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Los desplazados internos colombianos, como este niño, viven en casas de madera y desechos que nos les ofrecen ninguna seguridad ni condiciones sanitarias aceptables. © ACNUR/X.Creach
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Miles de niños desplazados sobreviven en barrios marginales a las afueras de las grandes ciudades colombianas
LAS DELICIAS, Colombia, 25 de octubre (ACNUR) – Sólo a unos minutos del centro de la ciudad de Cúcuta, con sus tiendas de moda y sus casas de estilo colonial, la primera visión de las Delicias parece surgida del Infierno de Dante. Columnas de humo, que ascienden desde el extenso basurero al borde de la ciudad, oscurecen la visión de las laderas en las que se apiñan las chabolas de madera y uralita construidas sobre los desechos urbanos.
Hasta hace solo cinco años, esta tierra era un erial. Hoy, Las Delicias es el hogar de mas de 3.000 personas– más de 570 familias en el último recuento, la gran mayoría de ellas se asentaron en este lugar tras huir de la violencia en otras regiones de Colombia. Y el número de familias sigue aumentando.
"Mucha gente llegó el año pasado" dice Rosa Martínez, cuya familia fue una de las primeras en asentarse en Las Delicias, hace cuatro años. "Hacemos lo que podemos para ayudar pero hay muchos problemas. Vivimos sobre un basurero, por lo que muchos de nuestros niños se han enfermado. No podemos hacer nada para evitarlo”.
No hay atención médica en Las Delicias, ni escuelas para los niños. Ni hay agua corriente ni alcantarillado. Siendo una de las más veteranas en el lugar, Rosa Martínez está haciendo todo lo posible para organizar a su comunidad con el fin de conseguir ayuda de las autoridades locales, una iniciativa que cuenta con el apoyo total del ACNUR. "Es un trabajo muy lento", reconoce, "pero en los últimos meses hemos empezado a ver algunos resultados."
Parte del problema es que oficialmente, este barrio no existe. Las Delicias es lo que se conoce en Colombia como una “invasión”, una concentración de chabolas construidas ilegalmente en tierras que casi nunca son aptas para el asentamiento humano.
Hay “barrios” como Las Delicias alrededor de casi todas las grandes ciudades del país. Las autoridades locales pueden tardar muchos años en reconocer la existencia de estos barrios y de instalar en ellos servicios básicos; a pesar de ello, muchos desplazados simplemente no tienen otro lugar donde ir.
El desplazamiento urbano es uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta el actual gobierno colombiano en su tarea de asistir a los tres millones de desplazados internos por el conflicto armado en el país. Los enfrentamientos armados son más intensos en las remotas zonas rurales del país, por lo que muchos desplazados dejan atrás la inseguridad del campo y buscan protección en las grandes ciudades. Allí tienen pocas habilidades que les permitan prosperar en un entorno urbano completamente diferente al que están acostumbrados, y a menudo acaban viviendo en los barrios marginales como Las Delicias, donde son extremadamente vulnerables a nuevas formas de violencia.
"Los desplazados internos que llegan a las grandes ciudades corren un alto riesgo de convertirse en víctimas de bandas criminales" explica Roberto Meier, Representante del ACNUR en Colombia. "Sufren extorsiones y sus hijos e hijas se ven empujados a la prostitución o a entrar en las bandas organizadas. Aún peor, pueden ser perseguidos por los mismos grupos irregulares que les amenazaban en su antiguo hogar. El resultado de esto es que muchas personas se ven obligadas a huir de nuevo, desplazándose a veces dentro de la misma ciudad.”
Y cuando esto ocurre, su situación va de mal en peor, como en el caso de Mauricio.* Hasta este año, Mauricio se las había arreglado para permanecer en la finca familiar, en su Catatumbo natal, una de las regiones más turbulentas de Colombia, pero nuevos enfrentamientos en torno a su pueblo le obligaron a huir de allí.
Llegó en marzo a uno de los suburbios de Cúcuta, donde sólo unos meses más tarde fue salvajemente golpeado por una banda de jóvenes armados que patrullaban el distrito.
Mauricio huyó de nuevo, esta vez a Las Delicias, donde con ayuda de sus vecinos acaba de terminar una chabola de uralita y lona plástica al pie de la colina. Parece seguir conmocionado; la esperanza de encontrar un lugar seguro le parece aún más incierta tras su segundo desplazamiento.
"Dejar la finca fue la decisión más dura de mi vida”, relata, “pero cuando llegué a Cúcuta pensé que al menos podría vivir en paz. Ahora cada día pienso que quizá tenga que marcharme de nuevo, si me ha pasado dos veces, ¿quién o qué puede impedir que ocurra otra vez?"
La Corte Constitucional de Colombia dictaminó este verano que casos como este de desplazamiento interurbano deberían ser reconocidos y atendidos. Por ahora, sin embargo, no existe un mecanismo claro para ayudar a personas como Mauricio. Se registró como desplazado con las autoridades locales al poco tiempo de llegar a Cúcuta, pero su caso aún no ha sido atendido. No recibirá ninguna asistencia para volver a empezar tras su segundo desplazamiento.
Por Marie-Hélène Verney
En Cúcuta, Colombia
* El verdadero nombre ha sido cambiado para proteger su identidad.
Fecha: 26 Octubre 2006
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