ACNUR agradece el fin del último pulso en el Mediterráneo, pero pide con urgencia un modelo de rescate predecible

 

Los solicitantes de asilo y migrantes a bordo de un bote inflable que fue visto por el equipo MOAS en aguas internacionales en la costa de Libia.  © ACNUR/Giuseppe Carotenuto

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, valora positivamente las acciones emprendidas durante los últimos días por varios países europeos para poner fin de manera colectiva a la última situación de punto muerto en el Mediterráneo que afectó a unos 450 refugiados e inmigrantes que habían quedado varados en el mar en medio de una batalla sobre su desembarco.

El pasado sábado, los gobiernos de Francia, Alemania, Italia, Malta, España y Portugal acordaron gestionar conjuntamente el desembarco y trámites necesarios de las 450 personas, incluidos los referentes a las solicitudes de asilo que pudieran presentar.

“Esperamos que estos acuerdos puedan ser implementados con rapidez y eficacia”, dijo el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi. “Por una parte pone fin al suplicio de estas personas, y es un ejemplo positivo de cómo, trabajando juntos, los países pueden respetar el rescate en el mar y gestionar las fronteras, además de cumplir sus obligaciones internacionales en materia de asilo”.

“No obstante, se necesitan soluciones que vayan más allá de los acuerdos “barco a barco”, añadió Filippo Grandi. “En el Consejo Europeo de finales de junio, los gobiernos europeos se comprometieron a adoptar un enfoque más colaborativo, previsible, bien gestionado y continuado para atender a las personas rescatadas en el mar. Mientras que esto no se ponga en marcha, los acuerdos para las llegadas por el Mediterráneo seguirán siendo soluciones a corto plazo e insostenibles. Además, se verá comprometido el interés por un enfoque común por parte de Europa y se seguirán poniendo vidas en peligro con cada travesía por mar”.

A día de hoy, los acuerdos más amplios en el Mediterráneo en lo relativo a la gestión del rescate, desembarco y tratamiento posterior de quienes llegan distan mucho de ser los adecuados. Asimismo resultan muy preocupantes las recientes acciones respecto a la denegación del desembarco de las personas rescatadas por embarcaciones de ONGs y otras restricciones a las operaciones llevadas a cabo también por organizaciones no gubernamentales. Por otro lado, estas acciones no abordan las causas que impulsan los movimientos de refugiados y las migraciones irregulares, ni tampoco la desesperación que empuja a las personas a huir y a embarcarse en peligrosas travesías. Esto se traduce en que la gente sigue tratando de cruzar y se siguen perdiendo vidas.

Al mismo tiempo, si bien los Estados tienen la obligación de salvar vidas y ofrecer protección a las personas refugiadas, quienes son rescatados no tienen el derecho incondicional a elegir dónde quieren ir. El desembarco debe tener lugar en un lugar realmente seguro, también para las personas que puedan estar en necesidad de protección internacional, pero no necesariamente en el lugar de su preferencia.