Para los refugiados reasentados en Baltimore muchas necesidades, un solo destino

BALTIMORE, Estados Unidos, 22 de octubre (ACNUR) – Tras dos años de haber llegado a Estados Unidos, Ahmed al Badri, un refugiado reasentado iraquí, regresó al Centro para el Reasentamiento de Baltimore.

El Centro para el Reasentamiento de Baltimore asiste a los refugiados durante el proceso de integración reuniendo bajo el mismo techo a cinco diferentes entidades.  © ACNUR/T.Irwin

BALTIMORE, Estados Unidos, 22 de octubre (ACNUR) – Tras dos años de haber llegado a Estados Unidos, Ahmed al Badri, un refugiado reasentado iraquí, regresó al Centro para el Reasentamiento de Baltimore.

Las instalaciones proveen asistencia a cientos de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes cada año, pero el propósito de Badri era solamente saludar y ponerse al tanto con las personas del equipo que lo ayudaron a empezar en una ciudad conocida por muchos televidentes como la sede del crudo drama policíaco "The Wire".

Badri llegó a Baltimore con su esposa y su hijo pequeño en octubre del 2008 luego de ser propuesto para el reasentamiento por la oficina del ACNUR en Amman, Jordania. Como todos los refugiados reasentados que comienzan en esta ciudad, su primer apabullante día en Estados Unidos comenzó en el Centro para el Reasentamiento.

Ahora trabaja como técnico para una compañía importante, y cuida de sus padres, quienes se unieron a la familia el año pasado, también está estudiando para convertirse en chofer de camión. "La vida en los Estados Unidos es buena, pero dura", comenta. "Tienes que trabajar muy duro para salir adelante. No lo habría logrado solo".

En casi todas las ciudades de los Estados Unidos, acceder a la ayuda disponible para facilitar la integración de los refugiados recién llegados implica visitar diferentes agencias en distintos lugares. El enfoque de "todo en un lugar" del Centro de Baltimore, que une a cinco organizaciones gubernamentales y no gubernamentales bajo el mismo techo, permite a los refugiados encontrar trabajo, aprender inglés, ser vacunados, así como conseguir apoyo psicosocial, todo con un solo pasaje de bus.

"El Centro para el Reasentamiento facilita el acceso a diferentes servicios a los recién llegados, pero también nos permite proveer esos servicios de una forma más completa y efectiva", dice Robert Dira, director ejecutivo para el International Rescue Committee, una de las dos organizaciones sin fines de lucro que trabajan en el Centro. "Al trabajar junto con otras organizaciones podemos intercambiar información más fácilmente y darle seguimiento a los progresos de los beneficiarios, atendiendo mejor cualquier necesidad".

Hace tres años, Chandra Bajgai estaba recibiendo asesoría acerca de todo, desde encontrar un trabajo hasta cómo utilizar el sistema de transporte de Baltimore. Hoy este refugiado de Bután escribe para la recién formada Asociación de Butaneses en América. Desde su cubículo en el Centro para el Reasentamiento, Bajgai ayuda a refugiados Butaneses – uno de los principales grupos de refugiados que llegan a los Estados Unidos – a superar los muchos retos que implica el comenzar una nueva vida en otro país. La necesidad más apremiante es aprender inglés.

El primer trabajo de Bajgai fue como cajero en un estacionamiento y a pesar de que se consideraba capaz de comunicarse en inglés, quedó sorprendido al darse cuenta en su primer día de trabajo que no comprendía una sola palabra de lo que decían sus compañeros de trabajo. "Hablaban tan rápido, que podría haber sido una lengua totalmente distinta", recuerda. "Ahora somos más y podemos ayudar a las nuevas familias. Es más sencillo que al principio".

Con la tasa de desempleo por encima del 9 por ciento en los Estados Unidos los empleos no calificados, que normalmente son el primer paso a seguir para integrarse a la fuerza laboral, son más difíciles de encontrar.

Mamadou Sy, que dirige el programa de acceso al empleo de la organización Lutheran Social Services, explica que en el pasado los empleadores contrataban a grupos enteros de refugiados reasentados, mientras que hoy en día es más probable que contraten a uno o dos. "Ahora, cuando un refugiado es entrevistado para un trabajo, es más probable que esté compitiendo con un estadounidense nativo, que habla inglés con fluidez. Antes no era así", dice Sy.

La unidad de acceso al empleo continúa a encontrar trabajos para los refugiados a un ritmo más alto de lo esperado, un logro que Sy atribuye al reconocimiento, por parte de los empleadores, de la determinación de los recién llegados en querer triunfar en los Estados Unidos. Sin embargo reconoce que los sueldos son bajos, con frecuencia ligeramente por encima del salario mínimo de Estado.

A pesar de adaptarse con mayor rapidez que sus padres, los niños refugiados enfrentan sus propios retos. El acoso en la escuela es común y a menudo los niños son sacados de clases por tener que ayudar a los padres que no hablan inglés. También pasa que los padres no puedan ayudarles con la tarea o participar de su vida escolar. Un fondo de la Oficina Federal para el Reasentamiento de Refugiados permite que el Centro maneje un programa de integración juvenil del que participan 150 jóvenes reasentados cada año.

"Necesitamos seguir educando a la comunidad respecto a los refugiados que llegan aquí", dice Robert Dira. "Apoyamos a los refugiados cuando llegan, pero también debemos informar a la gente junto a la cual estarán viviendo y trabajando sobre quiénes son estos nuevos residentes, de dónde vienen y cómo llegaron aquí".

Además de las organizaciones International Rescue Committee y Lutheran Social Services, el Centro para el Reasentamiento reúne el Baltimore City Community College, el Sistema de Salud de Baltimore y el Departamento de Servicios Sociales de Maryland.

Por Tim Irwin en Baltimore, Estados Unidos