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Refugiados de Myanmar preparan el camino a casa con un programa piloto de retorno

Después de décadas en el exilio, 71 refugiados han retornado desde Tailandia a Myanmar, con una mezcla de sentimientos de alegría y temor por su futuro.

CRUCE FRONTERIZO MYAWADDY, Myanmar, 28 de octubre de 2016 (ACNUR) – Más de 70 refugiados han llegado sanos y salvos de vuelta a Myanmar durante el primer retorno voluntario, en más de 30 años, organizado por los Gobiernos de Tailandia y Myanmar.

A principios de esta semana, un total de 71 refugiados abandonaron los campamentos Tham Hin y Nupo en Tailandia, para retornar a sus hogares en Yangon, la región de Tanintharyi, y en los estados de Kayin, Bago, Mon y Rakhine.

El retorno desde el campamento Nupo comenzó el miércoles. Con un lento inicio, 65 refugiados empujaban carritos con montañas de bolsas que contenían sus posesiones más preciadas, mayormente ropa y utensilios de hogar, y en algunos casos, bicicletas y sillas de ruedas. Ellos recibieron un paquete de asistencia para ayudarles con su retorno y su reintegración inicial, antes de abordar los camiones que los llevarían en un viaje de cinco horas hasta el punto de control fronterizo de Mae Sot- Myawaddy. Mientras que familiares y amigos se aferraban para despedirse, muchos empezaron a llorar al pensar que dejaban atrás la única vida que han conocido en los últimos años, y seguían adelante hacia un nuevo capítulo.

“Por años he esperado a que el Gobierno nos reciba de vuelta. Ese día finalmente llegó”.

“Por años he esperado a que el Gobierno nos reciba de vuelta. Ese día finalmente llegó”, dijo un vendedor de nueces de betel mientras hacía gestos. Él se dirige al centro de Myanmar con su esposa y sus dos hijos.

“Estoy muy emocionado de pensar que las cosas serán mejores allá”, agregó. “Pero al mismo tiempo estoy asustado de cómo seremos tratados en Myanmar, de cómo sobreviviremos en el futuro”.

Esos sentimientos encontrados son comunes entre los retornados, quienes expresaron confianza en las reformas en Myanmar, pero al mismo tiempo, incertidumbre por cómo afrontarán su regreso a casa.

“¿Qué pasará cuando el dinero de la asistencia acabe?”, preguntaba el retornado Pu Let, refiriéndose al paquete de asistencia brindado por el Gobierno de Myanmar, el ACNUR, el Programa Mundial de Alimentos, la Sociedad de la Cruz Roja en Myanmar y otras agencias. Sus familiares políticos tienen terrenos en el estado de Kayin, y él espera poder cultivar lo suficiente para alimentar a su familia.

Los medios de vida no son mayor preocupación para Thant Zin Maung, de 48 años y propio de Yangon. Con los 15 certificados de capacitación que recibió en el campamento, entre ellos cocina, costura, administración y reparación de autos, él planea utilizar el dinero de la asistencia para hacer un pequeño negocio. Sin embargo, su mayor prioridad es matricular a sus dos hijos en la escuela y buscar tratamiento médico para los problemas de salud de su esposa.

Mientras los refugiados cruzaban de vuelta a Myanmar con el calor de la tarde, muchos estaban exhaustos pero visiblemente emocionados con los saludos de bienvenida de los oficiales del Gobierno en el centro de procesamiento en el pueblo fronterizo de Myawaddy.

Naw Lah Kyi de 72 años, se reunió con su hijo que trabaja en Myawaddy. Después de estar cinco años apartados, ella estaba feliz de verlo, mientras él la acompañaba al centro clínico para controlar su presión arterial alta.

Maung Saw Schwe, de 63 años, también está regresando con su esposa y sus tres hijos al oeste de Myanmar. Cuando le preguntaron si abrazaría a su esposa a su regreso, él contestó con una sonrisa, “Ya estoy muy viejo para eso. Después de que deje mi equipaje, contactaré a mis antiguos colegas. Tengo mucho en que ponerme al día si quiero ayudar a mi pueblo”.

“Espero que en cinco años…yo llegue a ser muy exitoso en los negocios con todas las habilidades que aprendí siendo refugiado”.

El jueves, los retronados se realizaron chequeos de salud y verificación de documentos para las tarjetas nacionales de identidad en el centro Myawaddy. Después, algunos de ellos recibieron asistencia para llegar a sus destinos finales en Yangon, Mawlamyine y Sittwe.

Ei Pay, una abuela de 45 años, estaba sentada mientras esperaba el transporte que la llevaría hasta su casa en Mae Pra, estado de Kayin. Ella compartió que ella y su esposo habían visitado la zona hacía cuatro meses para empezar a plantar vegetales. Ellos volvieron la semana anterior para acompañar a la familia extendida de 11 miembros.

“Ahora nuestra aldea es pacífica, no hay problemas”, dijo ella. “Allí hay más libertad que en el campamento. Nosotros podemos cultivar nuestra propia comida. De hecho, yo subí peso porque mi apetito está muy bien”.

Thant Zin Maung, retornado Yangon llamó a su hermana, quien está alistando un lugar para él en la capital comercial de Myanmar. “Espero que en cinco años mi esposa esté caminando, que a mis hijos les vaya bien en la escuela y que yo llegue a ser muy exitoso en los negocios con todas las habilidades que aprendí siendo refugiado”, comentó él.

El programa piloto de retorno voluntario que dio inicio esta semana, fue apoyado por Tailandia y Myanmar, así como por ACNUR y sus socios, que incluye la Organización Internacional para las Migraciones y Handicap International. A pesar de que la cifra es modesta, hay esperanzas de que estos retornos ayuden a construir la paz, y que alisten el camino para las soluciones duraderas de una de las situaciones de refugiados más prolongada en Asia. 

Por Vivian Tan.