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Más de 20 mil personas arriesgaron su vida en el océano Índico en lo que va del año

Un informe de ACNUR sobre movimientos marítimos irregulares en el Sudeste Asiático estima que 20 mil personas arriesgaron sus vidas cruzando el mar en la primera mitad de este año.

GINEBRA, 22 de agosto de 2014 (ACNUR) – Un nuevo informe de ACNUR sobre movimientos marítimos irregulares en el Sudeste Asiático estima que 20 mil personas arriesgaron sus vidas cruzando el mar en la primera mitad de este año. Muchos de ellos son rohingya, quienes huyeron de Birmania y llegaron a la región sufriendo desnutrición y abusos durante el viaje. Varios cientos de personas fueron también interceptadas en barcos que se dirigían a Australia.

El informe fue elaborado por la Unidad de Monitoreo de Movimientos Marítimos de ACNUR en Bangkok, que recolecta información a través de entrevistas, notas de prensa, socios y gobiernos. Se focaliza en las partidas desde la Bahía de Bengala y otros puntos, pasando por el Sudeste Asiático, y en los abusos que las personas sufren durante sus viajes y los acontecimientos relacionados con las políticas de la “Operación Fronteras Soberanas” de Australia.

El informe también indica que más de 7 mil solicitantes de asilo y refugiados que han viajado por mar se encuentran en la actualidad en centros de detención de la región, incluyendo más de 5 mil personas en Australia o sus centros extraterritoriales en Nauru y Papúa Nueva Guinea.

Por su naturaleza clandestina, la extensión del tráfico de personas es difícil de determinar. Pero entrevistas con sobrevivientes permitieron obtener un panorama de lo que sucede en los largos y arduos viajes desde Myanmar y Bangladesh hacia Tailandia, Malasia, Indonesia y más allá.

El reporte estima que 53 mil personas partieron clandestinamente por vía marítima desde la Bahía de Bengala durante los doce meses previos a junio de 2014 – un incremento del 61% en relación a los doce meses anteriores. En los dos años siguientes al estallido de la violencia intercomunitaria en el estado de Rakhine en Birmania, ocurrido en junio de 2012, unas 87 mil personas - en su mayoría rohingya pero también bangladesíes - emprendieron el peligroso viaje en busca de seguridad y estabilidad.

La principal temporada de partidas se produce siempre entre octubre y el primer trimestre del año, cuando el mar se encuentra más calmo. Las partidas se producen sobre todo desde Teknaf en Bangladesh y Maungdaw en Myanmar, con números más pequeños desde Sittwe. En general, los pasajeros son transportados en pequeñas embarcaciones con capacidad para 700 personas. La mayoría son hombres, pero la cantidad de mujeres y niños aumenta.

La mayoría de los pasajeros entrevistados declaró haber pagado entre US$50 y US$300 para la travesía, permaneciendo en mar entre una y dos semanas. Algunos de ellos esperaron hasta dos meses para que sus botes sumaran más pasajeros. Muchos dijeron haberse sentido mal durante el viaje, y reportes no confirmados se refieren a muertes debidas a enfermedades, calor, falta de comida y agua y fuertes golpizas.

En Tailandia, algunos sobrevivientes de las travesías aseguraron haber sido transportados en camionetas por la noche, obligados a sentarse o acostarse arriba de hasta 20 personas. Fueron llevados a los campamentos de los traficantes en las colinas, bosques o plantaciones. Cientos de ellos fueron encarcelados por períodos de hasta seis meses detrás de cercas de madera, con únicamente unas lonas de plástico para poder usar como cama.

Muchos no sabían que deberían pagar más dinero, usualmente entre US$1.500 y US$2.200, para ser liberados. Fueron obligados a llamar a sus parientes en Myanmar, Bangladesh o Malasia para enviar dinero en efectivo, mediante transferencias bancarias o sistemas de pago a través de dispositivos móviles. Quienes no pagaban eran golpeados y detenidos por largos períodos de tiempo.

Los sobrevivientes de este calvario informaron el personal de ACNUR que en los campamentos de los traficantes la gente moría debido a enfermedades o lesiones. Muchos perdían sus capacidades sensoriales y movilidad debido al beriberi causado por la malnutrición, específicamente la deficiencia de vitamina B1.

Desde comienzos de julio, 233 rohingya han sido detenidos en centros de detención o albergues en Tailandia. ACNUR se encuentra debatiendo junto a los gobiernos involucrados y las partes interesadas alternativas a la detención. ACNUR también provee ayuda y trabaja con las autoridades y UNICEF para permitir que los niños asistan a la escuela.

En Malasia, ACNUR tuvo contacto con 230 personas que llegaron en embarcaciones entre enero y junio, así como con otras que desembarcaron en Tailandia y lograron entrar a Malasia cruzando la frontera terrestre. En total, más de 4.700 rohingya se registraron durante el período en examen, incluyendo a 375 niños separados de sus familias y no acompañados. Desde finales de los ‘90, aproximadamente 38 mil rohingya se han registrado con ACNUR en Malasia.

Las necesidades de salud y protección de las personas recién llegadas son la mayor preocupación, dado que muchos presentan signos de beriberi.

En Indonesia, 60 rohingya se acercaron a ACNUR entre enero y junio – un 90% menos comparado con el mismo período en el año anterior. Para finales de junio de 2014, había 951 rohingya registrados con ACNUR, principalmente personas llegadas en años anteriores desde Malasia. En la primera mitad del año, nueve embarcaciones que se dirigían hacia Australia - con más de 400 personas a bordo - fueron interceptadas en el marco de la “Operación Fronteras Soberanas” de ese país. Siete embarcaciones fueron devueltas a Indonesia. Una embarcación con 41 pasajeros fue devuelta a Sri Lanka. Mientras que las 157 personas que se encontraban a bordo de una embarcación que había zarpado desde India, fueron transferidas a Nauru, en espera de una decisión de la Corte Suprema de Australia sobre cómo procesar sus casos.

Todos estos acontecimientos tienen lugar en el contexto de un entorno de protección muy difícil para los refugiados en la región. Estados como Tailandia, Malasia e Indonesia no son partes de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y carecen de marcos legales formales para la protección de los refugiados. Sin un estatus legal, a menudo los refugiados son más vulnerables a sufrir arrestos, detenciones y deportaciones debido a las leyes de inmigración. La situación les impide también conseguir un trabajo legal, obligando a muchas personas, incluidas mujeres y niños, a someterse a situaciones de explotación y vulnerabilidad.

  • El informe “Sudeste Asiático: Movimientos Irregulares Marítimos Enero-Junio 2014” (en inglés) se encuentra disponible en www.unhcr.org/53f1c5fc9.html

Gracias a la Voluntaria En Línea Sofía Ramírez Fionda por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.