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Trabajadora del ACNUR hace uso de su discapacidad para dar voz a los refugiados

Judith Chan, que padece una discapacidad auditiva, explica cómo ha utilizado esta experiencia para ayudar a los refugiados que se encuentran en la misma situación.

GAZIANTEP, Turquía, 04 de diciembre de 2017 (ACNUR) – Debido a su experiencia como persona con una discapacidad auditiva, Judith Chan no era ajena a la adversidad. Durante años había enseñado a personas con discapacidad a nadar y había contribuido a la rehabilitación de los consumidores de drogas. Sin embargo, cuando, en 2011, se incorporó al ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, se enfrentó a su mayor desafío: encontrar la manera de comunicarse con los refugiados que eran sordos o tenían problemas de audición, y que no conocían el lenguaje de señas y tampoco habían aprendido a leer ni a escribir.

Judith, oficial auxiliar en el terreno y miembro del equipo del ACNUR encargado del reasentamiento de miles de refugiados de Bután procedentes de campamentos de Nepal, se dedicó a aprender la lengua de señas nepalesa durante más de tres meses. El equipo también fotografió artículos y objetos reunidos de los campamentos para crear un conjunto de herramientas de comunicación no verbal.

“Partiendo de mi propia experiencia como persona con una discapacidad auditiva, reconocía muchos de los obstáculos y frustraciones con los que se encontraban los refugiados porque yo también tuve que enfrentarme a ellos”, dice Judith. “Como no contamos con un medio de comunicación, comprendemos lo importante que es una lengua, ya que nos brinda la posibilidad de dar sentido a nuestro mundo y nos permite transmitir nuestros deseos, nuestras necesidades y nuestros sentimientos”.

“Reconocía muchos de los obstáculos y frustraciones”.

Gracias a la creación del conjunto de herramientas experimental denominado “medios alternativos y aumentativos de comunicación”, Judith y sus colegas pudieron comunicarse durante las entrevistas sobre protección y reasentamiento que mantuvieron con los refugiados con discapacidad. Desde entonces, este conjunto de herramientas ha sido utilizado por los socios, los refugiados y el personal del ACNUR en el terreno para mejorar la comunicación con los refugiados con discapacidad y la capacidad de estos para informar de casos de violencia de género y su acceso a la asistencia y los servicios cruciales, incluida la asistencia psicosocial.

Su contribución a la creación de este conjunto de herramientas es uno de los momentos de los que Judith se siente más orgullosa.

“Los trabajadores humanitarios debemos buscar continuamente nuevas formas de hacer las cosas para ayudar a las personas a reconstruir sus vidas, aprovechando lo que hemos aprendido hoy para ayudar a crear un futuro mejor”, dice.

El 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, el ACNUR celebró los logros y las contribuciones de más de 1.000 millones de personas con discapacidad en todo el mundo. La Agencia también renovó su compromiso de promover una mayor sensibilización y un mayor reconocimiento con respecto a las diversas perspectivas y capacidades de estas personas, y de movilizar el apoyo a favor de sus derechos.

Judith Chan ayudando a entrevistar a los refugiados en Nepal. © ACNUR

“Las personas con discapacidad pueden ser poderosos agentes del cambio y contribuir a fomentar sociedades más abiertas e inclusivas en las que la diversidad sea un motivo de orgullo”, dijo el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi. “Todos salen ganando con ello”.

“En el ACNUR, nos hemos comprometido a trabajar para eliminar las barreras físicas y sociales a las que se enfrentan los refugiados, los desplazados y las comunidades en las que viven, y para crear un entorno en el que se acepte la diversidad en todas sus formas, y que les permita ejercer plenamente sus derechos y buscar soluciones que respondan a sus aspiraciones y necesidades”.

Para Judith, que padece una discapacidad auditiva, cada día de trabajo –realizando entrevistas en el terreno y participando en reuniones muy concurridas que se celebran en entornos con una acústica deficiente– puede ser un desafío. Pero cuenta con la ayuda de sus colegas del ACNUR.

“Las personas con discapacidad podemos ser poderosos agentes del cambio”.

“He tenido suerte de trabajar con varios supervisores y colegas que me han apoyado en mi carrera profesional en el ACNUR”, explica. “A veces, mis colegas me ayudan transmitiéndome mensajes telefónicos, utilizando mensajes de texto, escribiendo notas para que yo pueda seguir la comunicación en entornos ruidosos, buscándome un asiento cerca de los principales oradores, hablando despacio e incluso procurando que los demás hagan lo mismo”.

Los refugiados con discapacidad auditiva a menudo son víctimas de estigma y discriminación en sus comunidades. A la hora de acceder a los servicios y la asistencia, a veces se enfrentan a múltiples barreras ambientales, sociales y de comunicación, y están expuestos a un mayor riesgo de sufrir problemas de protección, como por ejemplo, violencia y explotación.

En particular, las mujeres y las niñas con discapacidad pueden estar expuestas a un riesgo desproporcionado de sufrir violencia de género”, señala Judith. “Debido a sus necesidades específicas, también pueden ser víctimas de exclusión social por parte de sus iguales y de aislamiento en sus propios hogares”.

Judith sabe que su labor en el ACNUR marca una gran diferencia en la vida de estas personas.

“Me incorporé al ACNUR porque convertirse en trabajador humanitario supone, además, trabajar en entornos complejos y difíciles que nos exigen ser innovadores”, dice. “Lograr cosas que al principio parecían imposibles te hace sentirte realmente bien”

 

Por Farha Bhoyroo y Kate Bond 

Gracias a la Voluntaria En Línea Luisa Merchán por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.