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Refugiados finalizan capacitación en emprendimiento y presentan sus negocios a los cariocas

Los participantes del proyecto CORES, de Cáritas de Río de Janeiro, recibieron cerca de ciento cincuenta horas de capacitación en seis meses y lograron poner en marcha un negocio social colectivo.

RÍO DE JANEIRO, Brasil, 13 de diciembre de 2017 (ACNUR) - Ciudades brasileñas como San Paulo, Río de Janeiro, Curitiba y Boa Vista, contribuyeron para que el año 2017 estuviera marcado por acciones y proyectos que valorizarán la cultura de las personas refugiadas y la integración de estas en la sociedad brasileña.

En la ciudad maravillosa, un grupo de hombres y mujeres de Angola, Colombia, Nigeria, República Democrática del Congo, Siria y Venezuela hicieron que ese intercambio fuese un medio de vida, generando ingresos para sus familias y mostrando un poco de sus países a los cariocas. Lo que 2017 les trajo de diferente fue, sin dudas, una nueva forma de entender sus negocios y sus propias vocaciones: ahora ya oficialmente como emprendedores.

El título es bien merecido. Fue conquistado luego de casi 150 clases ofrecidas por el proyecto CORES (Colectivos de Refugiados Emprendedores), una iniciativa desarrollada por Cáritas de Río de Janeiro para impulsar negocios y perfiles empresariales en un momento de grave dificultad en la absorción de los refugiados en el mercado formal del empleo.

Implementado este año como piloto, el proyecto capacitó a profesionales con talento y experiencia en dos áreas diferentes: costura y gastronomía.

De los 20 participantes que iniciaron la formación, todos recibieron el contenido básico de emprendimiento de Sebrae, uno de los socios del proyecto, pero fueron nueve los que concluyeron los tres módulos del programa. En noviembre, luego de nueve meses de aprendizaje teórico y práctico, fue realizado un evento en Nex Coworking, residencia de diversas empresas de economía creativa, para presentar al público los negocios creados o desarrollados en el transcurso de la formación. 

Mujeres de Sur Global arreglan prendas producidas en la formación. © Diogo Felix

Los brasileños que estuvieron presenten pudieron apreciar recetas culinarias de Nigeria, de Colombia y del Líbano. En este último caso, los productos eran ofrecidos por Maria El Warrak, refugiada venezolana que decidió utilizar los secretos de la gastronomía árabe, aprendidos con su madre libanesa, para ganarse la vida en Río de Janeiro, donde llegó hace cerca de dos años. El negocio es con su marido, José Alvarado, quien cuenta ya estar poniendo en práctica lo aprendido gracias a CORES.

“El aprendizaje fue excepcional. En las clases sobre emprendimiento, conocimos herramientas administrativas y económicas para nuestro negocio y aprendimos como reforzar alianzas y llegar a nuevos clientes. En el área de gastronomía, tuvimos talleres de seguridad alimentaria, elaboración de fichas nutricionales y mercadeo, herramientas que ahora utilizamos en nuestro día a día”, describe el venezolano.

Los planes de crecimiento, también ya en marcha, incluyen la venta de productos en plataformas on-line y servicios de catering. “Lo que queremos es ofrecer una auténtica mesa árabe, con diversos productos, para que las personas sientan que están disfrutando de una comida original y completa”, explica, orgulloso.

Negocio social con los colores de África

Mientras que los participantes del grupo de gastronomía, como José, entraron en el proyecto tratando de mejorar los negocios que ya habían creado, entre las costureras la realidad y el resultado fue muy diferente. Formado por congoleñas y angoleñas que traían de sus países conocimientos de costura e tejidos africanos originales, el grupo descubrió su fuerza no en proyectos individuales, si no en acciones conjuntas.

En el transcurso de la capacitación, ellas se organizaban en un colectivo de costureras sobre la orientación de la brasileña Emanuela Pinheiro, que actúo como tutora voluntaria en las clases específicas de costura y presentó una idea de negocio social a las refugiadas a partir de una propuesta del programa Shell Iniciativa Joven, de aceleración de startup.

“Estas mujeres querían trabajar aquí como costureras, pero muchas habían reprobado los exámenes de fábricas en Brasil porque nunca habían operado una máquina industrial y así acababan consiguiendo únicamente un puesto de auxiliar de limpieza”, relata Emanuela. “El proyecto nasció, entonces, con la misión de empoderarlas en esa misma reconstrucción, que incluía el perfeccionamiento de las técnicas, el acceso a las máquinas de costura, la búsqueda de clientes y la construcción de una marca que tuviese la identidad de ellas”.

Mujeres del Sur Global, Sagrace atendiendo a los brasileños interesados en las piezas de la colección de gastronomía. © ACNUR/ Diogo Felix

Sagrace Menga fue una de las cuatro refugiadas que compró la idea. Así como otras mujeres de su país, la congoleña aprendió la costura en su niñez, en su casa. Aunque su aprendizaje fue incompleto y marcado por períodos de interrupción, ella retomó el oficio como un medio de vida cuando llegó a Brasil, cosiendo solamente con amigas y vecinas.

