Ketty y Kely: Gemelas refugiadas y líderes comunitarias en Venezuela

Ketty y Kely son líderes comunitarias en Venezuela, donde llegaron en el 2010 luego de cruzar la frontera en busca de protección internacional.

Ketty y Kely Atencia tienen 31 años de edad. Son gemelas idénticas y nacieron en Colombia.
© ACNUR/Wildi Jhoan Rivero

Ketty y Kely Atencia tienen 31 años de edad. Son gemelas idénticas y nacieron en Colombia. Desde su infancia tuvieron que cambiar de lugar de residencia al menos 6 veces, junto a su familia, para poder estar seguras o salvar sus vidas. Ambas son líderes comunitarias en Venezuela, donde llegaron en el 2010 luego de cruzar la frontera en busca de protección internacional. Lo único que las diferencia son los meses de embarazo de Ketty, un lunar que tiene Kely sobre el labio y la personalidad.

Las hermanas Atencia fueron reconocidas como refugiadas en 2014 y fundaron la red “Lazos de Amistad” que lleva a cabo actividades educativas, deportivas y recreativas, mediante las cuales promueven la coexistencia pacífica entre los refugiados y las personas que viven en las comunidades que los reciben. Ellas también buscan generar un cambio social para los niños y jóvenes que viven en el estado Zulia, en la región noroeste de Venezuela, donde conducen sesiones de concientización sobre la violencia sexual y de género.

Pertenecen a la Red de Espacios Seguros lanzada por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Venezuela en coordinación con organizaciones socias, y fueron una de las redes de jóvenes ganadoras del Fondo de Iniciativa Juvenil del ACNUR, con el cual crearán una biblioteca y organizarán talleres para niños, niñas, jóvenes y sus familias sobre la paternidad positiva, la salud sexual y reproductiva, las consecuencias del uso de las drogas, la prevención de la discriminación y la xenofobia y el reciclaje, entre otros temas.

Las hermanas Atencia fueron reconocidas como refugiadas en 2014 y fundaron la red "Lazos de Amistad".

Gemelas refugiadas son lideresas comunitarias en Venezuela (ACNUR/Wildi Jhoan Rivero)

¿Cuáles son sus nombres y edades?

Nosotras somos Ketty y Kely Atencia. Tenemos 31 años de edad. Somos gemelas. Pero tenemos caracteres y gustos diferentes. La primera en nacer durante la cesárea fue Ketty. Mi mamá nos cuenta que ella no sabía que éramos dos. Ketty tapaba a Kely, porque estaba más gordita y era un poquito más grande. En el último momento, el médico del hospital hizo un ecosonograma y se dio cuenta de que éramos dos y estábamos muy pegaditas. Mi mamá se puso feliz y mi papá dice que se puso loco de la alegría y con ganas de gritar.

¿Tienen familia?

Sí. Cuatro de nuestros cinco hermanos vinieron a Venezuela y todavía estamos aquí con nuestra familia, mi madre y los hijos de mi hermana mayor que murió en Colombia.

¿Pueden describir su viaje desde Colombia hasta Venezuela?

Durante la infancia tuvimos que abandonar nuestro hogar al menos 6 veces, junto con la familia, para salvar nuestras vidas y encontrar protección. Teníamos unos 7 años, cuando nuestro papá nos dijo que teníamos que huir por primera vez. Los grupos armados no estatales tomaron el control de la zona y comenzaron a amenazar a nuestra familia.

En los primeros momentos huimos a pie, tuvimos que caminar mucho porque vivíamos en una zona muy rural y apartada del pueblo. Nos mudamos de una ciudad a otra hasta que a mi padre le dieron un trabajo y una vivienda para la familia en una granja. Tuvimos momentos muy felices en esta granja. Fuimos a la escuela, mientras mis padres trabajaban. Pero luego la familia fue amenazada de nuevo, mi padre nos envió a Barranquilla y a mi madre a otra ciudad. Empezamos a trabajar en casas de familia y estudiamos. Después de unos años ingresamos a una escuela técnica.

Mi hermano mayor fue el primero en salir de Colombia. Un grupo armado quiso reclutarlo a él y a mi padre, para protegerlo, lo envió a Venezuela. Lo mismo le sucedió a mi hermano menor y también tuvo que huir a Venezuela en busca de protección.

