LA SITUACIÓN DE LOS REFUGIADOS
EN EL MUNDO 2000
Cincuenta años de acción humanitaria

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C O N S E C U E N C I A S |

El fracaso de la repatriación

La repatriación a Ruanda desde el Zaire comenzó con rapidez, y entre julio de 1994 y enero de 1995 regresaron más de 200.000 refugiados de la zona de Goma.13 Un número inferior, aunque importante, regresó desde Kivu Meridional, Tanzania y Burundi. El deterioro de las condiciones de seguridad en los campamentos contribuyó sin duda al deseo de retornar de los refugiados. Pero la situación también se deterioraba en Ruanda, y a principios de 1995, el movimiento de repatriación «se paralizó».14 Una investigación encargada por el ACNUR para comprobar la viabilidad de la repatriación ya había advertido, a mediados de 1994, de que en Ruanda, elementos del FPR cometían homicidios y otras violaciones de derechos humanos. Tras informar al gobierno ruandés de sus conclusiones, el ACNUR dejó de facilitar el programa de repatriación. La matanza perpetrada en abril de 1995 en el campamento de Kibeho, en el suroeste de Ruanda, reforzó la oposición de quienes no apoyaban la repatriación. Tras este incidente, la repatriación quedó totalmente paralizada.

Ese mismo año de 1995, cuando la situación en Ruanda se hizo más estable, el ACNUR reanudó la operación de repatriación, aunque la actitud de todas las partes respecto del regreso de los refugiados era ambigua. Esto quedó claramente demostrado cuando el gobierno zaireño trató de provocar un movimiento de retorno con la clausura de un campamento en agosto de 1995. En este caso, alrededor de 15.000 refugiados fueron obligados a introducirse en camiones alquilados y devueltos por la fuerza a Ruanda. La presión internacional hizo que las autoridades del Zaire pusieran fin rápidamente a la operación.

El ACNUR intentó por diversos medios debilitar el control de los líderes refugiados. Se organizaron campañas de información y visitas familiares a Ruanda. Se mantuvieron negociaciones con las autoridades de este país para abrir pasos fronterizos adicionales, a fin de facilitar la circulación de los refugiados procedentes de los campamentos. El Contingente Zaireño cerró temporalmente los comercios de los campamentos para tratar de debilitar el poder de los líderes refugiados. Se organizaron caravanas de refugiados todos los días para recoger y escoltar a los refugiados que querían regresar. Pero todas estas iniciativas fueron ineficaces debido a la combinación de la oposición de las autoridades del Zaire y de Ruanda y de la falta de apoyo de la comunidad internacional, especialmente de los gobiernos de los principales países donantes y países situados en primera línea.

Dentro del ACNUR y de la comunidad humanitaria en general, la incertidumbre sobre la cuestión de la repatriación era considerable. Resultaba difícil poner en práctica el principio tradicional de que todos los refugiados debían tener la oportunidad de regresar voluntariamente, basándose en decisiones individuales informadas. La realidad era que la mayoría de los refugiados se había exiliado bajo la coacción de sus líderes y que muchos de ellos eran más rehenes que refugiados. Éste era un tipo de desplazamiento humano diferente, en el que el concepto de retorno voluntario, y el propio significado de la palabra «refugiado» se habían tergiversado para adaptarse a unas realidades nuevas y complejas que no se podían abordar fácilmente con los enfoques tradicionales.15

La huida de los campamentos de refugiados Versión pdf imprimible

Kivu Septentrional y Kivu Meridional, las dos provincias orientales del Zaire donde habían encontrado cobijo los refugiados, habían sido durante mucho tiempo semilleros de la oposición al régimen del presidente Mobutu, que ahora intentaba aprovechar las rivalidades étnicas para su beneficio. Las dos provincias de Kivu tenían una gran población de etnia banyarwanda (tanto tutsi como hutu), que Mobutu había utilizado en ocasiones anteriores contra otros grupos indígenas.16 La tensión étnica resultante fue exacerbada cuando el parlamento zaireño aprobó, en 1981, una nueva ley que provocó la pérdida de la ciudadanía de jure de miles de banyarwandas. Ya en 1993, antes del genocidio en Ruanda, hubo combates entre banyarwandas y otros grupos, cuando las autoridades intentaron organizar un censo de «extranjeros». La entrada de refugiados ruandeses durante el verano de 1994 tuvo un efecto desastroso sobre el frágil equilibrio en las dos provincias, ya que el brazo político de los refugiados hutus llevó consigo sus violentos prejuicios étnicos.

A principios de 1995, la violencia en las dos provincias de Kivu se había reavivado, especialmente en Kivu Septentrional, donde estaban los campamentos de Goma. En esta ocasión, no afectó solamente a la población local. El general Augustin Bizimungu, jefe del Estado Mayor de las antiguas FAR, intentó lograr el control de un territorio en las provincias de Kivu desde el cual actuar contra Ruanda y contra las comunidades tutsis zaireñas de dichas provincias, y reclutó a miembros de las Fuerzas Armadas Zaireñas (Forces armées zaïroises, FAZ), que sin salario y con un mando débil, se convirtieron en poco más que en un grupo de mercenarios. Estalló un conflicto que enfrentó por un lado a las antiguas FAR, sus aliados de las FAZ y algunas milicias locales antigubernamentales conocidas como Mayi Mayi, y por otro lado a la población tutsi zaireña. Ésta era más débil desde el punto de vista militar, y muchos tutsis perdieron la vida o se vieron obligados a huir.

Entre noviembre de 1995 y febrero de 1996, huyeron a Ruanda cerca de 37.000 tutsis, de los que la mitad eran tutsis zaireños que huían del conflicto en la zona de Masisi, de Kivu Septentrional, y la otra mitad eran refugiados del exilio de 1959. El gobierno de Ruanda pidió inmediatamente al ACNUR que estableciera campamentos de refugiados en la parte ruandesa de la frontera. Era una situación paradójica, ya que muchos de los «refugiados» que llegaban a Ruanda procedían originalmente de este país. Tras haber deseado lograr la repatriación a Ruanda en lugar crear campos adicionales en la parte ruandesa de la frontera, el ACNUR abrió, con muchas reticencias, dos campamentos en Ruanda.17 Para empeorar las cosas, estos campamentos de refugiados tutsis estaban a sólo unos kilómetros de la frontera y cerca de los campamentos de Goma.

La Alta Comisionada Ogata pidió de nuevo asistencia internacional para mejorar la seguridad. «La reciente entrada [de refugiados] en Ruanda desde Masisi comprende ya 9.000 personas», escribió en mayo de 1996 al Secretario General de la ONU Boutros-Ghali. «La comunidad internacional debe estudiar medidas urgentes para impedir un nuevo deterioro de la situación de la seguridad [...] Hay que renovar los esfuerzos para alejar los campamentos de la frontera».18 Incluso el gobierno del Zaire comenzó a considerar que la intervención en la política étnica de Kivu había creado una situación que estaba escapando a su control, pero era demasiado tarde. La crisis estaba a punto de engullir a toda la subregión.

Temas de interés: Guerra y desplazamiento en el África Occidental

 

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