A pesar de cifra récord de desplazamientos en 2017, ACNUR señala mejoras en la salud pública

Mientras que los desplazamientos alcanzaron la cifra récord de 68,5 millones de personas a nivel mundial el año pasado, las consultas clínicas, de salud mental y prenatales aumentaron, mientras el índice de mortalidad de niños menores de 5 años, que es un dato clave, permaneció estable a nivel global.

Las vacunas orales contra el cólera se distribuyen con la ayuda de voluntarios y ONG locales e internacionales y la ONU, en el campo de refugiados de Balukali, el 12 de octubre de 2017.
© ACNUR/Roger Arnold

Cuando Amina, la hija de tres años de Nur Jahan, refugiada rohingya, cayó enferma con fiebre y molestias estomacales, Nur la llevó a una clínica de atención primaria en este extenso asentamiento en el sudeste de Bangladesh para que recibiera tratamiento inmediato.


“Para nosotros es una gran ayuda tener una clínica cerca, a la que podemos acudir siempre que lo necesitamos”, dice Nur, en las instalaciones apoyadas por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. La clínica abre las 24 horas del día.

A pesar de la cifra récord de desplazamientos que el año pasado alcanzó los 68,5 millones de personas, ACNUR ha hecho algunas mejoras clave en la sanidad pública que han beneficiado a millones de personas como Nur, desarraigadas por las guerras y las persecuciones en todo el mundo.

El Informe Global de ACNUR sobre Salud Pública para 2017 constata que el número de consultas clínicas facilitadas el año pasado a hombres, mujeres y niños desplazados en los 21 países estudiados aumentó un 10% respecto al año anterior, alcanzando más de 8 millones.

“Si no hubiera un servicio como este, podríamos haber sufrido”.

Un marcador clave del impacto de la salud pública en emergencias como la crisis de los rohingya en Bangladesh es el índice de mortalidad en niños menores de cinco años. A pesar de las grandes emergencias y los brotes de enfermedades, este índice permaneció estable a nivel mundial en 0,4 fallecimientos por cada 1.000 niños mensualmente, siguiendo así con la tendencia a la baja observada desde el año 2011.

“Si no hubiera un servicio como este, podríamos haber sufrido”, dice Nur, mientras espera su turno en la Clínica de Salud Gnashashtya, en el sudeste de Bangladesh, país que acoge a casi un millón de refugiados rohingya que han escapado de la violencia en la vecina Myanmar.

  • Pacientes rohingya refugiados esperan su turno de visita con una enfermera en una clínica integrada de atención primaria apoyada por ACNUR en el asentamiento para refugiados de Kutupalong, en Bangladesh.
    Pacientes rohingya refugiados esperan su turno de visita con una enfermera en una clínica integrada de atención primaria apoyada por ACNUR en el asentamiento para refugiados de Kutupalong, en Bangladesh.  © ACNUR / Adam Dean
  • Una sala de maternidad lucha para satisfacer la demanda en el principal hospital del campamento de Nyarugusu.
    Una sala de maternidad lucha para satisfacer la demanda en el principal hospital del campamento de Nyarugusu. © ACNUR/Georgina Goodwin
  • Rozia, refugiada rohingya de dieciocho meses, se recupera del sarampión en el Hospital de Campaña de la Media Luna Roja en el asentamiento para refugiados de Kutupalong, en Bangladesh.
    Rozia, refugiada rohingya de dieciocho meses, se recupera del sarampión en el Hospital de Campaña de la Media Luna Roja en el asentamiento para refugiados de Kutupalong, en Bangladesh.  © ACNUR / Andrew McConnell
  • ACNUR distribuye agua y kits de saneamiento e higiene en el asentamiento para refugiados de Kutupalong y Chakmakrul en Bangladesh.
    ACNUR distribuye agua y kits de saneamiento e higiene en el asentamiento para refugiados de Kutupalong y Chakmakrul en Bangladesh.  © ACNUR / Roger Arnold
  • Mouna Mussa, de 26 años y su hijo de 9 meses Afaf Mohamed Ali, pertenecen a la comunidad de acogida sudanesa local que vive cerca del campamento de Al-Nimir. Afaf sufre de desnutrición severa y está siendo tratado por doctores del campamento.
    Mouna Mussa, de 26 años y su hijo de 9 meses Afaf Mohamed Ali, pertenecen a la comunidad de acogida sudanesa local que vive cerca del campamento de Al-Nimir. Afaf sufre de desnutrición severa y está siendo tratado por doctores del campamento. © ACNUR / Petterik Wiggers

El Informe Global señala que la causa principal de mortalidad en niños menores de cinco años es la diarrea acuosa. En una sola toma de tratamiento efectivo, Amina fue tratada de manera temprana de sus problemas estomacales y volvió al alojamiento de la familia en el asentamiento.