“El acabado de las ropas africanas y brasileñas es muy diferente. Aquí en Brasil los acabados son muy importantes para dar valor a aquello que usted cosió”, reconoce Sagrace, demostrando el conocimiento adquirido con CORES. “Aprendí mucho, ¡fue muy bueno para mí!”

Aún en las clases de CORES, Emanuela creó con las otras costureras la primera colección del grupo: una línea de productos para chefs profesionales y amantes de la cocina, basada en tejidos africanos originales. Fueron confeccionadas uniformes, delantales, pañoletas, juegos americanos, caminos de mesa, servilletas de tela, entre otras piezas. Lanzada en el evento de clausura de CORES, la colección marcó el inicio del nuevo negocio, que se bautizó con el nombre de Mujeres del Sur Global.

“La venta de este primer material traerá ingresos para las costureras y fuerzas para que el negocio continúe, desarrollando nuevas colecciones y la posibilidad de incluir a más mujeres refugiadas”, aspira Emanuela, que ya celebró personalmente la conquista de dos premios de innovación social y economía creativa; el primero en el premio Shell Iniciativa Joven y el segundo en el desafío de Moda Sostenible de ColaborAmérica 2017.

“Todo esto que está sucediendo es inédito para mí, es la primera vez que hago algo útil, productos lindos, que las personas aprecian y comentan”, refiere Sagrace. “Me quedé sorprendida de ver a las personas comprando nuestras prendas en el evento”.

Mucho más que una capacitación

Las ventas y los premios son muestras del éxito de la edición piloto de CORES, pero otros logros igualmente importantes no son tan fáciles de medir. En el transcurso del aprendizaje, los participantes fortalecieron su autoestima y adquirieron habilidades sociales fundamentales para el éxito en el mercado empresarial de Río de Janeiro, como la capacidad de comunicación, creatividad para enfrentar los desafíos, compromiso y puntualidad.

“Es muy valioso para nosotros, de Cáritas, ver una persona que llegó con una identidad profesional destruida conseguir fortalecer esos aspectos”, comenta Nina Quiroga, coordinadora de CORES. “Para nosotros, no es importante saber apenas quien vendió más, sino quien llegó siempre a la hora, se comunicó mejor y trabajó en equipo. Estos aspectos comportamentales, que parecían secundarios en el inicio del proyecto, acabaron por ser su eje motor, además de indicadores de los resultados”.

Brasileños en la clausura del evento CORES. © ACNUR/ Diogo Felix

En este sentido, explica Nina, el objetivo de CORES es servir como una incubadora para los negocios de los refugiados emprendedores, siempre teniendo en cuenta la realidad subjetiva de las personas y los desafíos enfrentados por ellas en su nuevo país.

“La incubación tiene indicadores de los resultados más relacionados con la capacidad productiva de las personas, tanto que tenemos una preocupación previa de cómo estructurar la vida de las personas, para que ellas cuenten con las condiciones para producir”, aclara la coordinadora, resaltando que todavía el proyecto prevé un encuentro donde personas con mayor experiencia orientarán a otras que enfrentan más dificultades para integrarse, necesitando una atención individualizada.

“Convertirse en emprendedor en un país diferente, donde nadie te conoce, es muy difícil”, afirma José. “Si no tuviéramos este tipo de apoyo, tendríamos que gastar mucho dinero con consultores”.

Y este apoyo vino de diversos sectores de la sociedad civil. Para formar el primer grupo de refugiados emprendedores CORES contó con varias alianzas estratégicas, que, además de Sebrae, Nex Coworking y Mujeres del Sur Global, incluyeron también al Instituto Rio Moda Obra Social de las Hermanas Cabrini, Ateliê Tereza Vitturiano, CEFET/Maracanã y profesionales voluntarios.

“El trabajo con socios está en el centro del proyecto”, explica Nina. “Ellos son fundamentales para que el proyecto crezca y los refugiados tengan una red más amplia de contactos profesionales, de tal forma que el propósito del proyecto no sea solamente la capacitación, si no crear más oportunidades de negocios”.

Ya pensando en 2018, Cáritas RJ busca socios para el financiamiento y la estructuración de una nueva edición de CORES. El plano inicial de la institución es de ofrecer capacitación a hombres y mujeres que tengan experiencia en el área de estética y peluquería, lo que es común entre la población refugiada, especialmente de origen africano.

“No podemos parar. La necesidad de generar ingresos para las personas refugiadas es inmediata, y es algo que tiene que realizarse de manera calificada y sostenible. Además de eso, sería una pena no reconocer sus diferentes talentos y competencias. No obstante esos potenciales sean absorbidos de manera limitada por el mercado laboral formal, afortunadamente tenemos una población de consumidores cariocas curiosa y generosa. Vamos para delante”, concluye Nina.

Por Diogo Felix, de Río de Janeiro, Brasil.

Gracias a la Voluntaria en Línea Rossana Llanes Bañobre por el apoyo ofrecido con la traducción del portugués de este texto.