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Voluntarios brasileños ofrecen una mano amiga a los venezolanos

Miles de personas que huyen de la inflación, el desabastecimiento y los disturbios en Venezuela necesitan ayuda urgente en Brasil.

BOA VISTA, Brasil, 6 de abril de 2018 (ACNUR) - Sin trabajo y viviendo con hambre y en la indigencia en su nativa Venezuela, Nayebis Carolina Figuera huyó hacia una vida incierta en las calles del vecino Brasil.

La inflación galopante, la falta de comida y medicamentos, la violencia y los disturbios obligan a huir a decenas de miles de venezolanos como ella.

Cientos acampan a la intemperie en la plaza Simón Bolívar, en la ciudad de Boa Vista, la capital del estado de Roraima, en el norte de Brasil, donde buscan asistencia humanitaria y protección internacional.

“Dejamos todo en Venezuela”, dijo Nayebis, de 34 años. “No tenemos un lugar donde vivir o dormir y no tenemos comida… vinimos a Brasil para buscar solidaridad y ayuda”.

Un grupo de voluntarios brasileños escuchó su llamado de ayuda. La abogada Ana Lucíola Franco y la doctora Eugênia Moura fundaron SOS Hermanos, una asociación solidaria que recolecta comida, ropa, muebles y electrodomésticos para las personas necesitadas.

“Tenemos que hacer todo lo que podemos para protegerlos y sacarlos de las calles”.

“Mucha gente llega con muy poca ropa y no están preparados para el frío”, dijo Ana Lucíola. “Tenemos que hacer todo lo que podemos para protegerlos y sacarlos de las calles”.

El número de venezolanos en busca de asilo en todo el mundo creció del 2.000 por ciento desde 2014. El aumento fue particularmente evidente en las Américas el año pasado, también en Brasil, donde llegan más de 800 venezolanos por día.

Desde principios del año pasado, alrededor de 40.000 personas llegaron al estado norteño de Roraima, cruzando la frontera entre Venezuela y Brasil, y se quedaron viviendo en la ciudad de Boa Vista.

La mayoría necesita ayuda urgente con documentación, alojamiento, comida, asistencia médica y el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, trabaja con las autoridades brasileñas y las organizaciones socias para responder a esas necesidades.

En Boa Vista, la ayuda está haciendo la diferencia para los solicitantes asilo, entre ellos, Luisiana Milagros Medinal, de 32 años, quien huyó de Venezuela hace una semana.

“Me conmueve la forma en que los brasileños nos están acogiendo”, dijo Luisiana, añadiendo que se siente bienvenida y segura. “Nunca pensé que iba a ser así”.

“Cada día SOS Hermanos proporciona alimentos a unas 500 personas refugiadas y pronto también les brindarán albergue”, dijo Bertrand Blanc, oficial de emergencias del ACNUR en Boa Vista. “Esto nos permite mitigar, junto a nuestros socios, las condiciones extremadamente difíciles enfrentadas por muchas familias”.

Los voluntarios ayudan a las personas recién llegadas no solo con comida y alojamiento, sino también en la búsqueda de empleo, a través de una red de contactos profesionales.

“Uno de nuestros objetivos principales es ayudarles a conseguir empleo”, dijo Ana Lucíola, observando que muchos venezolanos cuentan con cualificaciones profesionales con las cuales podrían contribuir a la economía local, si tuviesen la oportunidad.

Mientras se acerca la época de lluvias, que debería empezar en mayo, la asociación está abriendo un albergue para acoger a unas 40 familias y que será mantenido casi en su totalidad gracias a donaciones.

En respuesta al flujo de venezolanos, el mes pasado el ACNUR publicó una nota de orientación para los gobiernos sobre cómo apoyar a los venezolanos en necesidad de protección internacional y asistencia humanitaria.

“Toda acción solidaria, de una forma u otra, genera empatía”.

Desde el pasado junio, el ACNUR ha incrementado su respuesta humanitaria ante el flujo de venezolanos, con la apertura de oficinas en Boa Vista y Manaos, en el vecino estado de Amazonas.

El ACNUR está apoyando a la Policía Federal de Brasil, institución encargada de recibir y registrar a los venezolanos que solicitan asilo o permisos de residencia. Hasta el mes de febrero de este año, más de 24.800 venezolanos solicitaron asilo y casi 11.000 un permiso de residencia temporal.

Ana Lucíola cree que el trabajo de SOS Hermanos también consiste en cambiar la actitud de los miembros de su comunidad, algunos de los cuales no están tan bien dispuestos hacia los refugiados. Ella y otros voluntarios sufrieron acoso y abuso verbal, pero siguen determinados.

“Toda acción solidaria, de una forma u otra, genera empatía”, afirmó Ana Lucíola.

Nayebis y otros venezolanos agradecen tantos actos de generosidad.

“Nos han ayudado mucho”, dijo Nayebis. “Para mí es un acto de solidaridad entre el pueblo brasileño y venezolano”.

Por Flávia Faria, en Boa Vista, Brasil.