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Refugiado en Malawi vende sus guitarras en todo el mundo

Palushong vive con su familia en el campamento de refugiados de Dzaleka, en Malawi, donde produce guitarras que son vendidas en todo el mundo.

DZALEKA, Malawi, 6 de abril de 2016 (ACNUR) - Escondido entre los polvorientos senderos del campamento de refugiados de Dzaleka se encuentra el corazón de un negocio que hace vibrar sus cuerdas en todo el mundo.

En una de las casas de adobe apiñadas en el abarrotado campamento, se puede encontrar a Patron Palushong tallando y puliendo guitarras de madera artesanales, su producto estrella.

Nacido en 1980 en la República Democrática del Congo, Palushong aprendió a hacer guitarras en un centro de formación en su ciudad natal de Bukavu, en la parte oriental, muy castigada por el conflicto, de ese vasto país. Huyó de la guerra civil en la RDC en 2007, y resultó separado de su esposa. La pareja volvió a reunirse con él en el campamento de Dzaleka, a las afueras de la capital de Malawi, Lilongwe, donde viven ahora con dos hijas.

Dándose cuenta de que podía utilizar sus conocimientos en la construcción de guitarras para sobrevivir, se puso manos a la obra.

“La vida en el campamento puede ser muy dura si estás sin hacer nada”, dice Palushong. “Pero la gente que tiene habilidades especiales como yo puede sobrevivir de una u otra manera. Mi objetivo es no depender de los subsidios de ACNUR para siempre, sino sobrevivir por mí mismo. Empecé a construir guitarras en la RDC, y continué incluso cuando llegué aquí”.

Se corrió la voz de su trabajo meticuloso y su maestría y pronto sus guitarras se vendían rápidamente no solo en Malawi, sino también a clientes en los Estados Unidos, Suecia, Noruega, Canadá, Irlanda y el Reino Unido.

Palushong lleva casi una década siendo refugiado en Malawi. De acuerdo con las estrictas reglas del país, todos los refugiados deben vivir en Dzaleka.

Patron dice que la vida en el campamento es todo un reto, pero sus conocimientos, talento y toque emprendedor han hecho posible su supervivencia.

© ACNUR/ K.ShimohTambién ha recibido formación en emprendimiento y desarrollo comunitario del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), socio de ACNUR en Malawi, que ha ayudado a su negocio a despegar.

Palushong dice que su trabajo requiere concentración, así como finura a la hora de tallar la guitarra, pulirla, equilibrarla y afinarla. Le lleva varias semanas completar un instrumento utilizando productos como madera, cuerdas y, a veces, cuero.

“Además del trabajo físico, construir una guitarra exige mucha resistencia física, meticulosidad y cálculo mental, para obtener un producto lo suficientemente sofisticado para el consumo internacional”, dice.

El dinero que gana mantiene a la familia y le permite comprar equipamiento para su campo de maíz y apoyar otros pequeños negocios en los que participa.

Algunas de las guitarras se venden a clientes que visitan el campamento de refugiados de Dzaleka y a músicos que viven en Malawi. Pero la mayoría son encargos de personas en el extranjero a los que ni siquiera conoce.

El objetivo de Palushong es ampliar el negocio usando su visión para los negocios y su determinación, pero dice que la falta de capital es un obstáculo importante.

Monique Ekoko, representante de ACNUR en Malawi, dice que a ACNUR le gustaría seguir ayudando a los refugiados en Dzaleka y en todo Malawi a ser independientes. “Pero la falta de recursos no nos permite facilitar más capital para poner en marcha negocios”, añade.

Las raciones de alimentos sufrieron recortes entre octubre de 2015 y enero de 2016, y los refugiados de Dzaleka a duras penas consiguen salir adelante.

“Estamos felices de que algunos de nuestros refugiados, a pesar de los muchos retos a los que nos enfrentamos para apoyarlos, estén utilizando algunas de las oportunidades que estamos poniendo a su disposición para mejorar su situación, sobre todo a través de varias formas de emprendimiento. Es cada vez más importante que los apoyemos en eso, ya que los refugiados de Dzaleka son casi completamente dependientes de la ayuda internacional”, dice Ekoko

El campamento de Dzaleka fue establecido por el Gobierno de Malawi en 1994 y acoge a más de 25.000 refugiados procedentes principalmente de la región de los Grandes Lagos y del Cuerno de África.

Hay más de 35.000 personas de interés del ACNUR en Malawi, de los que más de 10.000 son solicitantes de asilo de Mozambique. Han ido llegando desde diciembre de 2015, huyendo de los enfrentamientos entre los rebeldes de RENAMO y las fuerzas gubernamentales mozambiqueñas.

Kelvin Shimoh, desde el campamento de refugiados de Dzaleka, en Malawi.

Gracias a la Voluntaria en Línea, Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.