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Yemeníes desplazados enfrentan condiciones extremas después del último brote de violencia

En las últimas semanas, las renovadas luchas han desplazado a más de 62.000 personas, con muchas de ellas enfrentando malnutrición, enfermedades y albergue inadecuado.

BAYT AL FAQIH, Yemen, 10 de marzo de 2017 (ACNUR) – El mes pasado, cuando se dio la batalla por el control del puerto de Mokha, en el Mar Rojo, Amina* y su familia sabían que finalmente había llegado el momento de huir por sus vidas.

“Nos enfrentamos al peligro tanto del cielo como de la tierra. Nos escondimos en casa durante la mayor parte del tiempo, pero cuando estuvimos cerca de morir y nuestra casa quedó dañada por los combates, sólo tuvimos que irnos”, dijo la madre de tres de 28 años.

Junto con dos familias vecinas, Amina, su esposo y sus hijos se abarrotaron en un vehículo que los llevaría a salvo, dividiendo el costo de $180 dólares entre ellos. Un viaje que normalmente duraría dos horas duró cuatro veces más tiempo, ya que tenían que permanecer en las carreteras secundarias para evitar la lucha.

“No podíamos llevar nada con nosotros, ni comida, ni ropa, ni pertenencias porque apenas había espacio para las personas. Así que nos fuimos con nada”, explicó Amina.

Hicieron su camino unos 150 kilómetros al norte de la ciudad de Bayt al Faqih en la vecina gobernación de Hudaydah, donde Amina y su familia han estado alojados en un apartamento proporcionado por la comunidad local durante las últimas semanas.

“No podíamos llevar nada con nosotros, ni comida, ni ropa, ni pertenencias”.

“Cuando llegamos a Hudaydah no teníamos nada, pero la comunidad ha sido tan generosa. A pesar de que también están sufriendo, nos dieron un lugar para quedarnos y nos ayudaron a salir adelante”, dijo Amina. Pero a pesar de la ayuda de los lugareños y de los artículos de primera necesidad como colchones, mantas, colchonetas, cubos y utensilios de cocina proporcionados por el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, la situación de la familia sigue siendo precaria.

“La vida es demasiado dura. No tenemos suficiente comida y agua y estamos enfermos. Muchas personas y sus hijos tienen infecciones, y el miedo ha debilitado nuestros cuerpos y mentes”, dijo Amina. “Quiero volver a casa, pero toda la información que me han dado es que nuestro hogar sigue sin ser seguro. Sólo quiero paz para mi Yemen”.

Las intensas hostilidades en el oeste y el centro de Yemen han obligado a más de 62.000 personas de sus hogares en las últimas seis semanas, incluyendo a 48.400 de la costa oeste de Taiz, donde se encuentra Mokha, dijo el portavoz del ACNUR, William Spindler, en una rueda de prensa en Ginebra el viernes 10 de marzo.

“La mayoría de los desplazados están en extrema necesidad de asistencia y han encontrado albergue en espacios comunitarios y públicos, incluyendo escuelas y centros de salud, mientras que otros están viviendo en edificios inacabados o al aire libre”, dijo Spindler a periodistas.

“La mayoría de los desplazados están en extrema necesidad de ayuda y han encontrado albergue en espacios comunitarios y públicos”.

Se reporta que un número de los desplazados, incluyendo muchos niños, están sufriendo de desnutrición, dijo Spindler. El hacinamiento y las condiciones insalubres en las zonas de desplazamiento también están dando lugar a brotes de enfermedades.

El ACNUR y sus socios han respondido rápidamente a las necesidades de los desplazados desde Taiz hasta Hudaydah y otros en todo el país, proporcionando albergue y artículos de primera necesidad que muchos beneficiarios informaron como la única asistencia humanitaria que hasta ahora han recibido.

Sin embargo, los combates están obstaculizando el acceso a más de 35.000 personas desplazadas dentro de la propia gobernación de Taiz, y el ACNUR está pidiendo la reanudación del acceso humanitario a la zona mientras tratan de movilizar una respuesta con todos los actores nacionales sobre el terreno.

Adnan, de 26 años, huyó por primera vez de Mokha hace un año, pero acababa de regresar con su esposa, quien tiene una enfermedad crónica, y su hija el mes pasado, cuando casi de inmediato los combates los obligaron a salir de su hogar nuevamente.

“Incluso antes de la actual escalada en Taiz estábamos sufriendo, pero ahora la situación es insoportable”, dijo. “Vimos a la gente morir frente a nuestros ojos. Otros resultaron heridos. Así que decidimos marcharnos”.

Ahora se encuentran viviendo en un pequeño apartamento con otras seis familias, 22 personas comparten dos habitaciones. “Aunque estamos luchando aquí, todavía es mejor que vivir en peligro en Taiz”, dijo Adnan.

* Los nombres fueron cambiados por razones de protección.

Por Shabia Mantoo