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Refugiados cubanos trabajan duro para recomenzar sus vidas en Montenegro

Después de huir de la persecución política en Cuba, Raúl y su familia están determinados a construir una nueva vida y aprender un nuevo idioma en Montenegro.

PODGORICA, Montenegro, 21 de agosto de 2017 (ACNUR) - Son las 4:30 de la mañana cuando Raúl, de 31 años, se levanta de su cama. Hoy, como todos los días, él está tan determinado a darle a su familia una mejor vida que la que experimentaron en su lugar natal, que caminará seis kilómetros en la capital montenegrina de Podgorica.

Raúl ha vivido en Montenegro por casi un año, después de huir de la persecución política en Cuba junto con su esposa y sus dos hijos. Ocho meses después de su estancia en un centro para solicitantes de asilo, la familia se fue a vivir sola, tarea abrumadora tan lejos de su hogar y sin suficiente conocimiento del idioma local.

Pero junto con otros refugiados en Podgorica, Raúl participó en un taller organizado por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y la Oficina de Empleo de Montenegro, para apoyar su integración.

El taller consistió en sesiones grupales y consultas individuales con los participantes, trazando sus habilidades e intereses al mercado de trabajo. Posteriormente, los participantes también asistieron a un curso intensivo de cinco días de duración, financiado por el ACNUR y adaptado para ayudarles a adquirir los fundamentos del lenguaje para permitirles interactuar con sus posibles empleadores y compañeros de trabajo.

“Realmente trato de comunicarme en el idioma local siempre que puedo”.

Raúl, un refugiado cubano de 31 años, trabaja en las afueras de la capital montegrina de Podgorica. © ACNUR/Radonja Srdanovic

“Fue poco tiempo, pero aprendimos mucho”, dice Raúl. “Antes, apenas podía entender una palabra de montenegrino, pero sentí una mejora significativa después del curso. Ahora tenemos la oportunidad de socializar más cuando salimos”.

Raúl recientemente consiguió un trabajo en la compañía de recolección de residuos municipales.

“Este trabajo llegó en el momento adecuado, ya que había estado buscando una manera de empezar a ganar dinero una vez que salimos del centro. No es un trabajo ideal, ya que trabajo toda la mañana bajo el fuerte sol, caminando hasta 10 kilómetros en las calles, pero tengo una familia a la que apoyar”.

El taller también permitió a otro refugiado cubano encontrar trabajo. Yaster, de 34 años, a quien se le reconoció la condición de refugiado en Montenegro en diciembre de 2016. También permaneció en el centro durante varios meses, pero ahora vive en un alojamiento privado con el apoyo del ACNUR a través de una intervención de asistencia en efectivo de seis meses. Aunque él es un enfermero calificado, Yaster se gana la vida en Montenegro trabajando en la compañía de recolección de residuos municipales.

“Estoy decidido a hacer mi vida aquí, o al menos intentarlo”.

“Soy consciente de que estoy por mi cuenta ahora, así que necesitaba algo para empezar”, dice. “Es difícil trabajar bajo el sol, así que de vez en cuando tomo descansos cortos en la sombra”.

Yaster también asistió al curso de montenegrino y desde entonces ha estado tratando de mejorar su dominio de la lengua charlando con compañeros de trabajo.

“Realmente intento comunicarme en el idioma local siempre que puedo”, dice. “En realidad, eso es en la mayoría de los casos la única manera en que podemos interactuar, ya que el inglés no es una opción. Entiendo mejor de lo que hablo, así que trato de escuchar conversaciones y recoger nuevas palabras que escucho a mi alrededor. Estoy decidido a hacer mi vida aquí, o al menos intentarlo”.

La colaboración entre el ACNUR y la Oficina de Empleo comenzó a principios de 2017 y se formalizó en junio mediante un Memorando de Entendimiento, que busca ayudar a los refugiados recientemente reconocidos en su integración social y económica.

Yaster (frente) y Raúl cargan bolsas con desechos a un punto de recolección. © ACNUR/Radonja Srdanovic

“Mediante este Memorando buscamos brindar apoyo al Gobierno de Montenegro en impulsando los prospectos de integración de los refugiados recién reconocidos, para que puedan ser personas independientes a través de actividades generadoras de ingreso”, dice Roberta Montevecchi, Representante del ACNUR en Montenegro. “La protección y los medios de vida de las personas refugiadas están interrelacionadas, así que creemos que esta iniciativa ayudará a Montenegro a desarrollar un sistema completamente funcional que reduce el riesgo de que los refugiados dependan de asistencia externa”.

A pesar de que no ha habido grandes cantidades de refugiados llegando a Montenegro, aún hay personas que huyen del conflicto o la persecución que buscan reconstruir sus vidas en seguridad en este pequeño país Adriático.

“Este es un hermoso país, y lo más importante, mis hijos pueden caminar libremente en las calles y jugar con seguridad”, dice Raúl.

Por Stefan Bulatovi