"Tengo mucho que agradecerle a Venezuela"

Tras huir de su país, María Blanco encontró una nueva vida. Hoy trabaja como promotora comunitaria y ayuda a mujeres supervivientes de violencia.

Actualmente, María Blanco es una admirable líder en su comunidad, tiene su propio emprendimiento de venta de empanadas y ha realizado varios talleres. Cada día busca superarse, convirtiéndose en replicadora de todo lo aprendido en su localidad.
© ACNUR/Wildi Jhoan Rivero

La sonrisa de María del Carmen Blanco Bolívar esconde la historia que enfrentó en su país de origen, y es el reflejo de quien resiste y mantiene la esperanza ante el infortunio. Ella es una de las de 7.900 personas refugiadas que ha logrado empezar una nueva vida bajo la protección internacional del Estado venezolano, tras vivir los embates del conflicto colombiano.


Cuando María estaba embarazada, su situación cambió para siempre. Una noche de octubre de 2006 un grupo armado irrumpió en su hogar, le apuntaron con sus armas y amenazaron con matarle. Ella debió abandonar su país dejando atrás costumbres, raíces y todo lo alcanzado a lo largo de su vida. “A las 11 de la noche, un grupo armado me sacó de mi casa. Yo le pedí auxilio a mi hermana y ella me dijo: Vete para Venezuela. Hoy tengo mucho que agradecerle a este país”, afirmó María.

Manifiesta que la llegada a Venezuela trajo consigo varios desafíos, y enfrentó junto a sus hijos situaciones difíciles. Al mirar atrás, recuerda aquellos momentos en los que sintió haberlo perdido todo. “Al principio, la situación fue fuerte. Yo dejé un mundo de lujos.  Fue muy duro vernos a todos durmiendo bajo la misma sábana. Pero yo les digo: El que persevera, alcanza”.

Hoy, fortalecida, y como un vivo ejemplo de resiliencia, asegura que su vida tomó un nuevo rumbo gracias al apoyo de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y las organizaciones humanitarias en Venezuela. María nunca dejó de soñar. Ella tiene grandes anhelos y es una mujer empoderada gracias a la información compartida por ACNUR y sus agencias socias.

Hoy, fortalecida, y como un vivo ejemplo de resiliencia, María Blanco asegura que su vida tomó un nuevo rumbo gracias al apoyo de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y las organizaciones humanitarias en Venezuela.

Hoy, fortalecida, y como un vivo ejemplo de resiliencia, María Blanco asegura que su vida tomó un nuevo rumbo gracias al apoyo de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y las organizaciones humanitarias en Venezuela.  © ACNUR/Wildi Jhoan Rivero

“La primera organización que conocí fue Cruz Roja. Ellos se encargaron de llevarme a la Comisión Nacional para los Refugiados (CONARE). Después, conocí al ACNUR, luego a Cáritas y luego a HIAS. Me estoy especializando para ser una promotora comunitaria. La idea es ayudar a otras personas que están en situación difícil. Hoy en día hay muchas mujeres maltratadas. Hablamos con ellas y las invitamos a Aliadas en Cadena para que sepan cuáles son sus derechos y deberes”.

Actualmente, María Blanco es una admirable  líder en su comunidad, tiene su propio emprendimiento de venta de empanadas y ha realizado varios talleres. Cada día busca superarse, convirtiéndose en replicadora de todo lo aprendido en su localidad.

“Yo me siento feliz cambiándole la vida a las demás mujeres. Ellas me dicen: María, yo antes no era capaz de hacer esto; pero ahora sí soy capaz. Yo les digo a las mujeres: Capacítense, todos los días hay que aprender algo. Se necesita valor para ser una persona refugiada, para dejar todo atrás y empezar de nuevo. Hay que ponerle muchas ganas, mucha fuerza”.