPENHAGUE, Dinamarca, 13 de diciembre de 2016 (ACNUR) - Manal trabajaba en el Ministerio de Justicia sirio cuando la escalada del conflicto en Siria amenazaba seriamente la supervivencia. Sin opciones, Manal tomó una decisión que ninguna madre debería tener que tomar: huyó para salvar su vida, dejando atrás a sus tres hijos.

La casa de Manal fue destruida por bombas y balas con el estallido del conflicto. Después de recibir una amenaza directa de los rebeldes y tras el asesinato de un juez, se dio cuenta de que su propia vida estaba en peligro.

No había suficiente tiempo ni dinero para organizar el viaje para los cuatro, por lo que su plan era ir sola, confiando en que sus tres hijos, pronto, podrían hacer lo mismo, e ir tras ella. Pasaría más de un año hasta que los volviera a ver.

Manal encontró la anhelada seguridad en Dinamarca, en diciembre de 2014, pero sus preocupaciones estaban lejos de estar resueltas: Manal se había dado cuenta de que tendría que esperar tres años para poder traer a su familia. Esto suponía tres años más de preocupaciones por sus hijos en Siria, y el miedo a los azares y peligros que el viaje a Europa conllevaría para sus hijos.

"Tenía un deseo", dijo ella. "Ver a mis hijos. Nunca pude imaginar vivir mi vida sin ellos. Nadie quiere vivir sin sus hijos”.

"Tenía un deseo, ver a mis hijos".

Desesperada, Manal acudió a traficantes de personas para poder trasladar a su familia a Dinamarca lo antes posible.

La odisea comenzó en octubre de 2015 y se mantuvo en contacto con su hija mayor, de 18 años de edad, Sarah, a través de Facebook y WhatsApp. Era otoño en Europa, y Manal sabía que el viaje iba a ser frío y peligroso.

El 30 de octubre Sarah escribió que habían encontrado a alguien para llevarlos a la frontera con Turquía, y desde allí organizar una travesía en bote para llegar a Grecia.

En condiciones normales, la travesía marítima de Turquía a la isla griega de Lesbos se hace en tan sólo unas horas, por lo que Manal estaba emocionada cuando Sarah le escribió para decirle que por fin habían llegado a las costas de Turquía, y que embarcarían la mañana siguiente, al amanecer, rumbo a Lesbos.

Después, Manal no supo más. Se fue a la cama temiendo lo peor y se despertó con la noticia de que una embarcación procedente de Turquía con rumbo a Lesbos había sufrido una avería. Muchos pasajeros habían caído al mar. Manal supo que se trataba de la embarcación que la que viajaban sus hijos. 

Manal se estremeció profundamente al conocer por los medios de comunicación el número de hombres, mujeres y niños que se habían ahogado en aquel incidente. Sola, en el centro de acogida de solicitantes de asilo, y atormentada por un sentimiento de culpa, se acurrucó en posición fetal, temblando e incapaz de moverse.

A medida que avanzaba el día, Manal solo podía mirar el teléfono móvil, pasando las fotografías de los que se habían ahogado en el accidente, buscando a sus hijos entre los rostros.

Al cuarto día, Manal había encontrado una foto de un niño ahogado que se parecía a su hijo de ocho años, Karam. El niño tenía el mismo pelo castaño rizado, los mismos ojos, la misma cara inocente. La foto estaba borrosa, por lo que era difícil descartar que no se tratara de su hijo.

"¿Cuál es el significado de la vida si tus hijos han muerto?", se preguntó. "Solo querían seguridad, y ahora están muertos porque les dije que Dinamarca era un lugar seguro para migrar”.

De pronto, un mensaje apareció en el buzón de Facebook de Manal. Era corto y de un extraño, pero era el mensaje más precioso que una madre podría recibir. Leía, simplemente: "Tus hijos están vivos. Están en Turquía”.

    "¿Cuál es el significado de la vida si tus hijos han muerto?".

Un pescador había salvado a Karam, Joudy y Sarah del mar y los había llevado a la isla turca de Cunda. Estaban alojados en una prisión con sus ropas empapadas y no se habían podido cambiar desde el naufragio. Al menos estaban juntos y vivos. Fueron liberados después de 10 días.

Los niños y su padre decidieron continuar su viaje para unirse a su madre. Permanecer en Turquía no era una opción si querían ser una familia otra vez, como tampoco lo era regresar a Siria, y su deseo de reunirse con su madre era más fuerte que el miedo a ahogarse. A pesar de los temores de Manal por la seguridad de sus hijos, los tres niños lograron llegar a la isla de Lesbos en Grecia.

Desde Grecia, los niños continuaron en tren hacia el norte a través de los Balcanes. El viaje les llevó casi un mes y, finalmente, se reunieron con su madre en Dinamarca en noviembre de 2015. Para entonces, llevaban separados más de un año.

Manal y sus hijos ya llevan en Dinamarca 11 meses, pero todavía están pendientes de recibir la decisión legal acerca de la reunificación familiar solicitada, así como de las solicitudes de asilo de los niños. Las autoridades han separado a los niños de su madre; y han trasladado a los niños a un centro de asilo diferente, a más de una hora de distancia de su madre.

El coste del transporte en tren y el de los dos autobuses que la madre debe tomar para ver a sus hijos, el tiempo del trayecto y tener que conciliar las visitas con su trabajo como traductora voluntaria hace que sea difícil para Manal ver a sus hijos todos los días. Sin embargo, ahora los niños están más seguros y más cerca de su madre que hace un año, y Manal espera que no se vuelva a repetir esta experiencia por la que ha pasado.

"Nadie debería cruzar un océano y arriesgar su vida para estar juntos a su familia", enfatizó Manal. "Nadie”.

Gracias a la Voluntaria en Línea Lucía Maher por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.