Sudán del Sur: ACNUR rescata a un refugiado atrapado en los enfrentamientos

Already a refugee from Darfur, one young man unexpectedly gets ensnared in South Sudan's violence – and is rescued by UN teamwork. [for translation]

Yousif and his friend, Nagmadeen, both refugees from Darfur, load their modest possessions into a UNHCR car on arrival at the Juba airport. They are recognized refugees in Uganda who travelled on their own to Bentiu, South Sudan, and then got trapped by fighting there. [for translation]  © ACNUR/K.McKinsey

JUBA, Sudán del Sur, 9 de enero de 2014 (ACNUR) – No muchas personas estarían encantadas de aterrizar en Juba en estos días, con las calles atestadas de tanques, soldados y ametralladoras instaladas en la parte de atrás de camionetas militares.

Pero alivio es lo que llevaba escrito en el rostro Yousif, un refugiado de la región de Darfur, en Sudán, al descender de un avión de la ONU en el aeropuerto de Juba. La tensión desapareció claramente cuando estrechó la mano de una joven oficial de protección del ACNUR que lo rescató de la volátil ciudad norteña de Bentiu, donde se quedó atrapado por los combates durante más de dos semanas. "Es estupendo estar finalmente aquí", dijo. "Estoy contento de seguir con vida".

Yousif, que tiene reconocida su condición de refugiado en Uganda, se trasladó a Bentiu en noviembre para confortar a su hermana, que había perdido a su esposo y a sus dos hijos en un accidente de tráfico. Tuvo la mala fortuna de encontrarse aun allí a mediados de diciembre, cuando Sudán del Sur se hundió en la violencia política e interétnica.

Las tropas gubernamentales perdieron el control de la ciudad de Bentiu, rica en petróleo y capital del estado de Unity, a manos de las fuerzas de la oposición a mediados de diciembre, pero esperan recobrarla en breve. Yousif, que es abogado, recordó que durante la batalla por el control de la ciudad, pasó una noche de terror agazapado bajo una cama en casa de un comerciante conocido de un amigo suyo de Darfur residente en Uganda. Desde las 8 de la noche hasta las 4 de la madrugada, explicó Yousif, una verdadera lluvia de balas se abatió sobre los hogares de los comerciantes, que eran objetivos prioritarios, debido a su dinero y sus bienes.

Cuando Yousif, sus amigos y sus familiares salieron de su escondite por la mañana, su único pensamiento era conseguir llegar más allá de los cuerpos que yacían a lo largo de la carretera y encontrar la seguridad dentro de la base de la UNMISS (Misión de la ONU en Sudán del Sur), las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU.

Yousif y su amigo Nagmadeen dijeron que, una vez dentro de las instalaciones de la ONU, estaban demasiado aterrorizados para salir. "Durante todo el tiempo que estuve dentro, no me atreví ni siquiera a acercarme a la puerta, así que no podía ni imaginarme que llegaría a Juba o a Kampala", dijo Yousif. "Pensé que moriría allí".

Pero el rescate esperaba materializado en una asesora de las Naciones Unidas para la protección de civiles, Kirsten Young. Después de cuatro o cinco días en las instalaciones de Bentiu, Yousif y Nagmadeen observaron que Young estaba reuniendo a ciudadanos kenianos, etíopes y ugandeses y a otros extranjeros para su evacuación y se dirigieron a ella.

"Le expliqué que yo también provengo de Uganda, pero que vivo allí en calidad de refugiado de Darfur y que quería volver a Uganda", dijo Yousif, en un inglés muy preciso. "Le estoy muy agradecido. Todo ha sido gracias a Kirsten. Cuenta con mi eterno agradecimiento. Me ha salvado la vida".

Young se puso en contacto con la delegación de ACNUR en Juba, y Kasia Kot-Majewska, una oficial de protección, cuya tarea es asegurarse de que se respeten los derechos legales de los refugiados, consiguió verificar su historia en cuestión de horas. "Sabíamos que su vida corría peligro", explicó la oficial.

Pero durante varios días, los dos hombres padecieron una espera llena de incertidumbre, pendientes de una plaza en un vuelo de la ONU para salir de Bentiu. Cuando finalmente salieron de las instalaciones de la ONU, lo hicieron convencidos de que no sobrevivirían ni siquiera al trayecto de cuatro kilómetros por carretera hasta el aeropuerto. Tal es el nivel de miedo con el que se vive en Sudán del Sur. Ya en el aeropuerto, las fuerzas de la ONU los protegieron hasta que subieron al avión.

Yousif dijo que su miedo se debía a lo que vivió en Darfur, la región occidental de Sudán devastada por la guerra. "He perdido tantas cosas en mi vida . . . He perdido a mis hermanos y a mis hermanas", dijo. Incluso tuvo que dejar a su mujer embarazada en un campo para desplazados en Darfur y no conoce a su única hija, nacida poco después de que él huyera a Uganda en 2011. Su esposa le ha puesto de nombre Walaa, que en árabe significa "lealtad".

Para Kot-Majewska, que trabajó como oficial de asuntos humanitarios en el Ministerio de Exteriores de Polonia antes de ser destinada a Juba con ACNUR, ayudar a refugiados como Yousif y Nagmadeen es la razón por la que se unió a la agencia para los refugiados. "Siempre he querido trabajar con refugiados", dijo. "Sientes que estás desempeñando el mejor trabajo del mundo".

Cuando los dos refugiados finalmente aterrizaron en Juba, Kot-Majewska dijo: "Yo estaba muy feliz. No en todos los trabajos te dedican un 'gracias'".

Young, que inició su rescate, también se sintió muy satisfecha. "En las dos últimas semanas", dijo, "nuestro equipo ha conseguido facilitar la evacuación de casi 2.000 personas. Es muy gratificante ver a las personas subir al avión, y poder realmente ayudar a la gente, que es nuestra misión".

Para Yusif y Nagmadeen, el viaje aun no ha finalizado, pero confían en poder llegar por sus propios medios a Kampala, donde ambos estudian inglés para poder actualizar sus calificaciones profesionales.

"Cuando era un adolescente, nunca imaginé que pasaría por cosas como esta", dijo Yusif. "Pero creo que es mi destino. Ahora mismo estoy solo, sin mi familia, sin padre ni madre, incluso sin mi esposa. Espero que la paz llegue a Darfur para que podamos volver a nuestros hogares".

Por Kitty McKinsey desde Juba, Sudán del Sur.

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.