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Mujeres colombianas desplazadas luchan contra los abusos sexuales

La Alianza Mujeres Tejedoras de Vida ayuda a las mujeres y niñas colombianas desplazadas a superar violaciones y abusos sexuales y busca justicia en los tribunales.

MOCOA, Colombia, 5 de marzo de 2018 (ACNUR) - Leonor Galeano y su hija adolescente se vieron obligadas a abandonar su hogar debido a los enfrentamientos entre el ejército colombiano y grupos armados. Si bien es cierto que se pusieron a salvo de los disparos, entraron en un nuevo mundo lleno de peligros.

Asentándose finalmente en un nuevo hogar en el sur del país, la hija de 12 años de Leonor se hizo amiga del hijo de un funcionario local. A espaldas de la madre, este violó a la niña repetidamente durante los tres años siguientes, dejándola finalmente embarazada.

“Como somos personas desplazadas, la gente cree que no valemos nada, que no tenemos los mismos derechos que el resto de las personas”, dice Leonor.

Más de cinco décadas de conflicto armado en Colombia han producido el desplazamiento de unos 7,4 millones de personas dentro de las fronteras de su propio país. Las mujeres y niñas como Leonor y su hija - que representan más de la mitad del total de las personas desplazadas - son particularmente vulnerables.

“Hay una profunda interconexión entre la violencia sexual y el desplazamiento”.

Los trabajadores humanitarios informan de que las mujeres desplazadas, preocupadas por necesidades inmediatas como encontrar comida y alojamiento y alejadas de las redes de apoyo de sus familias, son particularmente vulnerables a la explotación sexual mientras buscan cobijo en los márgenes de la sociedad.

“Hay una profunda interconexión entre la violencia sexual y el desplazamiento”, dice Adri Villa, asistente de protección comunitaria de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

“Pero la violencia sexual no es solo una causa del desplazamiento, a veces ocurre durante y después del desplazamiento, una vez se han instalado en su nuevo hogar”, añade.

No hay un registro oficial que recopile datos específicos sobre el número de mujeres y niñas que han sido víctimas de violencia sexual en el contexto del conflicto de Colombia.

Como muchas otras personas que se encuentran fuera de sus hogares y luchando por salir adelante, Leonor no tenía los recursos, el conocimiento ni las herramientas para ejercer sus derechos básicos. Pero, en el departamento sureño de Putumayo, la ayuda estaba cerca.

Desde 2005, un colectivo de 66 grupos aboga por los derechos de las mujeres. Se centra en las dificultades a las que se enfrentan decenas de miles de mujeres desplazadas entre las casi 146.000 víctimas del conflicto armado en la región fronteriza con Ecuador.

“El problema de la violencia sexual… está más extendido entre las familias que han sido desplazadas a la fuerza porque se encuentran en un estado de mayor vulnerabilidad”, dice Fátima Muriel, presidenta de la Alianza Mujeres Tejedoras de Vida.

La Alianza, que es una organización socia de ACNUR, ofrece por toda la región talleres de orientación y empoderamiento a las víctimas de abusos sexuales y, crucialmente, la oportunidad de buscar justicia en los tribunales.

El apoyo financiero a la Alianza es una de las maneras en que ACNUR honra sus compromisos para con las mujeres refugiadas y desplazadas, que incluyen la prevención y respuesta a la violencia sexual y de género.

Mediante la ayuda y asesoría legal de la alianza, la familia Galeano pudo denunciar al funcionario local a la policía. “Sentí mucha rabia y dolor”, dice Leonor, “pero gracias a ACNUR y a la Alianza, este hombre fue finalmente detenido en mayo”.

“Me considero a mí misma una superviviente porque he salido adelante”.

Aunque aún no se ha fijado una fecha para el juicio, Leonor está intentado sacar adelante a su familia - y parece que hay un cambio positivo.

Ahora, mediante la Alianza, participa como activista de los derechos de las mujeres en eventos públicos para concienciar sobre el tema de los abusos. En casa, dice que ha construido un vínculo más estrecho con su hija y su nieto e incluso ha puesto en marcha un pequeño negocio para sacarlos adelante.

Con la Alianza, Leonor, su hija y otras mujeres de la red pueden acceder a talleres que les ayudan a ganar su independencia económica - otra herramienta importante para empoderar a las mujeres desplazadas.

Un acuerdo de paz en 2016 entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) puso fin a las hostilidades.

Cuando Leonor habla de su recién encontrada fuerza es como si se acercara a una paz muy necesaria y, finalmente, pasara página.

“Estoy agradecida porque con la ayuda de la Alianza y de ACNUR he sobrevivido”, dice. “Me considero a mí misma una superviviente porque he salido adelante”.

Por Michelle Begue en Putumayo, Colombia.

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.