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Para los yemeníes en Taiz, sobrevivir es un desafío

Desde que el conflicto en Yemen empeoró el 26 de marzo del año pasado, alrededor de 21,2 millones de personas requieren algún tipo de protección o asistencia humanitaria.

TAIZ, Yemen, 24 de marzo de 2016 (ACNUR) - El noviembre pasado, el encargado Abduh Kaid Farhan caminaba por la ciudad yemení de Taiz, devastada por la guerra, cuando impactó un proyectil que lo hirió gravemente.

Si bien fue llevado al hospital de inmediato, falleció ese mismo día. Su muerte dejó como saldo una familia destrozada que, a duras penas, se las arregla para sobrevivir en una ciudad que es en un campo de batalla desde hace un año.

“No sólo era mi tío, sino también mi mejor amigo. Siento un dolor inmenso por su pérdida”, expresó su sobrino Ali, quien también es encargado y, como muchos yemeníes, está afrontando las crecientes adversidades ocasionadas por la guerra.

Desde la muerte del Abduh en noviembre, su madre, padre, cinco hermanas y dos hermanos debieron esforzarse aún más para sobrevivir.

“Estoy muy preocupado por lo que sucederá. ¿Cuándo acabará esto?, se pregunta Ali mientras sujeta la mano de su mujer Um Ahmed. “¿Cuándo vamos a recuperar nuestras vidas? ¿Qué futuro puedo dar a mis hijos?”.

Su situación no es un caso aislado. Desde que el conflicto en Yemen empeoró el 26 de marzo del año pasado, alrededor de 21,2 millones de personas -que representan el 82% de una población de 26 millones de habitantes- requieren algún tipo de protección o asistencia humanitaria.

Los habitantes de gran parte de Taiz, que es la tercera ciudad más grande de Yemen con una población de 600.000 individuos, se vieron azotados por algunas de las batallas más intensas. Como resultado de un bloqueo en las principales rutas de acceso a la ciudad, los residentes no han podido recibir ayuda por nueve meses.

Como Ali y su familia, los demás yemeníes han tenido que lidiar con la falta de atención médica, agua potable, combustible y medicamentos esenciales. Al mismo tiempo, el costo del abastecimiento de los escasos alimentos se encareció de forma exorbitante como consecuencia del conflicto.

“En esta guerra, la gente se está muriendo de hambre, y lo niños viven con miedo, incluso si tienen refugio”, relató Ali, quien trabaja descargando y cargando camiones de vez en cuando. “Hay veces que tenemos que salir desesperados a buscar cualquier comida que haya disponible para alimentar a nuestras familias. Si sobrevivimos un día, es difícil hacerlo al día siguiente”.

Por tal motivo, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) insta a todas las partes involucradas que permitan el acceso de la asistencia humanitaria, principalmente en las áreas más afectadas como Taiz. En esta ciudad, se encuentran la mayoría de los desplazados internos y otras comunidades azotadas por la guerra.

Yemen está haciendo frente a la peor crisis humanitaria de la historia, y se deben atender las necesidades de los desplazados internos y las demás comunidades afectadas por el conflicto”, recalcó Johannes van der Klaauw, representante de ACNUR en Yemen.

A pesar de todos los obstáculos, el mes pasado, ACNUR logró entregar mantas, colchones y otros artículos de socorro a más de 1.000 familias. Dichas familias habían quedado totalmente aisladas por meses debido a las batallas libradas en los distritos de Al Qahirah, Salh y Al Mudhaffar.

ACNUR también aprovechó la reapertura de caminos estratégicos para el acceso a Taiz, ocurrida el 11 de marzo, para entregar artículos de socorro provenientes de Aden, cuya necesidad era imperante. Estos artículos fueron destinados a 1.000 familias en los distritos de Mashra'a Wa Hadnan y Sabir Al Mawadim, ubicados en el sur de Taiz.

La única esperanza para Ali, Um Ahmed y su familia es que termine esta guerra implacable que obligó a 173.000 personas a huir de Yemen y trajo consigo dolor y miseria a millones de yemeníes que continúan en el país.

“Rezamos para que haya paz”, manifestó. “Para que podamos trasladarnos libremente sin temor”.

Escrito por Teddy Leposky en Sana’a, con información de Mohammed Al Hasani en Taizz, Yemen.

Gracias al Voluntario en Línea Mauro Javier Tallarico por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.