"En este momento, a pesar del peligro, Sudán del Sur es donde pertenezco"

La mayoría del personal de ACNUR se encuentra en el terreno. Conoce a Byun, oficial de comunicación en Sudán del Sur, uno de los países más peligrosos para los trabajadores humanitarios.

La oficial de comunicaciones de ACNUR Eujin Byun sostiene un bebé refugiado junto a la madre del niño en Sudán del Sur.
© ACNUR / James Jamba Charles

Eujin Byun es de Corea y trabaja como oficial de comunicaciones del ACNUR en Sudán del Sur. En 2017, los trabajadores humanitarios fueron blanco de 46 importantes ataques en el país, incluidos tiroteos, secuestros y agresiones. A pesar de los riesgos, Eujin recientemente decidió extender su estadía. Aquí ella explica por qué.

Desde hace dos años he estado trabajando en Sudán del Sur, uno de los lugares más peligrosos del mundo para los trabajadores humanitarios. Desde el inicio del conflicto en 2013, un total de 93 trabajadores humanitarios han sido asesinados. Sesenta fueron detenidos en mayo, de ellos, han liberado a 28 hasta el momento.

Esas noticias hacen que se me hiele la sangre, podría ser tan fácilmente yo. Esta es la realidad de la vida de un trabajador humanitario en una de las partes más conflictivas del mundo.

Como trabajadores humanitarios, siempre estamos preparados para emergencias; cada uno de nosotros tiene una bolsa de viaje con artículos básicos como ropa interior, un cargador de teléfono, una copia de nuestro pasaporte, efectivo, cepillo de dientes y pasta de dientes.

“Ser una mujer trabajadora humanitaria es incluso más difícil”.

Suena difícil ser trabajador humanitario en Sudán del Sur, pero es incluso más difícil ser mujer trabajadora humanitaria. Aun así, aquí sigo, al igual que otras 85 colegas de ACNUR, que trabajan en todo el país.

El temor ha estado conmigo desde que elegí trabajar en el condado de Maban, Sudán del Sur, hace más de dos años. Después de que una serie de trabajadoras humanitarias fueran víctimas de violación en Juba en 2016, el miedo aumentó aún más para muchas colegas.

Y, sin embargo, a pesar de mis propios temores, elegí quedarme en Sudán del Sur por otros dos años. ¿Por qué?

En Sudán del Sur he sido testigo tanto de lo mejor como de lo peor de la humanidad. He visitado comunidades donde las personas no tienen nada, pero aun así logran mantener una gran sonrisa en sus rostros. Me hace darme cuenta de lo que es importante en la vida y de las muchas cosas pequeñas que damos por sentadas: familia, amigos, educación, electricidad e incluso caminar afuera por la noche.

  • La oficial de comunicaciones del ACNUR, Eujin Byun, habla con niños refugiados en un campamento en Sudán del Sur.
    La oficial de comunicaciones del ACNUR, Eujin Byun, habla con niños refugiados en un campamento en Sudán del Sur.  © ACNUR / James Jamba Charles
  • La oficial de comunicaciones del ACNUR, Eujin Byun, sostiene un bebé refugiado en un campamento en Sudán del Sur.
    La oficial de comunicaciones del ACNUR, Eujin Byun, sostiene un bebé refugiado en un campamento en Sudán del Sur.  © ACNUR / James Jamba Charles

Pero la razón principal para extender mi mandato aquí es por mis colegas, con quienes comparto cada día. Existe un tremendo sentido de solidaridad entre nosotros, y entendemos que mientras vivimos y trabajemos bajo la amenaza del peligro, nuestras vidas están unidas.

Esto es más que solo un trabajo diario. El horror que vemos nos afecta a todos profundamente, pero al trabajar juntas, la tristeza y el enojo se pueden traducir en algo productivo.

Entre colegas, compartimos nuestras historias sobre nuestra familia, nuestros hijos y también sobre nuestras luchas y desafíos cotidianos como mujeres, como humanitarios y como seres humanos.

He escuchado innumerables historias de colegas de Sudán del Sur, en su mayoría madres que tuvieron que vivir lejos de sus hijos; muchos se mudaron a su familia fuera de Sudán del Sur debido a los riesgos de seguridad. A menudo me dicen que lo más difícil es no temer por sus propias vidas, sino cómo se sienten cuando sus hijos les preguntan: “¿Cuándo te veré de nuevo?”.

“Al trabajar juntas, la tristeza y el enojo se pueden traducir en algo productivo”.

Más recientemente, la Alta Comisionada Adjunta para los Refugiados Kelly T. Clements visitó Sudán del Sur. Fue inspirador conocer al personal femenino de mayor antigüedad que trabaja en ACNUR.

Se sentó con mujeres refugiadas y desplazadas internas y las escuchó hablar sobre los riesgos de seguridad, así como la violencia sexual, de género y doméstica. Ella aplaudió su capacidad de resiliencia y las animó a trabajar juntas para protegerse mutuamente.

También se tomó el tiempo para acercarse a colegas, nos dio consejos de carrera y nos dejó saber que ella está allí para nosotras si tenemos alguna pregunta. Muchas trabajadoras mujeres necesitan mentoras y modelos a seguir, y si el miembro del equipo femenino más experimentado puede estar disponible para escuchar nuestros desafíos y dar consejos, puede tener un gran impacto en nuestras carreras.

ACNUR tiene más de 450 ubicaciones en el terreno en todo el mundo. En los países donde el conflicto está en curso, las empleadas son una minoría. “Necesitamos más de ustedes en lugares como Sudán del Sur, para que podamos ser una organización aún más fuerte para las personas a las que servimos”, dijo Clements.

Es impactante y profundamente triste saber de mis compañeros humanitarios retenidos o asesinados. Pero no me detendrá mientras sigo ayudando a las personas refugiadas y desplazadas internas a reconstruir sus hogares y sus vidas. En este momento, a pesar del peligro, Sudán del Sur es a donde pertenezco.

La Agencia de la ONU para los Refugiados trabaja en 128 países ayudando a hombres, mujeres y niños expulsados de sus hogares por las guerras y la persecución. Nuestra sede se encuentra en Ginebra, pero el 87 por ciento de nuestros más de 15.000 empleados se encuentran en el terreno, ayudando a los refugiados. Este es uno de una serie de perfiles que destacan a nuestro personal y su trabajo.