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Refugiada que recibió una segunda oportunidad en Canadá ayuda a una familia siria a encontrar la seguridad

Cuando le brindaron la oportunidad de volver a empezar desde cero en Toronto, Thuy Nguyen hizo la promesa de devolver el favor algún día. Ahora ayuda a empezar una nueva vida a la familia Numan, de Siria.

Cuando Thuy Nguyen dio por primera vez la bienvenida a la nerviosa familia Siria en el aeropuerto de Toronto, en enero de 2016, este encuentro despertó una oleada de recuerdos.

TORONTO, Canadá, 3 de enero de 2016 (ACNUR) - "Fue muy emotivo", cuenta Thuy, de 53 años. "Me sentía muy identificada con lo que estaban sintiendo. Podía notar su sensación de pérdida. Pero también su emoción por un nuevo comienzo".

Hace 41 años Thuy también se reasentó en Canadá como refugiada a la tierna edad de 12 años, tras haber escapado en 1975 de un Vietnam azotado por la guerra junto con siete de sus hermanos y hermanas.

Dejaron atrás a sus padres y se embarcaron camino a Corea del Sur en un trayecto que duraría dieciocho días. Una vez que llegaron a tierra, pasaron dos meses en un campo de refugiados surcoreano. Según Thuy, "tienes la vaga impresión de que tu vida se está desmoronando, pero conservas el optimismo de la juventud, consciente de todas las cosas maravillosas que vas a hacer; fue en eso en lo que nos concentramos".

En el aeropuerto, entre los nerviosos miembros de la familia, Thuy localizó a Narjes Numan, la mayor de siete hermanos. "Cuando vi a Narjes pude ver cómo era yo cuando llegué con trece años... y también todas las experiencias que iba a atravesar".

La familia Numan se encuentra entre los 13.000 refugiados reasentados en Canadá durante el pasado año a través del programa de patrocinios privados de este país. Este sistema, que se originó a finales de la década de 1970 para ayudar a refugiados vietnamitas como Thuy Nguyen, permite que los residentes aúnen dinero y recursos para brindar apoyo social y financiero durante un año.

Dos años después de haber llegado a Canadá, Thuy y sus hermanos pudieron patrocinar a sus padres y reunir así a

"Podía notar su sensación de pérdida. Pero también su emoción por un nuevo comienzo".

"[Mis padres] nos imbuyeron de un sentido de la responsabilidad social", explica Thuy. "La idea de que, algún día, ayudaríamos a otros que se encontraran en nuestra situación".

Ese día llegó por fin en 2016, cuando Thuy y su marido Michael empezaron a leer con detenimiento una lista de familias sirias que contaban con la aprobación para el patrocinio. Cuando vio una familia de nueve miembros no dejó pasar la oportunidad.

Thuy, que tiene catorce hermanos, explica: "Le dije a Michael: vengo de una familia grande, voy a poder con esto".

Para la familia Numan, la noticia de que podían trasladarse a Canadá llegó como venida del cielo.

En un momento de la guerra en que las bombas caían sobre Homs, la ciudad de la que procede la familia, se vieron atrapados en el interior de su casa y permanecieron más de una semana encerrados en el baño. Durante los escasos momentos de tranquilidad se aventuraban al exterior en busca de comida. Las bucólicas vacaciones de verano junto al mar y en el campo en compañía de sus parientes se esfumaron de golpe. "No quería ver morir a mis hijos", cuenta Mohamed, el padre, mientras explica su decisión de huir.

La familia huyó de Siria al Líbano y de ahí a Jordania en busca de seguridad. Pero en los dos años que pasaron en Amán no encontraron ni trabajo ni estabilidad. Todos los miembros de la familia dormían en una única habitación dentro de un apartamento abarrotado.

A lo largo y ancho: Refugiados sirios empiezan una nueva vida en Canadá.

Narjes recuerda: "El día que supimos que vendríamos a Canadá papá vino a contárnoslo y yo le dije '¡caramba!' ¡y empecé a cantar y a bailar porque íbamos a venir a Canadá! Fue una sensación maravillosa".

En su primera noche en Toronto la familia temía morir congelada, por lo que durmieron con todas sus ropas nuevas de invierno puestas; enseguida notaron que la calefacción del edificio les hacía sudar.

Mohamed, que recibió formación como soldador en Siria, dice que no hay nada que quiera más que volver al trabajo para mantener a su familia y aportar a la comunidad. "Me encanta mi trabajo y hay que beneficiar al país con las cosas que se saben hacer", dice. Sin embargo, el inglés le supone un desafío que dificulta tanto el trabajo como la capacidad de expresarse con claridad.

"Nos han acogido y ni siquiera puedo devolvérselo".

Cuando Thuy, Michael y otros patrocinadores vienen a visitarlos, se siente impotente. "No puedo decir nada más que 'bienvenidos'". A veces lo único que quiero es sentarme a charlar con ellos. Quiero contarles cosas de mi vida y lo que hay en mi corazón, pero no puedo".

Para Thuy, su objetivo es darle a la familia algo que ella nunca tuvo plenamente: una red de seguridad. Recuerda demasiado bien cómo, recién llegada a Canadá, se sentía superada por la ansiedad ante una nueva cultura y un nuevo idioma.

"Los patrocinadores y yo hemos prometido que estaremos en contacto para toda la vida", dice Mohamed. "Nos han acogido y ni siquiera puedo devolvérselo. Pero si alguna vez uno de ellos se pone enfermo o me necesita, quiero que me llamen. Les ayudaré".

A lo largo y ancho es una serie de historias que retrata a canadienses que han dado la bienvenida a refugiados sirios con apoyo y compasión. Desconocidos, amigos, familias y comunidades de todo el país están creando fuertes lazos de amistad que van más allá de la lengua y la cultura, justo cuando más falta hacen.

Por: Leyland Cecco y Annie Sakkab en Toronto, Canadá.

Gracias al Voluntario en Línea Jaime Guitart Vilches por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.