Terremoto
en Pakistán
El
terremoto en Asia meridional del 8 de octubre de 2005 ha
azotado duramente a Pakistán. La devastación ha sido enorme,
dejando miles de muertos, muchos más heridos y varios millones
de personas sin abrigo. La Agencia de las Naciones Unidas para
los Refugiados - ACNUR - disponía en el terreno, donde está atendiendo
a los refugiados afganos hace 25 años, de reservas de suministros
humanitarios de emergencia y de una adecuada capacidad operativa.
El ACNUR ha empezado inmediatamente la distribución de tiendas
de campaña y frazadas necesitadas urgentemente desde sus
almacenes en Pakistán. Luego, ha sido puesto en operación
un importante puente aéreo desde las bodegas del ACNUR de
la región y de todo el mundo para transportar tiendas de
campaña y otros materiales de emergencia que se necesitaba
con urgencia. En el terreno los operadores humanitarios han luchado
contra el tiempo para vencer enormes desafíos logísticos.
Las donaciones de gobiernos y particulares han llegado con demasiada
lentitud.
Dos semanas pasaron antes de que la verdadera magnitud
del terremoto del 8 de octubre en el Himalaya se volviera evidente.
Las bajas
estimadas por efecto del sismo de 7,6 grados de la escala Richter
han aumentado de 10 a 15 mil víctimas del primer día
a más que 50.000 al final de las dos primeras semanas. A
pesar que la India también fue duramente afectada, la gran
mayoría de las bajas han ocurrido en la región Cachemira
pakistaní, en donde se encontraba el epicentro del sismo,
y en la provincia de la Frontera Noroeste.
Mientras que las autoridades indias y pakistaníes se apuraban
en rescatar sobrevivientes de los escombros, en atender a los heridos
y cuidar de quienes se quedaron sin casa, se hacía más
evidente la real magnitud de la devastación: cerca de 15.000
pueblos afectados, ciudades como Muzaffarabad y Balakot arrasadas,
más que 3 millones de personas sin abrigo, más que
75.000 heridos, incluyendo aquellos sobre quienes no se tiene conocimiento
y, por lo tanto, no han sido atendidos. Esto ocurre dos semanas
después de que uno de los más devastadores terremotos
de la historia reciente haya azotado esta remota y bella región
montañosa.
El ACNUR ha jugado tradicionalmente un papel secundario,
cuando no ausente, durante los desastres naturales. Su mandato
se restringe
a los refugiados – personas afectadas por persecuciones deliberadas
o por la guerra – y recientemente ha sido ampliado a personas
desplazadas dentro de las fronteras de sus propios países
por causas similares.
Sin embargo, a partir de los primeros dos días después
del terremoto fue evidente que los servicios del ACUNR serían
necesarios para hacer frente al segundo desastre natural en menos
que un año (en esta ocasión, como cuando ocurrió el
tsunami en Asia, en diciembre de 2004, se ha puesto en marcha una
operación de asistencia a gran escala por parte del ACNUR).
Esta operación ha sido justificada principalmente por dos
razones: en primer lugar, después de 25 años llevando
a cabo operaciones a gran escala en Pakistán orientadas
hacia la protección y atención de millones de refugiados
afganos, con la posterior repatriación, el ACNUR es una
de las agencias que disponen de más capacidad operativa
en el terreno. En segundo lugar, después de décadas
creando y administrando campamentos de refugiados en todo el mundo,
el ACNUR es la agencia que más experiencia tiene dentro
del sistema de las Naciones Unidas en la instalación y mantenimiento
de campamentos y albergues de emergencia.
Centenares de temblores han seguido sacudiendo
la zona afectada por el sismo y se ha vuelto evidente la necesidad
de una gran cantidad
de albergues de emergencia. En este contexto, el ACNUR ha empezado
a jugar un papel más relevante respecto a su desempeño
inicial enfocado en la atención de los refugiados afganos
afectados, para jugar un papel más amplio en la acción
conjunta de ayuda implementada por las Naciones Unidas.
Millones de personas en Cachemira y en la provincia
de la Frontera Noroeste permanecieron sin techo y soportando
el frío durante
varias noches debido a que las operaciones de ayuda sufrían
retrasos ocasionados por la carencia de helicópteros, por
las dificultades climáticas que obligaron a los helicópteros
operantes a permanecer en tierra y por la pesadilla logística
de suministrar grandes cantidades de material en una de las áreas
más altas e inaccesibles del mundo.
El ACNUR ha hecho uso de gran parte de sus reservas
mundiales de tiendas, casi 20.000 tiendas familiares, y las ha
transportado
por vía aérea y terrestre hacia Pakistán,
junto con otros artículos de emergencia, entre los cuales
cientos de miles de frazadas transportadas desde sus bodegas regionales
en Copenhague, Amman, Dubai, Afganistán y en el mismo Pakistán.
A partir del 19 de octubre, los aviones de la OTAN han empezado
a despegar desde base turca de Incirlik, dando inicio a un puente
aéreo masivo en el cual han sido transportadas 10.000 tiendas,
104.000 frazadas y 2.000 cocinas, lo que constituía prácticamente
la totalidad de las reservas del ACNUR en Turquía.
A finales de la segunda semana el ACNUR ha reforzado
la capacidad operativa de su personal en Pakistán enviando
trabajadores humanitarios de emergencia, lo que ha permitido
el despliegue de
cinco equipos de emergencia en la zona afectada por el sismo.
El trabajo del ACNUR y de las otras agencias humanitarias
en el terreno, tanto de las Naciones Unidas como no gubernamentales,
ha sido obstaculizado en esta primera etapa por la lenta respuesta
de donantes públicos y particulares.
El Tsunami (que ha causado un número más alto de
víctimas, pero una menor cantidad de personas que se han
quedado sin techo), los huracanes y otros desastres naturales ocurridos
en 2005 parecen haber afectado también la capacidad de una
pronta respuesta a las desgracias que azotan a este remoto rincón
de Asia meridional. La respuesta internacional ha sido lenta aunque
el terremoto y sus consecuencias han afectado a millones de personas
y ha sido evidente que una reacción adecuada a la dimensión
de la catástrofe no estaba al alcance de las capacidades
del ejército pakistaní, ni de la labor conjunta de
las agencias de ayuda internacional.
A medida que pasan los días se han multiplicado los llamados
urgentes a los donantes por parte de altos funcionarios de las
Naciones Unidas y de organizaciones no gubernamentales, en particular
de parte de las agencias médicas que han llamado la atención
sobre el aumento de casos de pequeñas heridas infectadas,
amputaciones e incluso muertes que pudieron ser evitadas.
Otras amenazas potenciales son la carencia de material
para la construcción de albergues y la escasez de medios de transporte
para su distribución, especialmente helicópteros,
dado que las temperaturas han disminuido drásticamente a
0° C en la noche, con el espectro del invierno himalayo que
se está acercando. El mensaje es urgente: una respuesta
lenta en términos de donaciones y apoyo logístico
ya está causando víctimas, si la apatía de
los donantes continúa podría costar muchas más
vidas.
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