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Una bienvenida a los refugiados en el corazón de EEUU

Cobi Cogbill quiere que sus hijos crezcan respetando a las personas que son diferentes, empezando por una familia de refugiados congoleños reasentados en Arkansas.

Cobi Cogbill creció en una ciudad tan pequeña que ni siquiera tiene nombre. Un lugar donde él era uno de los solo 30 alumnos en su promoción de secundaria, y donde había más vacas que personas. 

FAYETTEVILLE, Estados Unidas, 25 de agosto de 2017 (ACNUR) - Cobi, que ahora tiene 31 años, recuerda que él y sus vecinos de entonces, en el sudeste de Arkansas, compartían un bagaje y unas creencias extraordinariamente similares. Todos amaban la tradición, dice, y se resistían a los cambios. También veían a los forasteros con desconfianza, así es que cuando empezaron a llegar noticias del reasentamiento de refugiados, algunos se preocuparon porque creían que podía suponer un peligro para la seguridad del país.

“Era más fácil estar contra los refugiados y tenerles miedo que intentar profundizar en quienes eran”, dice Cobi, reflexionando sobre sus propias ideas de hace solo unos años.

Hace cinco años, Cobi se mudó a Fayetteville para estar con su esposa, Leanda, y empezó a ver las cosas de otra manera. Fayetteville, donde está ubicada la Universidad de Arkansas, es la tercera ciudad más grande del estado, con más de 80.000 habitantes y ha acogido a varios refugiados en los últimos años.

“Era más fácil estar contra los refugiados y tenerles miedo que intentar profundizar en quienes eran”.

Leanda había estado trabajando a través de su iglesia en la acogida de algunos de ellos, y convenció a Cobi para que ayudara. Uno de los primeros refugiados a los que conoció fue Majidi, de 36 años, que huyó de la República Democrática del Congo tras presenciar el asesinato de su padre y ser él mismo torturado.

Majidi caminó durante dos meses hasta alcanzar Namibia, allí, como refugiado, esperó 17 años antes de ser seleccionado por el Gobierno de EEUU para su reubicación. Se trasladó a Fayetteville en diciembre pasado, agradecido por la oportunidad de reiniciar su vida.

Ambos se conocieron cuando Cobi se ofreció para acompañar con su coche a la familia de Majidi a un centro islámico cercano para un acto de bienvenida con otros refugiados y familias de la ciudad. Son amigos desde entonces.

“Abrieron la puerta, nos dieron la bienvenida y nos ofrecieron comida”, dice Cobi, recordando su primer encuentro con la familia de Majidi. Cobi había acabado de comer, así es que declinó la comida. “Les dije: ‘Me preocupa ofenderles’”. La esposa de Majidi, Rehema, tenía una preocupación similar, recuerda Cobi. Ella le dijo: “A nosotros nos preocupa lo mismo, ofenderle”.

Arkansas ha reasentado a 90 refugiados desde enero de 2012, según cifras del Gobierno de EEUU.

Majidi y su familia se están acomodando a su nueva vida rápidamente. Sus dos hijos - Ally, de 4 años y Khadija, de 2 - van a la escuela y a la guardería infantil. Majidi tiene un trabajo en la universidad, y él y Rehema también están intentando poner en marcha un pequeño negocio.

“Mi sueño es ser independiente, ser un emprendedor y ayudar a otros”, dice.

Ahora Cobi y Majidi se reúnen una vez por semana, a veces en el campus de la universidad, donde Majidi trabaja y Cobi estudia ingeniería, otras veces en casa de uno o de otro. Sus hijos también juegan juntos.

Cobi dice que hace todo lo que puede para explicar a sus amigos y vecinos porqué es importante acoger a los pocos y vulnerables refugiados que son admitidos para su reasentamiento en los Estados Unidos.

“Nuestras familias son grandes amigas. Es algo realmente especial y significa mucho para nosotros”.

“Están intentando integrarse con nosotros y hacernos más fuertes, y creo que lo están consiguiendo”, dice. “Su sueño es el sueño americano”.

Pero Cobi dice que muchos de sus amigos y familiares en su ciudad natal se resisten a entender. Algunos de ellos, explica, le han dicho que debería “ayudar a los suyos”.

“He intentado hablar con ellos, pero siempre dejan de ser mis amigos y me bloquean en Facebook. He perdido amistades de 20 años”.

Cobi dice que es feliz con el camino que se ha marcado. Cree que su familia se beneficia de conocer a la familia de Majidi y a otros refugiados.

“Estamos enseñando a nuestros hijos que está bien ayudar a otras personas y ser amigo de alguien que no habla como tú, que no tiene un aspecto parecido al tuyo ni proviene del mismo lugar que tú o que no reza de la misma manera que tú”.

“Nuestras familias son grandes amigas. Es algo realmente especial y significa mucho para nosotros”.

Por: Joanne Levine, desde Fayetteville, Arkansas.

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.