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Restaurando la confianza entre los refugiados saharauis en Argelia

Cinco campos del tamaño de pequeñas ciudades emergen del desierto del oeste de Argelia, son el hogar de Saleh Sidi Mustafa y de decenas de miles de refugiados saharauis más.

TINDOUF, Argelia, 30 de enero de 2014 (ACNUR/UNHCR) – Cinco campos del tamaño de pequeñas ciudades emergen del desierto del oeste de Argelia, son el hogar de Saleh Sidi Mustafa y de decenas de miles de refugiados saharauis más. Los primeros llegaron a este vasto territorio una década antes de que naciera Saleh, que ahora tiene 28 años. Huyeron del conflicto que asoló el Sahara Occidental.

“Si miras a la derecha, ves el cielo y un horizonte sin fin. Si miras a la izquierda ves la misma escena”, dice Saleh sobre este amplio y vacío paisaje que refleja la frustración y las limitadas perspectivas de futuro que tienen muchos jóvenes saharauis.

Saleh es uno de los muchos jóvenes saharauis con talento que viven en Tindouf. Habla árabe, inglés, español y alemán, además del hassaniya, el dialecto árabe más hablado en Sáhara Occidental y Mauritania. Saleh fue a la escuela primaria en los campos de refugiados saharauis y acabó la educación secundaria en Libia, además de la carrera de Literatura inglesa, que estudió en Argelia.

“Si hay algo que quiero hacer es ser útil para mi gente y mi sociedad”, dice Saleh, que trabajó durante un año como maestro en el campo de Laayoune, donde ganaba 40 dólares al mes. “¿Qué puedo hacer con eso? Lo gasté en menos de una semana. No es ni de lejos suficiente para ayudarme a mí y a mi familia, así que busqué otra cosa”.

Al igual que Saleh, otros saharauis formados en el extranjero rara vez encuentran trabajos donde puedan poner en práctica sus habilidades. Los campos se mantienen sobre todo por la ayuda internacional y mucha de su actividad económica es informal, con pequeños comercios esparcidos por los campos. Muchos refugiados sólo pueden comprar pagando a plazos.

“Esto forma parte de la cultura saharaui”, explica Mohammed, un joven de 24 años que trabaja en un mercado en el campo de Awsard. “No puedo decir que no a alguien que quiere comer un poco de pan o una fruta”. Los saharauis como Mohammed luchan por mantener negocios que cuesta sacar adelante.  Aparecen y desaparecen con la misma rapidez.

Las limitadas oportunidades laborales hacen que se acumule frustración y desilusión, desencadenando así un sentimiento de desamparo y dependencia de la ayuda humanitaria.Según el director de un centro de formación y de producción del campo de Dakhla, cada vez es más difícil motivar a los jóvenes incluso para que busquen trabajo: trabajan durante dos o tres semanas y después lo dejan.

“Tenemos que organizar seminarios sobre el cambio de actitudes”, dice Yassin*, un supervisor del centro de juventud. Él ve que ésta es la única manera de dejar de depender de la ayuda externa. “Tenemos que pasar de una mentalidad de bienestar a una cultura de trabajo y productividad”.

Aproximadamente el 60% de la población refugiada saharaui son jóvenes (las estimaciones de población van desde 90.000 a 165.000 personas). Sin embargo, viven en un limbo, sin apenas oportunidades de poner en práctica su educación y habilidades. “Hay un aumento de delitos menores en el campo y las tasas de absentismo escolar son cada vez más altas ”, se lamenta Yassin. “Las nuevas generaciones se están perdiendo y tenemos que atender sus necesidades lo antes posible”.

Recientemente una delegación de 20 donantes visitó los campos de refugiados saharauis en una misión organizada por la oficina de ACNUR en Argelia junto con el PMA y UNICEF. Los grupos de debate organizados con hombres y mujeres jóvenes ofrecieron información de primera mano acerca de los retos a los que se enfrentan. Se hizo énfasis en la necesidad de aumentar las oportunidades de autosuficiencia.

“Estamos pidiendo a la comunidad internacional, incluidos los actores humanitarios y de desarrollo, que trabajen juntos en una estrategia de oportunidades de subsistencia que refuercen la resistencia y la autosuficiencia de los refugiados saharauis, para devolverles su dignidad y algunas perspectivas de futuro”, afirmó Ralf Gruenert, Representante de ACNUR en Argelia.

“Tenemos que continuar distribuyendo ayuda humanitaria al tiempo que desarrollamos las estructuras comunitarias. ¿Cómo podemos incorporar elementos de desarrollo en las operaciones de asistencia humanitaria?” preguntaba Gruenert. “Nuestro objetivo es aumentar la fuerza de las comunidades mediante la creatividad para frenar la dependencia y establecer una economía autosostenible”.

Las actividades de autosuficiencia podrían revitalizar a la juventud de los campos de refugiados saharauis, sobre todo si van acompañadas de la propuesta que hacía Yassin de iniciativas para cambiar actitudes. Y gente como Saleh tienen un papel importante que jugar como líderes de su comunidad.

“Yo me pude asegurar la educación superior para tener mejores opciones de futuro. Pero no todo el mundo en los campos tiene esta oportunidad. Nosotros representamos el 10% y deberíamos liderar el impulso para hacer que el resto despegue”, dice Saleh, que está a punto de acabar un master en Frankfurt. “Volveré mejor equipado para ayudar a mi comunidad a crecer con más fuerza”.

* Nombre cambiado por motivos de protección.

Por Dalia Al Achi en Tindouf, Argelia