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Obligados por el hambre, iraquíes arriesgan todo para huir de la violencia en Mosul

Ante la falta de alimentos y atención médica, las familias de la ciudad de Hawiga se enfrentan a caminar por campos de minas para alcanzar la seguridad en el campamento del ACNUR.

CAMPAMENTO LAYLAN 2, Kirkuk, Irak, 16 de diciembre de 2016 (ACNUR) - Impulsada por el hambre, la madre iraquí Iqbal Qalaf recorrió con sus hijos un campo minado en la oscuridad en busca de comida y seguridad.

“Nadie estaría tan loco como para caminar durante tres horas en la noche, pero tuvimos que hacerlo, teníamos hambre. Tuvimos que atravesar áreas minadas”, dijo, abrazando a su hijo menor, poco después de que llegaran al campamento Laylan 2.

Ella es parte de los cientos de iraquíes desplazados que llegaron por la noche, pasando a través de los ríos, caminando a través de los campos de minas y cargando a sus hijos hasta llegar a la seguridad en el campamento recientemente abierto, al sur de la ciudad de Kirkuk.

"Nadie estaría tan loco como para caminar durante tres horas en la noche, pero tuvimos que hacerlo, teníamos hambre".

"Tengo tanto frío y cansancio, hemos estado caminando desde ayer por la noche", dijo Bade Hussein, de 33 años, cuando llegó al campamento desde su ciudad natal, Hawiga, provincia de Kirkuk.

El distrito de Hawiga cayó en el verano de 2014 y ha estado cercado desde que las fuerzas de seguridad iraquíes avanzaron hacia los alrededores de Shirgat a principios de este año, antes de la ofensiva para retomar la ciudad de Mosul y sus alrededores.

Además de los casi 97.000 desplazados por los combates en Mosul y sus alrededores desde el comienzo de la ofensiva el 17 de octubre, se estima que 51.000 personas también han huido del deterioro de la situación humanitaria en Hawiga y sus alrededores desde agosto. Los civiles han informado de la falta de acceso a la atención médica y que los niños sufren de malnutrición.

El campamento Laylan 2 fue abierto por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, a principios de diciembre en respuesta al gran número de desplazados que huyen de Hawiga. Cientos de civiles han estado llegando a las líneas de frente del peshmerga kurdo cada semana después de caminar toda la noche sobre terreno abierto lleno de explosivos.

El 10 de diciembre, más de 500 desplazados iraquíes llegaron a Laylan 2. Se espera que estos números aumenten en las próximas semanas, a medida que los suministros en la ciudad disminuyen críticamente. Las familias se ven obligadas a pagar a traficantes para escapar a territorio controlado por los kurdos a fin de encontrar alimento.

“Si fueras a Hawiga llorarías de hambre. No hay medicina para los enfermos, nada. Las personas con asma se encuentran en una situación muy difícil”, dijo Bade, cuyo primo fue asesinado por los extremistas porque trabajaba como traficante y vendía cigarrillos, lo cual está prohibido, contó ella.

“Las personas que huyen para salvar sus vidas están en un estado de angustia absoluta y necesitan apoyo moral y material”.

"No quedaba nada, sólo un poco de trigo podrido que aplastábamos para hacer pan, así que tuvimos que escapar”. Durante cinco meses, las personas de su pueblo no tuvieron té. “Esperaba un futuro brillante para mis hijos, pero cuando [los extremistas] vinieron, todo quedó destruido. Estamos en muy mal estado y necesitamos ayuda de inmediato”.

“Espero que sea mejor aquí”, dijo Bade, mientras revisaba su nueva tienda en la oscuridad después de alcanzar la seguridad. “En el otro lado es horrible, se llevan a los niños y los matan”. Su hija menor tosió y sacudió un frasco de plástico vacío que había contenido algo de leche. Sus cuatro pequeños hijos tenían lesiones cutáneas y vestían ropa sucia y húmeda.

Las familias que llegaron a Laylan 2 el sábado por la noche recibieron cobijas, colchones y paquetes de comida del ACNUR y sus organizaciones socias. Al ponerse el sol, fueron llevados a las tiendas que les asignaron.

A medida que el conflicto de Mosul entra en su tercer mes y el número de personas desplazadas asciende a 100.000, el ACNUR está reforzando su capacidad para albergar y apoyar a los civiles que huyen de la lucha cuando inicia el clima frío.

El fondo de respuesta a emergencias del ACNUR en Mosul, fijado en 196,2 millones de dólares, está financiado en un 57 por ciento. El vacío de financiamiento más grande es para el programa de invierno, con miles de familias en necesidad urgente de apoyo para sobrevivir el duro frío invernal.

“Las personas que huyen para salvar sus vidas están en un estado de angustia absoluta y necesitan apoyo moral y material”, dijo Bruno Geddo, Representante del ACNUR en Irak. “Nuestra prioridad como ACNUR es asegurarnos de que reciban artículos de socorro y tengan acceso a un lugar seguro tan pronto como lleguen a nosotros”.

Los grupos armados se apoderaron de los hospitales y ambulancias del distrito, por lo que las familias no han tenido acceso a atención médica. Los combatientes confiscaron animales y equipos agrícolas de los civiles e impusieron severos castigos por fumar o intentar escapar.

Las familias que escapaban de Hawiga y los pueblos cercanos dijeron al ACNUR que vivían de pan hecho con trigo rancio y agua después de que artículos básicos como la pasta de tomate y el azúcar se volvieran demasiado caros.

“No había nada para comer. El precio de la pasta de tomate era de 35.000 dinares (unos $30 dólares) por kilo y el azúcar de 40.000 dinares (unos $34 dólares)”, recordó Qalaf. “Nuestros hijos casi mueren de hambre”.