Un equipo ciclista de refugiados eritreos en Etiopía sueña con la gloria

Seis atletas refugiados, separados por el exilio, se reencuentran en Adís Abeba movidos por su amor al ciclismo.

Filimon y su equipo sueñan con participar en una competición internacional de ciclismo.
© ACNUR/Diana Díaz

Seis jóvenes pedalean a toda velocidad por el caótico tráfico en la capital de Etiopía, zigzagueando entre coches y camiones.


Se separaron cuando huyeron de su país, Eritrea hace más de un año. Una vez en Adís Abeba, se encontraron de nuevo gracias a su amor por el ciclismo de competición. Cada golpe de pedal les trae una nueva esperanza.

"El ciclismo es una parte clave de mi vida. Es ejercicio; me siento feliz y relajado y no pienso en otras cosas cuando voy en bicicleta", dice Filimon, de 24 años. Explica cómo aprendió a montar en bicicleta siendo un adolescente en Eritrea. "Solía competir con mis amigos todos los domingos en el barrio. Mis padres me apoyaron mucho".

Filimon llegó solo a Etiopía en 2015 y vivió en el campamento de refugiados de Mai Aini, en la región de Tigray, en el norte del país. Posteriormente se trasladó a Mekelle, donde tuvo la oportunidad de volver a montar en bici.

"Me siento feliz y relajado y no pienso en otras cosas"

"Me uní a un equipo ciclista durante seis meses", dice. Posteriormente se trasladó a la capital, Adís Abeba.

Filimón nunca imaginó que el ciclismo lo reuniría con sus amigos de la infancia. "Sucedió por casualidad. Huimos por diferentes razones y en diferentes momentos, pero luego nos hemos reencontrado aquí, en Adís Abeba, gracias a nuestro entrenador", cuenta Filimón irradiando alegría.

Aunque de diferentes orígenes, estos jóvenes y motivados refugiados se apoyan e inspiran mutuamente. "Yo era ciclista profesional", cuenta Daniel, de 24 años, otro miembro del equipo que utiliza su experiencia para entrenar a sus amigos. "Este equipo se ha convertido en mi familia. Compartimos todo, incluso el dinero para afrontar nuestros problemas económicos", añade.

Desde el año 2000, Etiopía ha recibido y acogido a casi 170.000 refugiados eritreos, muchos de los cuales son menores no acompañados que huyen o que han sido separados de sus familias. El Gobierno de Etiopía permite a los refugiados vivir fuera de los campamentos, en zonas urbanas, si pueden mantenerse. Unos 20.000 refugiados han decidido vivir en Addis.

Sin embargo, el acceso a puestos de trabajo sigue siendo un desafío para la mayoría de los refugiados urbanos. Filimon, Daniel y el resto del equipo dependen del apoyo de sus familias y de sus amigos etíopes. "Toda la comunidad nos está apoyando, especialmente la persona que nos vende la equipación a mitad de precio", dice Filimon. "Él lo hace porque él mismo fue un refugiado y nos entiende".

En septiembre de 2016, Etiopía anunció nueve compromisos importantes en el marco de la Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes con el fin de mejorar las condiciones de vida de los refugiados en el país. Uno de estos compromisos se refiere a proporcionar permisos de trabajo a los refugiados para que tengan acceso a puestos de trabajo, en las mismas condiciones que cualquier extranjero. Esta medida será especialmente útil para los refugiados como Filimon y Daniel, que tienen enormes dificultades para llegar a fin de mes.

Hasta ahora sólo han competido en varias carreras de ciclismo en ruta dentro de Etiopía, logrando el primer y tercer lugar en dos de las competiciones. Pero pedaleando en sus viejas bicicletas, los seis amigos siguen soñando con el día en que puedan participar en competiciones internacionales.

"Como refugiados, es difícil competir internacionalmente porque no podemos representar a Eritrea ni a Etiopía", dice Filimon. "Nuestro equipo no recibe el apoyo necesario para que podamos obtener nuestros mejores resultados".

A pesar de estas limitaciones, el equipo sigue motivado y su energía ha servido de inspiración a su comunidad. Dentro de su rutina de entrenamiento de tres días a la semana, Filimón, Daniel y el resto del equipo también reciben ánimos de los etíopes.

Filimon y su equipo reparan sus bicicletas.  © ACNUR/Diana Díaz

"Compartimos nuestra experiencia con ellos y esperamos que algún día podamos llegar a ser tan buenos en ciclismo como los son ellos en atletismo", dice Daniel, haciendo referencia a los excelentes resultados de los corredores de fondo de Etiopía en las competiciones mundiales.

Los amigos se ayudan mutuamente a sobrellevar las dificultades. " Se oye hablar de mucha gente que se va a otros países para encontrar oportunidades. Antiguos miembros de nuestro equipo también se han ido", dice Daniel.

"Pero esta es nuestra pasión y lo que queremos hacer en la vida; esto es lo que nos mantiene aquí". Se imagina a sí mismo y a su equipo como ciclistas profesionales dentro de 10 años. "Si trabajas duro, un día alcanzarás tu sueño. Pero necesitamos más apoyo".