Durante 2017, ACNUR y sus socios contribuyeron con éxito a la gestión de múltiples brotes de enfermedades en todo el mundo, incluido el cólera en Kenia, Uganda y Sudán, malaria en Uganda y sarampión en Angola y Bangladesh.

Otros casos incluyeron brotes de difteria  ̶ en los densamente poblados asentamientos para refugiados del sudeste de Bangladesh, donde los refugiados viven en unas precarias y abarrotadas chozas de bambú  ̶  así como de tifus en Ruanda y viruela del mono en la República Democrática del Congo.

Estudios sobre salud mental muestran que la inmensa mayoría de los refugiados responden con “ansiedad normal” al hecho de ser desarraigados de sus hogares por la persecución y la violencia, aunque una proporción más pequeña presenta formas de problemas mentales leves y moderados.

El Informe Global muestra que, como resultado de la mayor disponibilidad de las consultas de salud mental en clínicas de atención primaria, estas se doblaron durante 2017 si se comparan con tres años atrás.

Desde 2015, en asociación con War Trauma Foundation, ACNUR ha organizado cursos de formación en fomento de capacidades para el cuidado de la salud mental en varios países que incluyen Argelia, Bangladesh, Camerún, Chad, la República del Congo, la República Democrática del Congo, Etiopía, Kenia, Tanzania y Uganda.

La mayoría de las consultas sobre salud mental estaban relacionadas con la epilepsia y convulsiones  ̶  40 por ciento  ̶  y por trastornos mentales graves, como psicosis y trastorno bipolar. El porcentaje de personas que se atendieron por trastornos mentales comunes como depresión, ansiedad, trastorno por estrés postraumático y otros problemas psicológicos continúa siendo bajo  ̶  el 27 por ciento  ̶  comparado con la frecuencia esperada de estos trastornos.

Los niños sirios refugiados Aya, de 6 años, e Issam, de 5 años, participan en un grupo de terapia psicomotriz diseñado para ayudar a niños traumatizados por la guerra en el Restart Centre, en Beirut.   © ACNUR / Sam Tarling

En el transcurso del año, ACNUR informó de más mejoras en el índice de cobertura de vacunación contra el sarampión entre niños menores de un año. En conjunto, más de 160.000 niños de esta edad fueron vacunados contra el sarampión en programas de rutina, un 15% más que en 2016.

En 2017, alrededor de medio millón de mujeres embarazadas acudieron a los servicios prenatales en las 135 instalaciones monitoreadas en 21 operaciones, lo que supone un incremento del 18% respecto a 2016. Nueve de cada 10 partos contaron con la asistencia de un trabajador de la salud cualificado, esto es un aumento del 25% respecto a 2016.

Aún son extremadamente preocupantes los altos niveles de anemia y problemas de crecimiento. La malnutrición aguda también sigue siendo muy preocupante ante la reducción de raciones alimentarias para los refugiados y servicios básicos en muchas operaciones. Globalmente, el 62% de los asentamientos para refugiados analizados cumplían con los estándares de malnutrición aguda global, lo que supone una ligera mejora respecto al año 2016.

El acceso a tratamientos contra el VIH se mantuvo, con más de 10.000 casos inscritos en programas de tratamiento contra el VIH.

El acceso al agua potable y al saneamiento es vital a la hora de preservar la salud pública. ACNUR consiguió mantener el volumen medio de agua facilitada a personas que reciben su asistencia en 21 litros por persona y día globalmente. El número medio de personas por baño mejoró hasta llegar a las 22.

Esto superó el estándar básico mínimo respecto al saneamiento. Sin embargo, ACNUR no siempre cumplió con los estándares en situaciones de emergencia o situaciones prolongadas.

Gracias a la Voluntaria en Línea Esperanza Escalona Reyes por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.