Niños refugiados centroafricanos llegan a Camerún con malnutrición

UNHCR and its partners are working day and night to help the growing numbers of Central African children arriving with malnutrition, but the needs are huge. [for translation]

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BATURI, Camerún, 22 de mayo de 2014 (ACNUR) – Hourriatou llora desconsoladamente. Está acostumbrada a perder a seres queridos desde que en su país natal, la República Centroafricana, explotara la violencia el pasado mes de diciembre. Sin embargo, la muerte de su nieto de 18 meses de edad, Djaratou, por desnutrición severa le ha resultado especialmente cruel, y no puede contenerse.

La refugiada de 40 años de edad, proveniente de la República Centroafricana, se sienta y llora en la misma cama del hospital donde el bebé acaba de morir, en la ciudad de Baturi, en el este de Camerún. Ella también estaba siendo tratada de una terrible herida de garrote, infligida por los milicianos durante su huida de la República Centroafricana.

A Hourriatou le resulta difícil comprender por qué Djaratou ha muerto después de haber sobrevivido a un viaje tan extenuante, y en el que encontrar alimentos suficientes para su sustento era parte del desafío. "Anduvimos durante tres meses por la selva. Fue terrible. Solo comíamos hojas en el camino. Caminábamos hasta tener los pies hinchados", recuerda.

Djaratou, que pesaba menos de 5 kilos cuando murió, no es sino uno más entre un creciente número de niños con desnutrición que a diario cruza la frontera. Se estima que el 40 por ciento de los niños menores de cinco años que llegan a la ciudad fronteriza de Gbiti, al este de Baturi, sufren esta condición.

El niño se encontraba junto con otros 100 niños refugiados que recibían tratamiento para la desnutrición severa en el centro de nutrición del Hospital de Baturi. Solo le faltaba recuperar la fuerza necesaria para restablecerse. El centro cuenta con el apoyo del ACNUR y su socio estratégico en temas de salud, Médicos Sin Fronteras (MSF), pero las necesidades son enormes. Solo hay 12 camas, pero tanto madres como abuelas traen a docenas de niños, junto a los muchos más que llegan a diario.

Ya han comenzado las obras para aumentar la capacidad del centro, pero para hacer frente a la demanda, ACNUR ha proporcionado tiendas de campaña donde los niños pueden establecerse con sus madres. "Trabajamos día y noche para ayudar a estos niños a sobrevivir" y a recuperar las fuerzas, dice John Majaliwa, nutricionista de ACNUR que trabaja en el Hospital Baturi.

Algunos de estos pacientes son niños desnutridos transferidos por MSF al hospital de Baturi desde su saturada clínica de salud en la ciudad de Gbiti, en la frontera con la República Centroafricana. Gran parte de los 80.000 refugiados que viven hoy en Camerún han pasado por Gbiti y aproximadamente la mitad son niños (y entre ellos, un 20 por ciento son menores de cinco años).

En las historias narradas tanto por los afligidos y consternados familiares como por aquellos que tratan de salvar las vidas de los más pequeños suele haber un tema recurrente. "Llegan en condiciones extremas después de varios meses sin comer, caminando a través de la selva en la República Centroafricana", explica Majaliwa. "En algunos casos, familias enteras llegan desnutridas", añade, y nos aclara que esto es una indicación del sufrimiento que padecen. En general, los más jóvenes son menos capaces de sobrevivir largos períodos de carencias y penurias físicas.

La historia de Hourriatou es típica. Ella y su familia vivían en el campo, deseando que el conflicto no llegara hasta ellos. Cuando los milicianos atacaron, ella huyó junto con un gran grupo de familiares. Alimentar a un grupo tan grande siempre era complicado y la amenaza de un ataque era constante. El padre y el hermano gemelo del bebé Djaratou murieron en un ataque, que también dejó al niño y a su madre con heridas de machete.

Otra refugiada de 17 años, Habsatou, dice que su familia tuvo que caminar por el monte durante dos meses después de que su aldea fuera atacada. "No teníamos nada para comer excepto leche de vaca y hojas", dice. Nos explica que los milicianos robaron la mayor parte de sus alimentos y sus animales. "Nos pasábamos el día entero caminando y dormíamos a la intemperie".

Su marido murió en el camino y su hijo de dos años de edad, Adama, murió en el hospital de Baturi como consecuencia del extenuante viaje.

Otros pasaron incluso más tiempo en el monte, comiendo raíces y cualquier otra cosa que pudiera alimentarles, escondiéndose de los grupos armados y tratando de llegar a un lugar seguro. Muchos mueren y los que consiguen llegar generalmente se encuentran extremadamente débiles y traumatizados.

Al este de Camerún, explica Majaliwa, no se escatiman esfuerzos para detectar aquellos con desnutrición severa y ayudar a los refugiados para que se asistan entre sí. "Tenemos que proporcionar asesoramiento constante y ayudar a las madres para asegurarnos de que sus hijos tengan la oportunidad de sobrevivir. Nosotros controlamos atentamente a las madres para asegurarnos de que mantienen a sus hijos calientes por la noche y administran el tratamiento correctamente".

Esto incluye leche y Plumpy'nut, una pasta a base de frutos secos para el tratamiento de la desnutrición severa. "Algunos niños son incapaces de consumir leche por sí mismos y es necesario alimentarlos a través de un tubo [por la nariz]", dice Majaliwa. La primera comida del día es a las 6.00 am y la última a las 2.00 am".

Mientras tanto, y a pesar de que el número de refugiados en Gbiti ha descendido recientemente, el ACNUR y sus socios esperan nuevas llegadas cuando los combates en la frontera se atenúen. Los que llegan hablan de muchas personas que aún se encuentran escondidas en la selva. Muchos de ellos serán niños que sufren de desnutrición severa y que necesitan ayuda.

Por Céline Schmitt en Baturi, Camerún

Gracias a la Voluntaria en Línea Laura Salguero Esteban por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.