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Una dura travesía aguarda a los sirios que huyen a Líbano

Para los sirios que huyen de la violencia en su país natal, el viaje conlleva una serie de peligros. Muchos de los que huyen son personas especialmente vulnerables.

ERSAL, Líbano, 10 de septiembre de 2012 (ACNUR) - Para los sirios que abandonan su tierra natal, nunca parece el momento correcto para huir. Zaina*, 24 años, soportó más de un año de luchas en Homs, su ciudad natal, hasta que el mes pasado murieron 10 vecinos en un ataque de helicóptero. Estando embarazada de nueve meses en aquel entonces, decidió que ya no aguantaba más.

“Sentí que iba a dar a luz y que tenía que abandonar el lugar,” dijo.

Zaina abandonó Homs junto a su hermana y a su cuñada, pero no llegaron muy lejos. Antes de llegar a la frontera, dio a luz a una niña de ojos azules y facciones delicadas en una tienda de campaña, donde fue atendida por otra persona siria que huía del conflicto.

“Es difícil describir el dar a luz sin madre, marido o familia que cuide de ti”, contó Zaina entre lágrimas a los visitantes de ACNUR en una casa inacabada donde había buscado refugio en Líbano. La niña, Rama, de tres meses, intenta dormir a su lado.

Para los sirios que huyen de la violencia en su país natal, el viaje conlleva una serie de peligros. Los que llegan a Líbano cuentan haber recibido disparos, haber tenido que dar la vuelta, haber sido acosados en los puestos de control o forzados a caminar horas durante la noche por la montaña rocosa con niños. Un número abrumador de esas personas que huyen de Siria lo forman mujeres y niños, incluyendo a muchos enfermos o embarazadas. Sus hombres están en paradero desconocido, luchando o permanecen en sus hogares protegiendo sus vecindarios.

ACNUR, junto con otros asociados que trabajan en esta área, proporciona asistencia a refugiados sirios que llegan a Líbano. Esta ayuda incluye material de asistencia, como comida y utensilios de cocina, así como refugio, educación y atención médica. Cerca de 200.000 refugiados han huido de la crisis en Siria, de los cuales más de 60.000 han huido a Líbano.

Sahar*, 25 años, huyó de Qusair cuando empezaron a bombardear la ciudad. “Sentimos que quizás era nuestra hora de morir”, comentó. “Pero no queríamos morir. Queríamos huir”. Sahar, su hermana y su cuñada se llevaron a sus seis hijos con ellas; el mayor tenía 5 años. El pequeño grupo emprendió su marcha a través de un estrecho sendero hacia la frontera mientras estallaban proyectiles a su alrededor. Los niños lloraban, pero solo el niño de 5 años “entendía lo que significaban los cañonazos”, recuerda su madre. El niño se sentó en el camino y gritó “Dios es Grande”.

“Rezo a Dios para que nunca veáis lo que yo he visto”, dijo Sahar.

Una mujer de Homs que había llegado justo un día antes describió el viaje como “realmente peligroso”. Vino con un grupo grande en el que venían nueve niños. “Cuando viajas sola y tienes niños, la situación es diferente porque los niños no soportan estar sin agua y sin comida y no tienen suficiente paciencia para recorrer largas distancias”, comentó ella. “Estoy muy cansada”.

Mohammed*, 35 años, granjero, abandonó su ciudad cerca de la frontera cuando el pasado mes empeoró la violencia en el lugar, lo que provocó la muerte de nueve vecinos en un solo ataque. Por la noche y durante 14 horas, su familia caminó con sus vecinos, incluyendo 10 niños, uno de ellos de tan solo tres años de edad. Gran parte del camino tuvieron que llevar en brazos a uno de los niños, Nabeel*, de 9 años, debido a que nació con una válvula cardíaca defectuosa.

Mohammed trató de evitar que el resto de niños lloraran para no alertar a las patrullas de fronteras. Hubo un momento en que les dispararon, pero no sabían de dónde venían los disparosy tuvieron que permanecer tendidos en el suelo sin moverse. A salvo ahora en Líbano, los niños corren a refugiarse en las tiendas de campaña cuando oyen el estruendo de los aviones por encima de sus cabezas.

“Para ellos es como una película de miedo”, dijo Manal Ramadan del Consejo Danés para los Refugiados, organización socia del ACNUR que trabaja en la ciudad de Zahle.

*Los nombres han sido modificados por motivos de protección.

Por Andrew Purvis en Ersal, Líbano.

Gracias a la voluntaria de UNV Online Laura Gil Mendoza por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.