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Obispo austriaco rompe barreras y construye el entendimiento

Un obispo que se rehusó a permitir la construcción de una cerca fronteriza en el terreno de la iglesia, ayudó a cambiar los corazones y las mentes en Austria.

EISENSTADT, Austria, 28 de diciembre de 2016 (ACNUR) – La posición moral de un obispo católico, que se negó a permitir que construyeran, en terreno de la iglesia, una barrera fronteriza para mantener a los refugiados fuera, ha ayudado a cambiar las políticas del Gobierno Austriaco sobre seguridad fronteriza.

“Es un mandato directo del Señor el ayudar a quienes lo necesitan”, dijo el Obispo Ägidius Zsifkovics, de Eisenstadt, en la región de Burgenland, en la frontera con Hungría.

Su tono compasivo ha alentado a cientos de voluntarios a ayudar a solicitantes de asilo y poner a la región rural en el mapa cuando se trata de integración de refugiados.

Mohammad Reza Eslami vino de Irán con su esposa Mozhgan y sus hijas gemelas, Nikta y Niousha, de 15 años.

Ellos llegaron antes de que se propusiera el plan de la cerca. “Queremos quedarnos aquí, es hermoso”, dijo Mohammad.

“Queremos quedarnos aquí, es hermoso”.

Después de la crisis de refugiados de 2015, las autoridades austriacas consideraron levantar una cerca pero ahora, en una de las aldeas, habrá un control de barrera, que llevará a un contenedor policial, y el ejército se desplegará de ser necesario.

El Obispo dice que él no está en contra de un esquema de revisión. “Todos los estados tienen derecho a proteger sus fronteras”.

En una entrevista en Viena, el obispo, cuyos antepasados croatas huyeron de los otomanos hace cinco siglos, explicó por qué estaba horrorizado ante la idea de una cerca para Burgenland.

“Yo crecí aquí, con la Cortina de Hierro, y experimenté las humillaciones en el cruce fronterizo junto con mi abuelo. Él era vendedor de vino, y le vendía a clientes húngaros”.

Cuando el gobierno primero planteó el plan de la cerca, tres de los veinte dueños de los terrenos, incluyendo a la iglesia, se rehusaron a cooperar. El Obispo después se reunió con el Ministro de Interior, Wolfgang Sobotka, para explicarle su posición.

“El Gobierno no estaba contento”, dijo él. “Pero la discusión terminó cuando dejé claro que no habría una cerca en el terreno de la iglesia mientras yo continuara siendo el Obispo de Eisenstadt”.

El clérigo también se ha ganado a sus feligreses, algunos de los cuales estaban temerosos cuando, en otoño de 2015, vieron a 200.000 refugiados cruzar la frontera desde Hungría.

“Ellos venían por la frontera a pie”, dice el obispo. Algunas de nuestras personas mayores estaban asustadas. Ellos decían “los rusos están llegando”. El miedo no es un buen maestro”.

Superando el miedo, la organización Caritas entró en acción, reclutando a cientos de voluntarios. La mayoría de los refugiados continuó su camino, pero la diócesis de Eisenstadt dio albergue temporal a 1.000 personas y ahora está ayudando a integrar a más de 500 que decidieron quedarse y hacer nuevas vidas en las llanas y vitivinícolas tierras limítrofes.

“Estábamos planeando ir a Alemania”, dice Jaodat Akraa, de 21 años, de Alepo. “Pero nos encontramos con gente tan agradable de la iglesia que mejor decidimos quedarnos aquí. Este fue el primer lugar que nos dio la bienvenida”.

“Este fue el primer lugar que nos dio la bienvenida”.

La familia Akraa, compuesta por madre, padre y tres hijos, se aloja en el pueblo de Pöttsching en un apartamento que solía ser la estación de policía. Jaodat realiza trabajos manuales para la comunidad, mientras que también viaja a Viena para estudiar en la Universidad Técnica. Su hermana Rand, de 20 años, ya calificada en Siria, trabaja en el jardín de niños local.

Kingsley Okonweze, de 25 años, y Amen Goody Saint Paul, de 23 años, de Nigeria, están enseñando deportes a personas discapacitadas en un hogar para discapacitados administrado por Caritas del pueblo de Wimpassing an der Leitha.

“Nuestro hogar necesitaba nuevas caras”, dice la directora Christina Schaffler. “Las visitas de Kingsley y Goody son interesantes y divertidas”.

Los jóvenes, ambos cristianos, dicen que huyeron de Nigeria por razones religiosas y políticas. Ellos consideran que están haciendo algo útil mientras esperan una respuesta a sus solicitudes de asilo. “Me gusta este campo de la terapia deportiva”, dice Kingsley. “Quiero terminar mi educación, conseguir un trabajo y tener una familia aquí”.

En Haus Klara, un antiguo monasterio que ahora es un hogar para los refugiados en la aldea de Forchtenstein, las mujeres afganas y austriacas tejen juntas, mientras disfrutan del té y pasteles en un “café artesanal”.

“Quiero terminar mi educación, conseguir un trabajo y tener una familia aquí”.

Los afganos por lo general tienen que esperar más tiempo que los sirios por las decisiones de asilo, dice el gerente Nicole Bogner. “Tratamos de darles pequeños trabajos de limpieza en la casa, para que tengan algo de dinero, y ellos están dispuestos a hacerlo, sólo para estar ocupados”.

Mientras tanto, Rula Aborashed, de 39 años, y su esposo Amjad Ibraheem, de 31 años, ambos palestinos provenientes de Siria, dramatizaron la historia de Ali Baba y los 40 Ladrones en un festival de cuentos de hadas que se mostró en la televisión local a principios de este año.

Rula y Amjad, que viven en Haus Franziskus en Eisenstadt, tuvieron un difícil viaje desde Siria. Pasaron por el territorio de la milicia Jabhat al-Nusra y recibieron disparos del ejército turco. Sueñan con poseer pasaportes austríacos y hacer de Burgenland su hogar.

Burgenland ha visto oleadas de refugiados antes, los húngaros, que vinieron después de que los tanques soviéticos aplastaran su levantamiento en 1956, y los alemanes del este, que dejaron su país en 1989.

Las últimas llegadas han venido de más lejos y de diferentes culturas. “Pero”, dice el obispo Zsifkovics, “después de la reacción inicial de “¿quiénes son?” La mayoría de nuestra gente ha mostrado una actitud generosa y ha habido ayuda y aceptación para los refugiados en esta parte de Austria”.