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ONG brasileña ayuda a los refugiados a volver a la vida profesional

Una organización socia del ACNUR orienta a los refugiados a través del complejo proceso de certificar sus cualificaciones profesionales.

SÃO PAULO, Brasil, 07 de febrero de 2018 (ACNUR) – Cada mañana, Salim Alnazer viaja en dos líneas de metro y toma dos trenes y un autobús para ir al trabajo. El refugiado sirio de 32 años deja su casa en São Caetano do Sul, en las afueras de São Paulo, a alrededor de las 7 a.m. para asegurarse de llegar a tiempo.

Comienza su día en la planta baja con los otros cinco empleados de Jadlog, una empresa de transporte y logística donde es el farmacéutico residente.

Él revisa que los paquetes que contienen los medicamentos y los suplementos dietéticos estén listos para salir a las farmacias locales. Por la tarde, a menudo está en su oficina en el segundo piso, donde se encarga del papeleo y se prepara para los próximos días.

Alnazer y su esposa, Salsabil Matouk, ambos farmacéuticos que vivían en Damasco, llegaron a São Paulo hace tres años con su hija mayor Jury, gracias a la política de puertas abiertas que ha mantenido Brasil con las personas sirias que huyen del conflicto.

El procedimiento especial de visas en los consulados de Brasil en el Oriente Medio permitió a la familia viajar al país más grande de América Latina, donde pudieron presentar su solicitud de asilo.

Ellos temían la posibilidad de haber dejado atrás sus carreras. Sus diplomas sirios tenían que estar certificados, pero el proceso era demasiado caro y complicado, así que Alnazer trabajó en una tienda de accesorios para teléfonos celulares y Matpouk empezó a preparar y vender comida siria.

A pesar de esto, él nunca se dio por vencido. Él intentó obtener información de las universidades responsables de la validación de los títulos, pero incluso allí no estaban seguros de cómo asesorarle.

Alnazer buscó ayuda en un chat en línea de sirios que viven en Brasil. Alguien le sugirió que acudiera a Compassiva, una organización no gubernamental que ayuda a las personas refugiadas con sus diplomas, en alianza con ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

El proceso puede ser largo y  tedioso, pero el apoyo que recibieron Alnazer y Matouk, incluyendo las clases de portugués para ayudarles con su futura búsqueda de trabajo, le dio esperanza a la pareja.

“La validación de los títulos es el primer paso para que estas personas retomen su dignidad y su identidad”.

“No es solo un trozo de papel”, dice André Leitão, presidente ejecutivo de Compassiva. “La validación de los títulos es el primer paso para que estas personas retomen su dignidad y su identidad”.

La ONG ha ayudado a unos 60 refugiados a enviar solicitudes y a 20 de ellos les han reconocido sus diplomas. Cuando comenzó el programa, el 90% de las solicitudes provenían de sirios, muchos de los cuales son ingenieros, médicos y dentistas. Ahora, representan aproximadamente el 50 por ciento, ya que los refugiados de otros países han comenzado a pedir ayuda.

Unos días después de que su espera llegara a su fin y sus diplomas fueran validados, Alnazer y Matouk estaban vendiendo comida siria en un evento de Compassiva cuando un ejecutivo de Jadlog se acercó a la ONG en busca de un farmacéutico. Alnazer dice que tuvo suerte de estar allí ese día, pero si le preguntas a su jefe, fue su competencia como farmacéutico lo que le dio el trabajo.

“Estudió cinco años para ser farmacéutico y debido a lo que sucedió en su país, terminó en Brasil”, dice Genivan Borges, dueño de la franquicia Jadlog donde trabaja Alnazer.

“Si cierras las puertas [a los refugiados] y dices que no, es posible que te pierdas una gran oportunidad. Para mí, esa oportunidad fue Salim. Él es un excelente profesional”.

Jadlog planea organizar una pasantía a tiempo parcial en una farmacia para familiarizarlo con las prácticas de trabajo en Brasil y darle experiencia en el trato con clientes brasileños.

Su hija Jury, que ahora tiene 6 años, está en la escuela durante el día, pero los otros dos hijos de la pareja, Walid, de 3 años, y Yasmin, de ocho meses, que nacieron en Brasil, todavía están en casa con su madre. Ella podría aceptar una oferta de Jadlog una vez que todos los niños estén en la escuela, dice ella.

Por ahora, la familia está feliz de estar en un lugar que los ha acogido y les ha dado la oportunidad de reconstruir sus vidas.

“Muchos países tienen paz. Pude haberla encontrado en muchos lugares”, dice Alnazer. “Pero no solo encontré la paz aquí en Brasil. Encontré un futuro”.

 

Por Jill Langlois