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Mientras miles de personas continúan huyendo de Myanmar, el ACNUR se preocupa por las crecientes denuncias de abuso

El ACNUR está recibiendo cada vez más denuncias de abuso y explotación, al tiempo que muchos continúan huyendo del estado de Rakhine, en Myanmar.

GINEBRA, 10 de junio de 2014 (ACNUR) - La agencia de la ONU para los refugiados manifestó el martes que está recibiendo cada vez más denuncias de abuso y explotación al tiempo que muchos continúan buscando seguridad y estabilidad en el extranjero, a dos años del estallido de la violencia intercomunitaria en el estado de Rakhine, en Myanmar.

“El ACNUR estima que más de 86.000 personas han abandonado el lugar en barcos desde junio de 2012. Esto incluye a más de 16.000 personas en el segundo semestre de 2012, unas 55.000 en 2013, y casi 15.000 de enero a abril de este año”, señaló a los periodistas el portavoz del ACNUR Adrian Edwards en Ginebra. “La mayoría son rohingya aunque, significativamente, la proporción de Bangladesíes ha crecido este año”, agregó.

En la segunda mitad de 2012 se ha informado de 730 personas que han muerto en esta travesía, mientras que en todo 2013 se han reportado 615 víctimas mortales, posiblemente debido al uso por parte de las redes de tráfico de barcos de carga más grandes.

“Las personas que han llegado a Tailandia, Malasia o Indonesia han contado a los funcionarios del ACNUR acerca de los barcos abarrotados de gente que, en ocasiones, pierden su rumbo o presentan problemas mecánicos. Algunos de estos navíos se quedaron sin comida y sin agua debido a los largos períodos que permanecieron en el mar. Se comenta que algunas personas que murieron en los barcos fueron tiradas por la borda “, señaló Edwards.

En toda la región, el ACNUR sigue haciendo cabildeo para que se adopten acuerdos de permanencia temporánea para los rohingya, hasta que la situación se encuentre lo suficientemente estabilizada en el estado de Rakhine como para que su regreso sea posible. Estos acuerdos implican la adquisición del derecho documentado a permanecer en el país de acogida durante el periodo especificado, la protección contra la detención arbitraria, el respeto de la unidad familiar, las garantías de acceso a la vivienda, así como a los servicios y a oportunidades de trabajo legales.

Una parte de aquellos que han llegado a Tailandia manifiestan haber sido llevados a campamentos de traficantes en las selvas o montañas cercanas a la frontera entre Tailandia y Malasia. Allí permanecieron retenidos durante meses en campamentos superpoblados e incluso, a veces, en jaulas hasta que sus familias se encontraron en condiciones de pagar por su liberación. Ellos relatan haber recibido palizas diarias y tener conocimiento de la muerte de personas. Estaba prohibido moverse excepto para ir al baño en limitadas ocasiones. Pasaban los días sentados en espacios pequeños y las noches durmiendo en posición vertical o fetal debido a la falta de espacio.

Las autoridades tailandesas han llevado a cabo varias redadas en estos campamentos rescatando, a principios de este año, a cientos de personas, incluyendo unos 500 rohingya. El ACNUR les está proporcionando alivio y propugnando un régimen más claro de protección temporal durante su estancia en Tailandia, que incluiría, por ejemplo, el acceso a la educación para los niños y una mayor libertad de movimiento. “En lo inmediato, para facilitar la recuperación y mejorar las condiciones de permanencia, con respecto a los actuales centros de detención de inmigrantes, hemos ofrecido apoyar la institución de centros de rehabilitación donde las familias pueden permanecer juntas y se pueden organizar actividades comunitarias básicas mientras se buscan soluciones a más largo plazo. Los casos más vulnerables son sometidos a consideración de los países de reasentamiento”, dijo Edwards.

En Malasia, por su parte, ha habido un aumento de casos de trata y tráfico desde Tailandia de personas de Myanmar, incluyendo a personas que son de la competencia del ACNUR. Informes fidedignos indican que estos grupos sufren, con frecuencia, abuso, maltrato, explotación y extorsión por parte de las bandas de traficantes. Muchos se encuentran en mal estado de salud tanto física como emocional -desnutridos y sin poder caminar. El personal del ACNUR en Kuala Lumpur ha ayudado a más de 120 rohingya diagnosticados con beriberi debido a la deficiencia de vitamina B1.

“El ACNUR está propugnando la pronta liberación de cada uno de los rohingya detenidos así como de otras personas de interés. También creemos que un mejor acceso a los servicios de salud y a otros servicios de apoyo, incluyendo las oportunidades de empleo legales, permitirá a los refugiados ser autosuficientes”, destacó el portavoz Edwards. El ACNUR ha registrado a más de 35.000 rohingya en Malasia en los últimos años.

En Indonesia, los rohingya son, actualmente, más de 1.200. Los registros alcanzaron su punto máximo durante la segunda mitad de 2013 con 474 nuevos arribos después de que varios barcos llegaron desde Tailandia; otros también cruzaron desde Malasia. Este año la tendencia de llegadas se ha reducido a tan sólo 56 personas hasta el mes de mayo. Además, se ha informado que, de enero a mayo de este año, 99 rohingya, incluyendo un pequeño número de los habían llegado desde Malasia, han regresado a Malasia, mientras las frustraciones y las tensiones se han incrementado debido a la falta de soluciones.

Edwards expresó que en Bangladesh, país que ha acogido a refugiados rohingya por más de dos décadas, ha habido varios desarrollos positivos en el último año. En este sentido, destaca que, en los dos campamentos oficiales que alojan a más de 30.000 refugiados rohingya, la educación se extendió al nivel de la escuela media (edades 13-14 años).

“También hemos aumentado los esfuerzos para abordar la violencia de género en los campamentos, incluso facilitando el despliegue de mujeres policías. Además, se ha acordado con el Gobierno la mejora de los servicios en los campamentos, incluyendo la vivienda y las oportunidades de generación de medios de vida”, dijo Edwards, quien acoge con satisfacción la iniciativa del Gobierno de Bangladesh de “listar” entre 200.000 y 500.000 rohingya no registrados en Bangladesh.

Mientras tanto, en el estado de Rakhine, unas 140.000 personas permanecen desplazadas –en su mayoría rohingya, con un número menor de rakhine, kaman y otras etnias. Los trabajadores humanitarios han reanudado la asistencia tras los ataques contra dependencias de la ONU y de las ONG en Sittwe a finales de marzo. “Si bien el ACNUR mantiene su compromiso de proporcionar refugios temporales, coordinar la gestión de los campamentos y abordar una situación de protección difícil, somos cautelosos respecto de aquellas actividades que podrían afianzar la segregación y el desplazamiento prolongado. El reto es pasar de una fase de emergencia hacia soluciones duraderas”, concluyó Edwards.

Gracias a la Voluntaria En Línea Adriana Alemandi por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.