Sursudaneses refugiados por segunda vez en Uganda ya no esperan retornar a su país

After returning home in 2005 and expecting peace, the latest fighting has caused a fresh exodus from South Sudan to the safety of Uganda. [for translation]

Después de vivir como refugiado en Uganda de 1991 a 2005, Joseph Anyang Ngong ha tenido que huir a Uganda desde Sudán del Sur por segunda vez.  © ACNUR/F.Noy

ADJUMANI, Uganda, 16 de abril de 2014 (ACNUR) – Cuando Joseph Anyang Ngong retornó a su país con su familia desde Uganda, en 2005, pensó que un futuro seguro se abría ante ellos en la región de Bor, en Sudán. Ahora que él y su familia están de vuelta en Uganda como refugiados, por segunda vez, ya no cree que volverá alguna vez a Sudán del Sur.

Muchos de los que llegaron a Uganda desde Sudán del Sur en esta última oleada de refugiados se autoproclaman veteranos del desplazamiento, ya que tuvieron que huir también durante la guerra civil de 20 años entre el norte y el sur de Sudán, que terminó en 2005. Ese conflicto dejó un estimado de dos millones de muertos, 428.000 refugiados en los países vecinos y 2,5 millones de desplazados internos.

La mayoría de los refugiados que llegan a Adjumani, al igual que Joseph, de 62 años de edad, provienen de la turbulenta región de Bor, en el estado de Jonglei. Ellos han viajado casi 400 kilómetros para llegar a Uganda, a menudo después de haber buscado un refugio temporal en Juba, antes de que los combates los obligaran a seguir su camino. Vieron tanto a los rebeldes como a las tropas gubernamentales quemar sus casas, destruir sus cosechas, robar su ganado y matar a sus familiares y vecinos.

Para Joseph y su familia Uganda fue un refugio seguro por 14 años, durante el anterior conflicto, antes de que fueran repatriados con la asistencia del ACNUR, cuando volvió la paz.

"En ese momento regresamos y vimos que la situación era diferente y la ONU nos dio comida y herramientas", dijo. "Cuando nos fuimos la otra vez, dejamos algo atrás y regresamos por ello. Esta vez ya no dejamos nada".

Joseph, sus dos esposas, sus 12 hijos y la familia de su sobrino Mamer huyeron por última vez de Bor en la víspera de Navidad de 2013. Joseph y su sobrino Mamer eran pequeños ganaderos. Los rebeldes destruyeron todo, hasta los campos de sorgo que alimentaban a las dos familias.

Caminaron durante cinco horas para llegar a la ciudad de Mangala, con los rebeldes persiguiéndolos la mayoría del camino. Su equipaje fue robado y la familia se dispersó. Muchos permanecen desaparecidos. "Si están vivos van a llegar aquí, de lo contrario, están perdidos", dice José.

"Ya no queda nada allí, quemaron la comida y se llevaron el ganado, así que no podemos volver", dijo Joseph. "Por ahora no tenemos medios ni recursos, así que esperaremos aquí . . . ya no queda nada en Sudán del Sur".

Su hija menor Akech, que tiene tan sólo 3 años de edad y es uno de los pocos miembros de la familia que huyen de su hogar por primera vez, quedó traumatizada y llora ante la vista de cualquier objeto que se asemeja un poco a un arma.

Cuando estalló la última crisis el pasado diciembre, también el personal del ACNUR se sorprendió por su magnitud; fue un déjà vu de la década de los '90, cuando el centro de tránsito de refugiados de Adjumani Ogujebe era el más grande de África.

"Este flujo es como el de la primera oleada de la década de los '90, con un gran número de refugiados en muy poco tiempo", dijo el funcionario de ACNUR Joy Kaba. "Es como en 1991 – los mismos problemas, las mismas causas de huida".

Lo que siente Joseph es compartido por muchos refugiados en Adjumani: quedarse en Uganda, a pesar de todos los desafíos que eso conlleva, es una perspectiva mucho más atractiva que empezar de cero otra vez en un país cuyo futuro ahora es tan incierto.

"Estamos cansados de estar siempre corriendo y corriendo", dijo Joseph.

Por Lucy Beck en Adjumani, Uganda.