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Siria con más de cien años sueña con la reunificación familiar en Europa

La bisabuela Eida Karmi dudó volver a ver a su familia después de que ellos huyeran de su tierra natal. Ahora está en Grecia, y está determinada a unírseles.

ATENAS, Grecia, 19 de diciembre de 2016 (ACNUR) – Con más de cien años, la bisabuela siria, Eida Karmi planeó vivir sus días en su aldea al noreste de Siria. Ella dudó si volvería a ver a su familia después de que ellos huyeran de la guerra y se asentaran en Alemania.

Ahora como una refugiada poco común, ella se encuentra en Grecia y sueña con reunirse con ellos.

A medida que el conflicto en Siria empeoró, ella abandonó su aldea en la provincia noreste de Al-Hasakah por primera vez, y se dirigió a Grecia en septiembre, con la ayuda de una familia que no conocía. El padre la cargó en su espalda casi todo el camino.

Nacida bajo el Imperio Otomano, Eida ha vivido dos guerras mundiales y más recientemente, la destrucción de su patria. La mayoría de sus parientes, hijo, nietos y bisnietos, huyeron a Turquía o a Europa en 2011, en los primeros días de la guerra. Ella fue la última en partir de Siria.

Por ahora, Eida vive en un apartamento en Atenas, como parte de un programa de alojamiento de la municipalidad, el cual brinda más de 200 apartamento a cerca de 1.600 solicitantes de asilo.

Este es parte de un programa más grande administrado por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y financiado por la Comisión Europea. Este ha brindado más de 20.000 espacios en apartamentos, hoteles con precios especiales y con familias de acogida. El programa se enfoca en candidatos para el mecanismo de reubicación de la Unión Europea, dándoles prioridad a solicitantes de asilo vulnerables, tales como personas adultas mayores o mujeres embarazadas.

Eida vive con la familia que la trajo a Europa. Ellos son Ahmed Sido de 31 años, su esposa Berivan, de 27 años y sus cinco hijos. Su hijo menor, Mahmoud, nació en un hospital en Atenas el 19 de octubre. Uno de sus hijos fue asesinado cuando su casa fue bombardeada en 2013.

“Apenas puedo caminar. He logrado llegar hasta aquí, y ahora espero verlos de nuevo y que ellos cuiden de mí”.

“Necesito ver a mi familia”, dijo Eida con determinación. “Tengo dolores en mis caderas y rodillas. Apenas puedo caminar. He logrado llegar hasta aquí, y ahora espero verlos de nuevo y que ellos cuiden de mí”.

Ahmed la cargó en su espalda gran parte del viaje. “Es por este hombre que estoy aquí”, dijo ella. Para cuando llegaron a Grecia, ella agregó, ellos se habían convertido en su familia adoptiva. Los hijos de la pareja la llamaban “Anne”, que es la palabra turca para madre.

Eida no está segura de en qué año nació. Según su pasaporte sirio, ella nació el 1 de enero de 1890, lo que significaría que ella tiene 126 años, y sería la mujer con más años en el mundo. Eida se ríe del error. Ella insiste que tiene “algunos años por encima de los 100”. Su aldea no llevaba actas de nacimiento cuando ella nació, dijo ella. 

Según el pasaporte de Eida, ella nació el 1 de enero de 1890. © ACNUR / Yorgos Kyvernitis

Ella nunca asistió a la escuela ni aprendió a leer y escribir. Ella solo habla Kurdo Kurmanji. El padre de Eida murió cuando ella era joven y su madre la abandonó cuando tenía 14 años. Poco después, ella se casó y tuvo nueve hijos.

No fue un matrimonio feliz, cuenta Eida, y las dos décadas desde la muerte de su esposo han sido las más pacíficas para ella. En los últimos cinco años, casi todas las personas de su aldea han huido de Siria, incluyendo a su propia familia.

Quienes quedaban eran algunas personas mayores que eran muy débiles para escapar. Eida vivía sola, cuidándose a sí misma y a las cebollas, tomates, pepinos y ajos de su jardín.

“Tenía muy poco, pero era todo lo que necesitaba”, dijo ella. “Mi jardín era hermoso, pero ahora en Siria todo está destruido”.

A inicios del verano, Samir Dodo, su nieto de 22 años, y que vive en Alemania, se puso en contacto con Ahmed, un viejo amigo suyo, para que le ayudara a llevar a Eida a la seguridad. Ahmed, que trabajaba en una fábrica, viajó tres horas hasta la aldea de Eida para recogerla.

Eida se despidió de su jardín y del único hogar que ella había conocido. El grupo se dispuso a realizar un viaje que duró semanas, atravesando puestos de control en Siria y cruzando la frontera de Turquía, que estaba cerrada. Esa parte del viaje tuvo un costo de 1.500 euros por adulto, mientras que para los niños, fue la mitad.

“Crecí sin mi madre y mi padre, así que es como si ella se hubiera convertido en mi madre”.

Bevarian describió lo difícil que le resultó el viaje. “Yo estaba embarazada y tenía que llevar a cuatro niños yo sola”, dijo ella. “Ahmend cargaba a Eida”.

Cuando se le preguntó qué mantuvo a la familia avanzando durante el peligroso viaje, Ahmed dijo: “Fue el miedo a Dios. Y yo crecí sin mi madre y mi padre, así que es como si ella se hubiera convertido en mi madre”.

Una vez que llegaron a Turquía, ellos hicieron tres intentos para entrar a Grecia. Dos veces cruzaron por tierra, por la frontera norte, pero las autoridades griegas los devolvieron. Después, intentaron otra ruta, pagándole a traficantes para que los llevaran en un bote inflable a través del Mar Egeo. El bote estaba abarrotado con 18 personas y ellos temían que no aguantara, dijo Ahmed. Sin embargo, el 6 de septiembre llegaron a Lesbos.

Allí, pasaron más de un mes en Moria, un sobrepoblado centro de recepción y procesamiento de refugiados en Lesbos. Finalmente, llegaron a Atenas.

Bajo el Reglamento de Dublín, Eida podría reunirse con su nieto en Alemania a discreción de las autoridades. En la práctica, el procedimiento puede tomar entre varios meses y más de un año.

“Eso es demasiado tiempo”, dijo Samir, su nieto, quien ha vivido en Oldenburg, una ciudad al norte de Alemania, por más de cinco años con su madre y sus hermanas. “Queremos que venga pronto para que pueda vivir sus últimos días con nosotros”.

ACNUR ha presionado para que los procedimientos de reunificación familiar sean más rápidos, particularmente en casos vulnerables que involucran a niños no acompañados o personas adultas mayores y con discapacidad. La Agencia hace un llamado a los miembros de la Unión Europea a que amplíen sus definiciones de familia, y que aumenten la cooperación para asegurar que aquellos que tienen el derecho a la reunificación familiar, puedan estar de nuevo juntos.

Para Eida, estar de nuevo con su familia sería un sueño hecho realidad.