Más tarde, la misma persecución nos siguió a nosotras y tuvimos que huir para salvar nuestras vidas. Cruzamos la frontera entre Colombia y Venezuela a pie, con la ayuda de un traficante, a quien tuvimos que pagar una gran cantidad de dinero. Nuestras identificaciones fueron quitadas y nos amenazaron verbalmente. El viaje duró casi dos días. Esos fueron dos días eternos desde Colombia hasta Venezuela. Estábamos muy asustados. El sufrimiento terminó cuando vimos a mi hermano, el primero que llegó al país, y dijimos: ¡Gracias a Dios! ¡Finalmente llegamos! Nos sentimos como en casa y finalmente estábamos todos juntos. Después de unos 4 meses viviendo en Venezuela, el compañero de Ketty y padre de su primer hijo dijo que no podía seguir huyendo y regresó a Colombia. Nunca volvimos a saber de él. Dos o tres años después, Ketty se encontró con el hombre con el que ahora vive y que es el padre de una niña y los gemelos.

Desde que mi hermana murió enferma en Colombia, mi madre y sus hijos huérfanos también se reunieron con nosotros en Venezuela. Agradecemos al ACNUR por apoyar a mi familia en estos tiempos difíciles. Ahora estamos todos aquí, juntos como una familia.

¿Cómo es su vida ahora? ¿Qué es lo que más extrañan de casa?

Lo que más extrañamos de nuestra antigua casa es la comida y la cultura. El maíz asado (ese que viene de la mazorca recién cosechada), el ñame con pescado, plátano, yuca y la auyama. Todavía no nos acostumbramos a comer harina y esas cosas. Los grupos folclóricos y las gaitas son totalmente diferentes a las de aquí. Nosotras estábamos en un grupo y cantábamos y bailábamos gaita en los festivales. Por eso también trajimos un poco de nuestra cultura y promovemos igualmente el conocimiento de la de Venezuela. Los muchachos de ahora no le dan importancia a la preservación de la cultura y prefieren más bien otros ritmos más vulgares.

El ambiente sí se parece mucho. A veces sentimos que estamos en Colombia, porque el ambiente natural se asemeja al de un pueblo, una finca. Como vivimos en una zona rural, hay mucha paz. Las únicas alborotadas, escandalosas o bulleras somos nosotras, que vivimos haciendo actividades culturales aquí en el barrio. Nos gusta mucho este lugar donde vivimos. Ya conocemos a los vecinos, ellos nos apoyan y se sienten orgullosos de lo que hacemos por los niños y por ellos.

Kely lleva un record. Ya ha logrado salvar tres matrimonios. Ella siempre ha sido así. La buscan muchas mujeres, ella ha sabido aconsejarlas. Y vienen a darle las gracias y contarle que pusieron en práctica lo que les dijo. Ella tiene algo de psicóloga. Gracias a RET (red para la protección y la educación) aprendimos unas terapias muy buenas. Siempre estamos listas para aprender y compartir los conocimientos con las comunidades.

¿Cuánto tiempo tienen trabajando con niños y niñas?

Dos años y medio aproximadamente. La idea inicial era trabajar con jóvenes y adolescentes. Pero nosotros manifestamos que era un grupo complicado por la edad y el momento de rebeldía. Nos costaba mucho trabajo. Sin embargo logramos guiarlos. Los jóvenes ahora son colaboradores en Lazos de Amistad, en el trabajo que hacemos para los niños.

Nuestro logo tiene imágenes simbólicas. El punto de arriba es como la cabeza de un niño súper héroe que va en una patineta jugando. También está la formita que hace como un techo que es la A. Todo refleja lo que queremos proyectar: Cuando nosotros queremos pedir protección dibujamos una casa. Entonces, la rayita roja con el techo que se cruza es como el techo de una vivienda. Todo eso es lo que quiere Lazos de Amistad para los niños: protección familiar. Porque aquí los padres tienen una particularidad y es que le dedican muy poco tiempo a los niños. Entonces estamos siguiendo a los niños para que tengan esa recreación que tanto necesitan e involucramos a sus padres para que ellos también compartan con sus hijos y aprendan que tener hijos no sólo es inscribirlos en la escuela. Hay cosas que dependen de ellos. Deben inculcarles valores.

Lazos de amistad tiene sus áreas de acción: educación, cultura, recreación, deporte, coexistencia pacífica y prevención de la violencia. En prevención tenemos talleres de salud sexual y reproductiva, efectos del uso de las drogas, secuelas de la discriminación, xenofobia. En la comunidad también hay charlas que estamos dictando sobre el buen uso del agua, energía eléctrica, importancia del reciclaje y cuidado del medio ambiente. Ahorita mismo estamos trabajando con niños de varias comunidades cercanas a la nuestra en el Estado Zulia.

Al principio nos tocaba salir a caminar, buscar a los niños de casa en casa, hablarles a los padres y madres. Ahora no. Ahora los padres y madres vienen a nosotras. Ellos incluso quieren pagar para que sus hijos estén con nosotras. Pero les explicamos que todo es totalmente gratis. Lo que vamos a ganar es la sonrisa de sus hijos y todo lo mejor lo lograremos gracias al comportamiento y compromiso que ellos tengan. Lo único que pedimos a los niños para estar aquí es respetar a mamá y papá. Luego ellos tienen las puertas abiertas. Porque una cosa es lo que enseñan los padres en el hogar y otra los maestros, y ambas son complementarias.

