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Mediante la fotografía, niños refugiados revelan su vida cotidiana en São Paulo

El proyecto #MeuOlhar fue desarrollado por ACNUR Brasil, en conjunto con la organización no gubernamental Yo Conozco Mis Derechos (IKMR) y con el apoyo de Studio Pier 88.

SÃO PAULO, Brasil, 13 de abril de 2016 (ACNUR) - Gabriela, angolana de 12 años, se entusiasmó delante de un cantero de flores y, enfocando los pétalos, disparó con su nueva cámara fotográfica portátil. Registró muchas veces cada especie dispuesta en un cantero elevado, ejercitando el “macro” recién aprendido de sus instructores.

Benedicte, quien recibiera los saludos de sus compañeros por sus 13 años, se fijó en los detalles del tronco de una palmera, mientras que Beside, de 11, fotografiaba a los perros que paseaban en el Parque Amundsem, un espacio más reservado del Parque Villa Lobos, en la zona Oeste de São Paulo.

Junto con sus compañeros Mohamed y Riad, ambos sirios, la angolana Gabriela, los congoleños Benedict y Beside y la sudanesa Veronia concluyeron en este mes un curso brindado por el fotógrafo profesional Rodrigo Bueno y sus asistentes Jéssica Pauletto y Tales Feitosa.

Llamado #MeuOlhar (Mi Mirada), el proyecto fue desarrollado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en Brasil, en conjunto con la organización no gubernamental Yo Conozco Mis Derechos (IKMR) y con el apoyo de Studio Pier 88.  En una serie de talleres, divididos en tres módulos, el proyecto #MeuOlhar permitió que este grupo de niños y adolescentes (todos habitantes de San Pablo) expresara percepciones sobre su condición de refugiados por medio de la fotografía.

Para ACNUR, el proyecto brindó una oportunidad única para el mapeo de los desafíos enfrentados por niños refugiados en una metrópoli como São Paulo. Los participantes pudieron expresar sus visiones y opiniones sobre cuestiones de protección y de integración y también decisiones de las cuales no participan, pero que afectan directamente sus vidas.

El trabajo permitirá a ACNUR Brasil, sus socios (autoridades públicas y organizaciones de la sociedad civil) en São Paulo y al público en general captar con mayor precisión los desafíos de los niños refugiados.

“El ejercicio en los talleres estuvo muy centrado en el empoderamiento de los niños: por medio de la fotografía, ellos pudieron contar sus propias historias y manifestar lo que más les llamó la atención”, afirma Vinícius Feitosa, Asistente de Protección de ACNUR en São Paulo y coordinador del proyecto #MeuOlhar. “Cada niño fue estimulado a identificar las fotos que consideró más interesantes y explicar por qué las eligió. La idea es dar voz a su propia visión del mundo”, completó.

© Studio Pier 88 / R.BuenoLos seis pequeños refugiados fueron seleccionados entre los integrantes de un coro infanto-juvenil organizado por IKMR desde mayo de 2015. En el coro, cantan músicas brasileñas, todas letras que tratan del esfuerzo de superación, y ya se presentaron en São Paulo, en Guarujá y en Río de Janeiro, donde varios de ellos entraron por primera vez al mar.

En el primer módulo del proyecto #Mi Mirar, los niños recibieron de regalo una cámara portátil y tuvieron sus primeras clases de fotografía. El trabajo se inició en marzo en el Museo de la Inmigración, en el barrio de Mooca, donde el coro tiene sus ensayos. En ese edificio se hospedaron millones de inmigrantes que llegaron a San Pablo entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX - antes, por lo tanto, de que fuera definido el concepto de refugio por la Convención de las Naciones Unidas sobre Refugiados, en 1951. Hoy el edificio exhibe un acervo de la historia de esas llegadas.

El segundo módulo tuvo lugar en Studio Pier 88 y giró en torno a un doble ejercicio para los niños: fotografiar y ser fotografiados. Con un fondo blanco iluminado, ellos posaron para las lentes de Bueno saltando, jugando y riendo. Para el tercer módulo fue elegido un sitio abierto -pero tranquilo- para las actividades del grupo: el Parque Villa Lobos. En esta última clase, los niños comentaron las fotos tomadas a lo largo de las dos semanas anteriores.

Mohamed eligió la foto que tomó de su hermano más pequeño, Ahmed, como la más bonita de sus actividades de casa. “Me pareció la mejor porque mi hermano estaba sonriendo”, explicó a los instructores. Gabriela, quien fotografiara flores durante la semana y se alegraba por estar en un parque, se quejó de las pocas áreas verdes en los barrios que frecuenta en São Paulo.

Riad, de 14 años, impresionó con las fotos bien encuadradas de rincones con trazados armónicos de la escuela donde estudia. Benedicte, que pide a las personas que la llamen Benedita, la versión de su nombre en portugués, exhibió con orgullo las selfies que hizo: ninguna solo de sí misma, sino que siempre junto a muchos miembros de su familia.

En mayo, los niños, el fotógrafo Rodrigo Bueno y el equipo de ACNUR en São Paulo deberán encontrarse nuevamente para un ejercicio final: la selección de sus mejores imágenes para la conclusión del proceso de diagnóstico de la vida de ellos como refugiados y de sus desafíos de integración a la metrópoli.

Según Feitosa, los niños asumirán en este momento la función de curadores de sus propios trabajos para una posible exposición de fotos. “Como el hilo conductor de este proyecto es dar voz al niño, esa tarea debe desencadenar nuevas acciones para que sus observaciones sean efectivamente escuchadas”, afirma el funcionario de ACNUR.

Por Denise Chrispim, de São Paulo, Brasil.

Gracias a la Voluntaria en Línea Carolina Inés García por el apoyo ofrecido con la traducción del portugués de este texto.