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Refugiados en Egipto lo arriesgan todo cruzando el mar hacia Europa

Tentados por los traficantes de personas, más de 3.600 refugiados y migrantes han muerto o desparecido este año en el Mediterráneo. Supervivientes de naufragios narran, en Egipto, su calvario.

ALEJANDRÍA, Egipto, 21 de octubre de 2016 (ACNUR) – El mar los tienta con el sueño de una vida mejor en Europa. Pero el mar mata, y estos son refugiados que apenas lograron salir con vida cuando las embarcaciones de los traficantes volcaron y se hundieron.

Sumaya es sudanesa, y refugiada en Egipto desde 2014. Estaba desesperada por reunirse con su esposo, que ya había logrado llegar a Europa. Ella tiene 41 años y quiere tener un hijo.

“No hay dinero, no hay nadie”, dice sobre su vida en El Cairo. “No hay casa, no hay esposo, no hay familia, no hay hijos. No puedo esperar aquí”.

Por eso ha intentado cruzar el Mar Mediterráneo hacia Europa, cuatro veces en este año, a bordo de una embarcación de traficantes de personas. En tres ocasiones las autoridades atraparon a los refugiados y los detuvieron.

El mes pasado se aventuró en un cuarto viaje, esta vez en un arrastrero que traficantes sin escrúpulos habían abarrotado con casi 500 refugiados y migrantes. Atestado y sobrecargado, el barco zozobró en un mar embravecido y se hundió. Sumaya llevaba puesto un chaleco salvavidas y sobrevivió. Más de 300 personas no pudieron.

“No puedo olvidar a la gente muriendo ante mis ojos. Intentaban llegar a mí, aferrarse a mí, y murieron. Y (en el agua) un cuerpo vino hacia mí, yo estoy nadando y el cadáver flota a mi lado. No lo olvidaré en mi vida”.

Sumaya perdió sus papeles de refugiada y ha tenido que volver a solicitarlos. Su esposo le suplica que no lo vuelva a intentar. Ella duda pero dice que podría volver a hacerlo y eso a pesar de saber que 3.654 refugiados han muerto o desaparecido solo este año en el peligroso Mediterráneo en su intento de cruzar a Europa.

Hussein tiene 26 años y es de Siria. Estaba en el mismo barco. Era su tercer intento.

“Fue espantoso”, dice. “Las mujeres gritaban, los niños lloraban. Estuvimos en las frías aguas durante seis horas hasta que unos pescadores nos rescataron”.

“Las mujeres gritaban, los niños lloraban. Estuvimos en las frías aguas durante seis horas”.

Hussein le relató su calvario al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, que visitó Egipto esta semana. Le explicó que había huido a Jordania con su esposa, sus dos hijos y su madre en 2012. A finales de 2015 llegó a Egipto en busca de una operación para su hombro herido. Le dispararon en una calle de Siria y aun hoy casi no puede mover su brazo izquierdo.

Los doctores egipcios le dijeron que la operación necesaria para recuperar la funcionalidad de los nervios de su hombro era demasiado delicada para acometerla. Entonces fue cuando reunió $1.500 dólares, algunos de su propio bolsillo y otros prestados e intentó llegar a Europa. Los traficantes le dijeron que podría pagar cuando llegara.

“Ya sé que la vida es dura aquí”, le dijo Grandi. “Pero también lo es en Europa, sobre todo ahora si van de manera ilegal. Es mejor tener paciencia aquí”.

Más tarde, Grandi dijo que era una tarea difícil disuadir a la gente de marchar y arriesgar su vida.

“Debemos intentar darles más apoyo. Creo que lo más importante es proporcionarles una sensación de que pueden volver a sus hogares. Todos me dijeron: 'si hubiera paz en mi país, volvería”.

Hussein, por ejemplo, ha cambiado de opinión. No lo volverá a intentar. Pero fue su esposa, y no el Alto Comisionado quien le convenció.

“Estaba enfadada conmigo”, dice Hussein. “Enfadada conmigo y con lo que pasó. Dijo que si yo moría en el mar, la dejaría a ella y a toda la familia sin nadie que los ayudara”.

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.