¿Y con las mujeres cómo hacen para motivarlas? ¿Dónde se reúnen?

Nosotras tenemos un nuevo proyecto que es la escuela para padres. Para motivar la asistencia de las mujeres, los fines de semana vamos a hacer bailoterapias. Organizaremos talleres sobre violencia basada en género, salud sexual y reproductiva, enfermedades de transmisión sexual y vamos a hablar con ellas. Vamos a hacer unos habladores y si es necesario ir de puerta en puerta lo haremos. A nosotras nos gusta caminar. Entonces esta es una red que está naciendo y quiere involucrar y empoderar igualmente a la mujer.

Kely tiene una sociedad terapéutica para mujeres que se llama “Reflejos” promovida por RET*. El proyecto comenzó porque ella vio la necesidad de apoyar a las mujeres. Pero luego también vinieron parejas que se dieron la oportunidad de encontrar soluciones, en lugar de involucrarse en conductas dañinas, y al final eso también es una herramienta de protección para los niños. Esperamos que vengan más mujeres, especialmente las madres de los niños con quienes estamos trabajando. Queremos mostrarles los resultados positivos que esta Red de Jóvenes puede aportar a sus familias si continúan apoyando a sus hijos y a ellas mismas.

¿Pueden describir su foto? ¿Cuándo fue tomada, dónde, quién la tomó, qué pasaba?

Elegimos esta foto porque las dos estábamos juntas y fue tomada en un momento que nos cambió la vida: íbamos a estudiar y ese fue un momento feliz para nosotras. Estábamos empezando a tocar el futuro, porque nuestro sueño siempre fue convertirnos en profesionales.

La foto fue tomada por un amigo con una cámara que compramos. Ese amigo nos ayudó y nos llevó a conocer a su tía un fin de semana. Él trabajó cerca de nosotros. Si pudiéramos, le cocinaríamos arepas antioqueñas, un plato tradicional colombiano que nos enseñó. Si logramos establecer una venta de alimentos algún día, le prepararíamos arepas hechas con maíz de verdad, rellenas de chorizo, carne esmechada, pollo esmechado o chicharrón. Estamos muy agradecidas por su amistad incondicional y el apoyo de su familia.

¿De qué manera el dejar la casa cambió ese sueño?

Las organizaciones humanitarias querían apoyarnos para continuar con nuestros estudios en Venezuela, pero fue difícil autenticar los documentos, porque estudiamos en varias escuelas en Colombia y éramos como nómadas. Nunca podíamos permanecer lo suficiente en una comunidad en Colombia para completar el año escolar. Nuestra familia nos retiraba de las clases por inseguridad y amenazas.

Aun cuando no hayamos completado nuestros estudios y no hayamos podido demostrar lo que hemos logrado en nuestro país de origen, de alguna manera, ahora somos terapeutas y abogados, ya que siempre hay alguien que busca nuestro consejo. Y cuando tuvimos que desarrollar cualquier propuesta de proyecto, nuestro conocimiento fue útil.

Le tomamos amor a lo que estudiamos. Todo lo que aprendimos se arraigó a nosotras. Estamos teniendo éxito en lo que hacemos ahora, gracias a las pruebas que superamos y nos obligaron a saber y a querer aprender más, para dar siempre lo mejor de nosotras. Porque siempre nos encontramos personas que nos daban siempre lo peor de ellos. Aprendimos a crecer en la adversidad.

¿Cuál es su sueño más grande ahora? ¿O sus esperanzas para el futuro?

Siempre ha sido un sueño, pero también una necesidad para nosotras, arreglar el mundo y eliminar las cosas malas que existen en la vida. Como hemos sido víctimas de momentos desagradables, esto es algo que nos identifica. Nos sentimos comprometidas con esa parte de querer darle algo bueno al mundo, apoyarlo y ayudarlo.

¿Qué consejo le darían ustedes ahora a las mujeres que están en su foto?

Varios mensajes tenemos para ellas: Que no se rindan y sigan luchando por sus sueños de tener una mejor vida y cambiar el mundo. La parte más difícil pasará y vendrán las maduras y las dulcitas. Sigan adelante porque todo valdrá la pena. Sólo deben esmerarse para estar donde quieran, sin rendirse. ¡Y pónganse las pilas porque lo que les viene es mucho trabajo!

*RET es una organización internacional cuyo trabajo en Venezuela está enfocado especialmente en la inclusión e integración de jóvenes refugiados en las comunidades de acogida, a través de la promoción de la participación y convivencia.