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Un joven cabeza de familia regresa a la escuela en Líbano

En 2004, cuando tan sólo tenía 11 años, Mustafa tuvo que huir con su familia de Irak y buscar refugio en Beirut, la capital libanesa.

BEIRUT, Líbano, 21 de abril (ACNUR) – A una edad en la que los chicos de otros países probablemente están tramando cómo saltarse las clases, Mustafa se vio obligado a abandonar la escuela y su país y a vivir una vida de exilio y trabajo.

En 2004, cuando tan sólo tenía 11 años, tuvo que huir con su familia de Irak y buscar refugio en Beirut, la capital libanesa. Su padre encontró trabajo como mozo en una estación de autobuses, pero con su salario no podía mantener a su numerosa familia. “Mis padres, mis cinco hermanos y hermanas y yo compartíamos con un desconocido un apartamento de una sola habitación. Apenas teníamos para comer, por lo que me tuve que poner a trabajar”, dijo Mustafa.

El chico pasó muchas horas trabajando como vendedor de zapatos, carpintero, dependiente de una tienda de comestibles y portero, por un salario mínimo. “Me humillaban constantemente en el trabajo, sobretodo cuando trabajaba como portero”, declaró con un nudo en la garganta. “Los vecinos del edificio me trataban con desdén, e incluso los chicos de mi edad me trataban como un esclavo”.

El caso de Mustafa es muy común entre la población iraquí refugiada en Líbano. “El absentismo escolar es un serio problema entre los refugiados en Líbano”, explicaba Agatha Abi Aad, Asistente de Servicios Comunitarios de ACNUR en Beirut. “Esta situación es especialmente frecuente entre los alumnos de secundaria, donde el índice de matriculación apenas supera el 33%, registrándose un número significativo de abandonos durante el año”.

Es difícil afrontar este problema por varios motivos. “Los cabeza de familia o bien tienen dificultades para encontrar un trabajo o bien sencillamente están resignados y ni siquiera lo intentan”, declaró Abi Aad. “A los jóvenes se atribuye automáticamente la responsabilidad de mantener a sus familias. Culturalmente hablando, algunos refugiados iraquíes no consideran que la educación sea algo muy importante, especialmente en el caso de quienes provienen de áreas rurales”.

ACNUR y sus socios están trabajando para combatir esta mentalidad y sensibilizar a este sector de la población sobre la importancia de la educación y las consecuencias perjudiciales de abandonar la escuela. Los trabajadores de los Servicios Comunitarios de Cáritas y la Asociación Amel –principales socios colaboradores de ACNUR en Líbano- distribuyen ayudas económicas a familias vulnerables. También organizan actividades de prevención del abandono escolar, que incluyen apoyo psicológico, tutorías y actividades extra escolares como teatro, artesanía y fotografía.

“Desde que salí de Irak sólo pensaba en una cosa: poder volver a la escuela. Estaba dispuesto a luchar con todo lo que tenía para lograrlo”, dijo Mustafa, añadiendo que tenía miedo de que durante este tiempo hubiera podidohaberse olvidado de leer y escribir.

Un socio de ACNUR buscó financiación para que Mustafa pudiera pagar las clases en la escuela. A sus 16 años se matriculó de nuevo en 5º grado, compaginando sus estudios con un trabajo a tiempo parcial. “Me sentía avergonzado al ver que mis compañeros de clase tenían 11 años, pero simplemente no pensaba en eso”, confesó decepcionado.

Nibal Sayad, ex director de un Centro Comunitario de Amel en las afueras de Beirut, siguió su caso de cerca. “En vez de salir a las cinco de la tarde como todo el mundo, me quedaba hasta las ocho en el centro, haciendo tutorías con Mustafa. Su nota media pasó de 6/20 durante el primer semestre, a 10/20 en el último, un gran logro para alguien en su situación”.

Para Mustafa, así como para muchos otros refugiados iraquíes, ir a escuela en Líbano plantea todavía muchos problemas. “En las escuelas de Líbano se habla un dialecto distinto y se usa otro plan de estudios. Normalmente me tratan como a un intruso”, explicó.

Los refugiados normalmente tienen que hacer frente a actitudes hostiles y desalentadoras en el entorno escolar. Con el fin de tratar de encontrar una solución a este problema, ACNUR y sus socios aumentaron el número de actividades recreativas dirigidas a los refugiados y a sus vecinos libaneses –que normalmente comparten las mismas necesidades y vulnerabilidad- para mejorar la integración de los refugiados en la comunidad libanesa.

Para Nibal Sayad no hay duda de que Mustafa pasará el Brevet, el examen nacional obligatorio para acceder al instituto. “Mustafa es un joven muy especial”, dijo. “Sus hermanas pequeñas se agarran a sus piernas mientras él acaba sus deberes, pero nunca le he oído quejarse. Estoy segura de que aprobará el Brevet”.

Dana Sleiman en Beirut, Líbano