Mujeres brasileñas ayudan a refugiados venezolanos en Roraima

Dos brasileñas que viven en Boa Vista abrazan la causa de los refugiados venezolanos, enfrentan desafíos y dan un ejemplo de solidaridad.

Ana Lucíola Franco al lado de una de las familias venezolanas que están viviendo en la calle en Boa Vista, capital de Roraima.

Ana Lucíola Franco al lado de una de las familias venezolanas que están viviendo en la calle en Boa Vista, capital de Roraima.   © ACNUR/Reynesson Damasceno

BRASILIA, Brasil, 8 de marzo de 2018 (ACNUR) – En la ciudad de Boa Vista, capital del estado de Roraima, que alberga a miles de venezolanos que se vieron obligados a dejar su país en busca de protección, dos mujeres brasileñas decidieron mejorar la vida de quienes están viviendo en condiciones de extrema vulnerabilidad. Alcanza con observar el movimiento en la plaza Simón Bolívar, donde cientos de personas se preparan para recibir alimentos y donaciones conseguidas por estas dos mujeres.

Ellas son la abogada Ana Lucíola Franco, de 56 años, y la doctora Eugenia Moura, de 60. Ambas viven en Boa Vista, realizan trabajos sociales desde que eran adolescentes y ya ayudaron a personas indígenas, haitianos y otras poblaciones vulnerables que pasaron por la capital de Roraima.

Cuando comenzó a aumentar el flujo de venezolanos en el estado, a finales de 2015, ellas decidieron que era hora de ser solidarias con esas personas e iniciaron el movimiento "SOS Hermanos". Actualmente, las donaciones se entregan dos veces por semana en la plaza Simón Bolívar y en otras.

El movimiento "SOS Hermanos" ha recibido muebles, electrodomésticos, ropa y alimentos que son distribuidos con la ayuda de otros voluntarios entre aquellos que dejaron Venezuela para recomenzar su vida en Brasil. El grupo actúa en otros frentes para promover la integración de estas personas, inclusive en el mercado laboral.

Las dos amigas formaron una red compuesta por profesionales de diversas áreas que articulan esa inserción. "Uno de nuestros propósitos principales es ayudarlos a insertarse en el mercado de trabajo", afirma Ana Lucíola, que destaca que la mayoría de los venezolanos está calificada profesionalmente y tiene mucho potencial para contribuir a la economía local.

En Boa Vista, Ana Lucíola y otros voluntarios entregan alimentos a mujeres venezolanas en situación de vulnerabilidad.

En Boa Vista, Ana Lucíola y otros voluntarios entregan alimentos a mujeres venezolanas en situación de vulnerabilidad.   © ACNUR/Reynesson Damasceno

En poco tiempo, Ana Lucíola y Eugenia inaugurarán un albergue para unas 40 personas, en un edificio en el centro de Boa Vista. La instalación tiene cerca de 900 metros cuadrados y fue preparada para recibir familias con niños, manteniéndose por medio de donaciones. Según Ana Lucíola, el momento no podría ser más adecuado porque se aproxima la época de lluvias. "La mayoría de las personas llega con poca ropa y no está preparada para el frío. Precisamos hacer lo que esté a nuestro alcance para protegerlas y sacarlas de las calles", afirmó.

Como apoyo a las fundadoras, ACNUR (la Agencia de la ONU para los Refugiados) implementa un proyecto para mejorar las instalaciones, como acceso a baños, aumento del número de habitaciones y una cocina multifuncional. También se creará un espacio especial para que los niños puedan jugar seguros. El lugar será monitoreado por ACNUR y por la ONG Fraternidade, y la idea es que los refugiados puedan vivir y gestionar el local de forma independiente.

Según Bertrand Blanc, oficial de emergencias de ACNUR, los vínculos establecidos entre la sociedad civil, el sector privado y la respuesta humanitaria son fundamentales para asegurar una rápida y eficiente integración urbana local de los refugiados en Boa Vista. "Esta importante iniciativa ofrece alimentos para 500 refugiados por día, acoge en su casa a familias vulnerables y ofrece alojamientos adicionales, permitiendo a ACNUR y sus socios mitigar las condiciones extremadamente difíciles de muchas familias y niños".

Sin embargo, estos actos de solidaridad no son siempre bien recibidos por la comunidad local. La abogada afirma que ha sido testigo de innumerables escenas de intolerancia contra los venezolanos, y que ella y los voluntarios también son acosados y agredidos verbalmente. Pero a pesar de eso, ella y su equipo siguen firmes en su propósito humanitario.

Afirma que el impacto positivo de la ayuda ofrecida aún es predominante y se puede percibir diariamente. De acuerdo a Ana Lucíola, cuando las personas vencen la resistencia inicial y se permiten tener contacto con una causa, acaban modificando sus puntos de vista. "Toda acción solidaria, de una forma u otra, sensibiliza a quien está de ese lado", comentó, dejando en claro la real dimensión y el alcance de la solidaridad, que puede significar una diferencia en la vida de cada vez más personas.

Por Flávia Faria, de Brasilia

Gracias a la Voluntaria en Línea Patricia Ávila por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.