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Volver a Colombia en familia para empezar de nuevo

Nuestros bolsos están más llenos de esperanzas que de pertenencias, cuenta Miriam, mientras recibe las recomendaciones para regresar a Colombia.

CARACAS, Venezuela, 26 de octubre de 2016 (ACNUR) - Nuestros bolsos están más llenos de esperanzas que de pertenencias, cuenta la señora Miriam, mientras recibe las recomendaciones para regresar a Colombia con apoyo jurídico y acompañamiento de la Agencia de la ONU para Refugiados (ACNUR). Miriam llegó a Venezuela en el 2009, junto a su esposo y cuatro de sus hijos, huyendo de la violencia en su país, pero ahora considera que los tiempos han cambiado y ya no percibe las amenazas y el peligro que la obligaron a salir de su país.

“Vivíamos en una época y zona donde la violencia era producto de la acción de bandas organizadas. Fuimos amenazados y teníamos temor, sentíamos inseguridad y eso nos llevó a desplazarnos varias veces para vivir fuera del alcance de quienes nos perseguían y finalmente a cruzar la frontera para solicitar protección al Estado Venezolano”, relata Miriam.

Mientras esperan en una sala de las oficinas del ACNUR para salir a Colombia,  Alicia, una de sus hijas mayores, le da un consejo a quienes como ellos decidan recurrir a la repatriación voluntaria. “Sólo tienen que atreverse a hacerlo. Empezamos una vez de cero y por esa misma razón sabemos que podremos lograrlo una segunda vez”, afirma convencida mientras amamanta a su niño de 9 meses. Viuda a los 21 años, está decidida a darle a su bebé un mejor futuro.

“La vida se puso muy dura. Últimamente para poder comprar los alimentos y las medicinas ya no bastaba con tener dinero suficiente. Se nos exigía una documentación nacional que no teníamos”, destaca Fernando, hermano de Alicia. Para él y su familia, ésta fue una de las razones para volver a su tierra, junto al mejoramiento de la situación en Colombia. “Cuando todos los sectores lleguen a un acuerdo no sólo habrá paz, sino que tendremos mayor estabilidad y posibilidad de progresar”, asegura. 

Luego de tener que trabajar en múltiples oficios como albañilería y pintura para sobrevivir en Venezuela,  Miriam y Alicia sueñan con hacer lo que les gusta y tener su propio negocio de modistería y, si es necesario dedicarse  a la peluquería. Están convencidas de que así saldrán adelante.

Todos los hermanos comparten un objetivo: estudiar. “Mientras estuvimos en Venezuela no pudimos hacerlo y sigo soñando terminar el bachillerato. La falta de documentos fue un impedimento, pues todavía éramos considerados solicitantes de la condición de refugiados”, explica Alicia, mientras  Fernando afirma que pondrá todo su esfuerzo para estudiar, así como en trabajar para apoyar en lo que pueda a su madre y hermanos: “porque somos familia y nos ayudamos”, aclara.

Mientras revisan los documentos, la familia celebra junto a una oficial del ACNUR que cada vez falta menos para regresar a su tierra natal. ©ACNUR / Z. Millán

Dado que lo perdieron todo hace siete años, y mientras logran tener una casa propia, a su llegada a Colombia serán recibidos por familiares que les abrirán las puertas de su hogar, ubicado en una población distinta a aquella de la cual huyeron. “Ya quiero conocerlos a todos y a mi abuelo que todavía vive. Cuando partimos estaba muy pequeño y no los recuerdo”, resalta Mario, el hermano más joven de la familia.

Sólo el esposo de la señora Miriam, y una hija se quedan en Venezuela. “Ellos siempre serán bienvenidos en Colombia cuando cambien de opinión y decidan regresar, porque somos familia y eso es lo más importante. Mientras tanto, nosotros iremos adelantando el camino”, dice Miriam.

Colmados de expectativas agradecen el respaldo recibido y se disponen a cruzar el puente, lo único que los separa de su tierra natal que los acoge nuevamente. Antes de despedirse prometen que recordarán a Venezuela “por siempre”, porque no sólo salieron del campo y del temor en el cual vivían, sino que pudieron ver por primera vez el mar y ahora conocen más el mundo.

Por Irma Álvarez Rojas en Caracas, Venezuela.